viernes, 27 de octubre de 2017

El Silencio

Tengo una relación extraña contigo; tal vez sea porque siempre me ha costado relacionarme con esa parte de mí que creo que jamás he llegado a conocer del todo... Y así naciste tú, que te vuelves ensordecedor cuando hay algo en mí que grita, porque no sabe convertirse en voz, en sonido; en comunicación. Me das miedo, tanto que te esquivo entre conversaciones que intentan llegar a algún puerto, donde no existas, donde, por fin, ya no me sienta desterrada y mi identidad adquiera forma. Conversaciones donde permanezco oculta, bajo tu mirada inquisidora amenazando con ser mi única compañía en un futuro próximo. Para mí eres un domingo por al tarde. Un sábado a mediodía. Yo, con las paredes amenazando con caérseme encima. Teniendo tanto que hacer, teniendo mi jardín sin cuidar, mi alma sin florecer, y buscando, antes que nada, que tú desaparezcas, para poder ocuparme  después de mí. Buscando llenar ese vacío que me pesa en el cuerpo, esa densidad, esa quietud donde mi vida entera se muestra ante mis ojos. Mi vida, la que no me gusta, en la que me juzgo y me juzgo y todo se vuelve catastrófico. Donde no puedo concentrarme ni leyendo, ni escribiendo. Contigo no me sereno. Me das demasiado vértigo, cuando estás, tan puro y auténtico, la vida me da un vuelco.

Y, sin embargo, también me envuelves cuando necesito paz. Me envuelves cuando me adentro en el mundo de los sueños; cuando vuelvo al infinito espacio entre mi infancia y el otro lado del universo, donde reaparecen los cuentos que leía de niña en forma de arrullo y poema.

Me envuelves cuando en mi mente no hay nada, cuando cierro los ojos y el mundo muere. Me envuelves cuando me siento sola y me envuelves cuando me siento plena y feliz. Me envuelves cuando miro a los ojos de mi padre. Cuando miro a mis amigos y se me encoge el estómago, sin decirlo, pensando en cuán importantes son para mí, en la melancolía de no poder inmortalizar ese momento en el que estamos juntos y somos felices. Me envuelves cuando siento a mi abuela conmigo, cerca de mí. Me envuelves cuando voy conduciendo, y desde ahí puedo ver nichos que se van llenando. Flores que antes no estaban y huecos que se van llenando. Me envuelves mientras escucho música, mientras leo los libros que me gustan, cuando veo buenas películas bajo una manta. Me en vuelves cuando me das tregua.  Me envuelves en primavera, contemplando el mar y recordando al mismo tiempo, inevitablemente, los versos de Machado cuando perdió a su esposa: "Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería. Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar. Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía. Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar".

Odio cuando apareces sin ser llamado. odio cuando temo que vengas, odio temer que vengas y no saber adaptarme a ti. Odio que seas un abismo que me separa de mí misma. Odio cuando los demás te imponen entre ellos y yo. Como un huracán que cuando ya ha arrasado con todo deja a su paso la paz del cansancio. La tregua que no es tal. El tiempo que ha de pasar para conseguir adaptarse a una nueva situación, tras la borrasca.

Me encanta que me acompañes mientras leo, que me inunde esa paz que tú tanto conoces, que vengáis los dos juntos, la paz y tú, a hacerme compañía. Porque entonces me siento a salvo contigo, y te vuelves la mano amiga. Me encanta que te tornes viento que acaricia mi rostro mientras el sol me calienta; que te tornes ladera de montaña en la que sobrevuelan alimoches y quebrantahuesos junto a un lago calmo, con una barca solitaria. Acordarme de Casona y su barca sin pescador y del abismo que creaste entre el corazón de Antonio Machado y el mar. La jaula que tuvo que hacerse pájaro, sin saber qué haría con el miedo, de Pizarnik. De Ernesto Sábato y sus demonios ciegos.

Y son dos silencios tan distintos, porque uno me encoge la garganta y me aprieta la cintura. El otro ensancha mi alma y desata mi risa y mi nudo en el estómago, y las lágrimas se vuelven de alegría.


martes, 24 de octubre de 2017

monólogo con narrador

Se abre el telón. Luz de penumbra, casi imperceptible.
Una voz en off lee una carta que la chica que está en escena ha escrito. Es una carta de amor.  Cuando la carta se termina, la luz se vuelve menos tenue y se la ve más.
Ella está asomada a la ventana de su habitación, fumando un cigarro.  Después se da la vuelta y suelta una bocanada mirando al público. Coge una copa de vino de la mesita y le da un sorbo. Es de noche, más bien de madrugada.
Ella no puede dormir, ha intentado leer pero no puede; ha intentado escribir pero no puede; y fuma, y bebe, y contempla el cielo que esa noche muestra una luna confusa entre las nubes.
De repente, sonríe. Primero tímidamente, después esa sonrisa se convierte en una sonora carcajada y vuelve a dar otro sorbo al vino. Porque hay algo de lo que se ha acordado, y coge un papel que hay encima de la mesita.
- Pero, ¿cómo pude escribir esta parte? Qué vergüenza... me da miedo decepcionarme. Me da miedo volver a equivocarme. Me da miedo que me decepciones. No quiero sembrar en ti la muerte y el gemido. No quiero volverme dependiente de ti para que luego me abandones. Que me abandones como Horacio a la Maga, como la Maga a Rocamadour, como Pizarnik a Cortázar.
Ahora, mira al público. Y habla. "Es taba tan feliz cuando escribí esa carta. Parece como si hubiesen pasado meses, y apenas ha pasado una semana. ¿Cómo es posible? Yo venía de celebrar mi cumpleaños, sin ti. había salido de trabajar tarde, y pasé el resto del día de farra. Pero volví pronto a casa, no quise que la noche me sorprendiera de repente, porque quería reunirme en una carta contigo. Yo te estaba conociendo, como ahora. Pero el momento era reciente, muy reciente. Y me obligué a escribir sobre ti. Porque tú me alentaste a volver a escribir, me dijiste que no debería dejar de hacerlo; que realmente lo hago bien y llevaba demasiado tiempo sin hacerlo. Me encantaba que comparases mis poemas con acordes y bulerías. me encantaba que el lenguaje dela literatura desde tus ojos se tornase lenguaje musical. Y escribí por ti. Para ti. Y porque contigo no tengo reservas, y casi se puede decir que no tengo miedo. No el miedo al que estoy acostumbrada. Es un miedo diferente. Con los otros sé que tarde o temprano me llevaré una decepción. Contigo en cambio la atención la pongo en mí. En si mi mirada es tan limpia como la tuya. Para cerciorarme de que mis dedos serían capaces de acariciar cada milímetro, sin acabar arañándote; cansada como estoy del juego de intercalar la víctima con el verdugo.
Sabía que acabaría mandándote esta carta, porque soy impulsiva y al final me puede el deseo de comunicación por encima de todo. Pero también sabía que me iba a costar mucho, porque desnudar mi alma, aunque sea ante ti, aunque sepa que contigo no he de sentir vergüenza, implica un riesgo. y no me importaba que leyeras el principio, porque es literario y me gustaba la idea de compartir contigo mi amor por Rayuela. Pero luego la cosa se iba a complicar. Ibas a ver una parte de mí que no conoces, los miedos que sí me invaden y tienen que ver más conmigo que contigo, y son tan reales. imagino tu cara al leerla. Asustado. Bloqueado. Y admirado a la vez. Cualquiera en tu situación se asustaría. pero yo sabía que tú estarías a la altura. Lo que me daba miedo es no estarlo yo. Y creo que no me equivoqué.
Cuando recibí tu respuesta estaba impaciente; no podía esperar más. Al principio tuve miedo, por un instante, por si me había equivocado contigo y resultaba que sí que te habías asustado. Y al principio, cuando me llegó, me puse muy nerviosa. leyéndola, se me caía de las manos y perdía el hilo. Se me mezclaban las hojas y ya no sabía por dónde me había quedado. La leía a trompicones de los nervios que sentía y no entendía nada. Hasta que me relajé y pude serenarme y seguir el hilo. Lo que me costó...
No sólo estuviste a la altura

jueves, 19 de octubre de 2017

todo

martes, 10 de octubre de 2017

todo



La Hormiga

Aun cuando todas las miradas del mundo… Pudieran escrutarme.
Tendría que encontrar la forma de decirte que lo sé. Entonces tendría que poder hacerlo, tendría que materializar lo informe.
Aristóteles debió hablar sólo de la potencia, de la semilla, del posible árbol de mil hojas y tres mil millones de frutos. Con toda la belleza, con toda la sabiduría, con la verdad intrínseca que se oculta porque no necesita mostrarse, gusta de ocultarse, y no se le pregunta.
Cómo describir lo que no tiene identidad ni nombre.
Lo que solo puede contemplar, admirar, sentir, simplemente sentir, tan dentro que no puedo, que no sé, y ahora profesora, y tal vez, lo siguiente, quién sabe. La buscadora de Ulises, perseguidora de Ítacas aún por inventar. ¿Toda una vida para encontrarme?
Imaginar una hormiga que preguntara por qué ser obrera, por qué reina, por qué guerrera, si acaso no podría recorrer todos los hormigueros, todos los árboles, de todo el universo.
A veces siento tanta nostalgia, me siento tan cerca y tan lejos de todo el mundo, tan lejos de mí, como si no me dejara acercarme.


Fuentes:  Aristóteles, Heráclito, Ángeles Costa, mi profesora de filosofía, Homero, y mi propia búsqueda.
Verano de 2011.

La Caminante y su Sombra

Desde que dejé de correr por las calles, de inventar mundos mejores, de imaginarte cuando aún no existías…
Desde que dejé las ganas que tenía de poder hacerme muy pequeña, casi invisible, y esconderme por las grietas de las paredes, para no tener que ir al colegio…
Desde que dejó de gustarme mirarme al espejo y en los ojos ajenos,
Desde que dejé de creerme que los míos reflejan mi alma, y que a través de ellos se puede ver todo lo que quisiera decir, pero no sé hacerlo.
Desde que dejé de encontrar el sentido en los libros antiguos, en el aire que me envuelve, en las canciones que me conmueven, en los cuadros que me inspiran y me transportan, en las palabras de un desconocido, en las miradas aún sin descifrar, en los enigmas sin resolver, en mi pobre Heráclito, que se atrevió a admitir que nunca conseguiremos salir del círculo: que la vida es aporía, aforismo. Y nadie le hizo caso, y encima le llamaron “el Oscuro”.
Desde que encontré la plenitud en todo eso, en eso que no te puedo explicar, porque me llega tanto por dentro, y nunca lo podrás entender, porque tendría que salir de mí para contártelo. La felicidad cuando caigo, cuando vuelvo a hacer como-si fuera niña otra vez, ganándome la confianza de los locos, subiéndome a las moreras, y observando la magia de todo lo que se ha movido siempre…
Pero nada ha sido nunca como yo hubiese querido. Jamás viví las historias que leía, que sentía, que escuchaba. Y ya no me hago pequeña e invisible, sino que todo se vuelve pequeño a mi alrededor. Mi ciudad no me cobija. Las grietas se han cerrado, no me dejan entrar, y ya no tengo sueños en los que el aire no me deja avanzar, o donde hay casas en medio de la carretera, que me transportan al infinito, y cuando despierto no lo puedo ni nombrar.
El mundo no me acompaña. Y no sé si fui yo quien abandonó todo eso, o si todo eso, un día, me abandonó a mí.
Observo mi mundo: hostil, sucio, oscuro, cerrado, vacío, incierto, decepcionante, desconfiado, insatisfecho, solitario: la caminante acompañada de su sombra.


Fuentes: Friedrich Nietzsche: El caminante y su sombra, mi imaginación y recuerdos de la infancia, los sueños que tenía de pequeña, en un baño de pesimismo

Siempre perdidos, buscamos el fin

Pasado, presente, futuro.
 “Quién nos iba a decir. Cómo adivinar…”
Cómo escapar de esta marea humana que nos consume, que necesitamos tanto como nos aflige. Salimos a
la calle con nuestros temores hechos costra, tan vulnerables a lo que nos
 rodea, tan ignorantes sobre los escudos de los demás, y buscamos nuestro propio cobijo, dando por hecho lo que todos sienten, y opinando sobre lo que deberían sentir. Sin acertar al creernos poderosos, ni tampoco al sentirnos débiles.
Probando, como los científicos, induciendo verdades del pasado, intentando
 acertar, definiendo tácticas, disimulando el dolor y la decepción que nos acompaña.
Engañando a los demás, y a nosotros mismos, o siendo engañados por otros. La tragedia del tiempo. Del
azar. De probar a jugar, y de jugar a probar. Víctimas de víctimas, verdugos de
 verdugos.
¿Que "el tiempo pone a cada uno en su sitio"? ¿Que “esa persona no te merecía”? ¿Que "has tenido mala suerte", o "no te han sabido valorar"? 
Frases superpuestas, que pierden su valor en el devenir, en el río que hoy es y mañana no será.
De qué vale sentir, apostar, perder, temer, amar, odiar.
Todo fluye, nada es. No hay respuestas en los libros, ni en la ciencia. Permanecemos en la misma caverna, aunque sepamos que estamos en ella, porque no podemos salir. Los que queremos, aunque duela, nos
llenamos las uñas de tierra intentando estar fuera. Y nada cobra sentido después.
Tan sólo nos adaptamos y nos convencemos con esas frases superpuestas.
Algunos juegan a ser dioses imponiendo unas reglas establecidas. No se dan cuenta de lo lejos  que están del limbo, cuando no se paran a pensar, a ver, .que estás en un medio en el que aún no logras desenvolverte, donde no entiendes nada y juegas al ensayo y error, como si aprendieras a vivir. 
Y quien sepa vivir, que me lo diga. 
Fuentes: desengaños y vivencias mal planteadas, creyendo que eso era lo correcto e inteligente.
 

Anacrónica Madame Bovary

Dicen que todo sucede por alguna razón… El problema es saber cuál.
Mientras tanto, yo sigo sorprendiéndome a mí misma, abriendo nuevos horizontes… o eso me gustaría creer. Haciendo cosas impensables hace un tiempo. Abriéndome paso entre la maleza, que antes, simplemente, habría ignorado, porque me asustaba.
Por intentar conocerme, casi caigo al abismo, en un equilibrio inestable donde apenas me reconozco, donde me encuentro extraña (y ya decía Freud: que no somos dueños ni de nuestra propia casa…) pero en el que siento que debo estar, que es necesario para mí.
La curiosidad me puede, en todo lo que me queda por vivir.
No dejo de apostar, de abrir puertas que ni tan siquiera sabía que existían.
Otras veces, en cambio, siento que me protejo demasiado, en un caparazón pre-púber, para no hacerme daño. Pero intento, procuro, no hacerlo. Porque quiero que todo esto sirva de algo. Y no despertar una mañana sintiendo que realmente voy andando a tientas, en sinsentidos y malentendidos de Camus, en oscuros túneles inventados por Ernesto Sábato, pintados por Juan Pablo Castel, y pensados por María Iribarne.
Sigo anclada en ideales anacrónicos, en pensamientos que no me conducen a ninguna parte, pero que son el único recordatorio de lo que un día fui. Pero sé que el hipnotismo es igual a desasosiego, y la esperanza igual a desengaño. (Y un año, igual a trescientos sesenta y cinco días de desengaños...)
Sólo queda, como diría Woody Allen en Desmontando a Harry, -en un lenguaje existencialista postmoderno-,
"Nihilismo
Cinismo
Sarcasmo
Y Orgasmo".

Porque la Emma Bovary de hoy, no se suicidaría con un triste matarratas.

Fuentes: Kierkegaard, Freud, El Túnel de Ernesto Sábato, Madame Bovary de Gustave Flaubert, Desmontando a Harry, y una época de búsqueda y camino a la perdición.

Eros&Tánatos

A veces me gusta que Eros y Tánatos converjan. Que no todo sea luz y buenas palabras (…o apariencias).
No quiero lo que estoy esperando oír. Me gusta ver lo que sale de las entrañas de una persona, porque me parece lo más auténtico. Lo genuino, inefable y crudo.
Pero por eso, también, las mariposas ya no me llaman. Ya no bailan para ti. Ni te hablo de lo que me gusta de la luna, del caos, de los sutiles olores, ni de todo lo que nos queda por hacer.
A ti me une lo que nadie ve. Lo que nadie conoce de nosotros, porque es nuestro.
Pero ahora el encanto no existe. Ni tan siquiera duerme. Queda el Desencanto, y el deseo de la sangre. La vista nublada. Risas compartidas, y engaños fingidos, cómplices. Lo Vulgar.
Cambié el Verso, lo Sublime, por la Prosa vil de la vida (sucia eficacia...).
Porque aposté por el Abismo, ya no tengo Vértigo.
Libre de mostrarme, de la forma en que antes ansiaba.
Y ahora, desde el vacío, te miro. Y ya no duele.
Juntos, esperamos a Godot, entre suspiros.

Y no quiero saber nada de lo que te pasa. De lo que sufres. De lo que recuerdas. De tu vida antes de conocerme. Porque he aprendido las reglas del juego, y este es mi Último Tango en París.
Me has convertido en una autómata. En un Malentendido de Camus. Que no miente. Que no sufre. Pero, sobre todo, que no siente.
Ahora que te has ido, que volé (y volaste) lejos de mi nido, y sabes que no lo necesito, que aprendí a cuidarme mucho, ahora que conoces, que sabes de mi fuerza, no me sueltas.
Pero el autómata no olvida. Ni el existencialismo es un humanismo, ni París era una fiesta. Ni más ni menos de lo que ves (ni tan arrepentida, ni encantada…) y pongo mi alma al revés.
Pero mi esencia es la misma. Ávida de conocimiento y experiencia (sólo así, decía Cicerón, puede ser sabio el filósofo) Contemplando. Escuchando.
Pero desde las gradas, ese es tu legado. Y jugar a jugar. Y mirar sin ver. (Felices los que son felices...)
Porque esta vez, tu tiempo, tu tiempo, es el que se agota para hacer(m)e sentir.
Mientras yo lleno de tardes mi tranquilidad
para adornar mis pensamientos.
Y estoicamente sé
que puedo vivir así.
Sin Ulises en Ítaca
y sin alquimistas.
Sin altruismos enmascarados
ni regalos envenenados
...

Fuentes: Freud, Federico García Lorca, El último de la fila, Kierkegaard, Esperando a Godot, Ernest Hemingwa; Sartre, Uva de la vieja parra de el último de la fila

La ley del Deseo



Ya lo dijo Kundera: Sólo tenemos una vida, ojalá pudiéramos vivir dos veces, o ver, desde una mirilla, qué habría pasado si, en vez de una decisión, hubiésemos optado por otra... El origen de la Tragedia.
...Que la primera vez marca el destino de las personas. O que es señal de lo que son. De lo que quieren. De lo que esperan. De sus desengaños e ingenuidades.
Pensar tanto no debe ser bueno. Pero no conozco otra forma de relacionarme con el mundo. Con la vida. La balsa de la medusa. 


Premisas equivocadas.
Pruebas de casos.
Reducciones al absurdo.
Derivadas perdidas.
Secuentes inconclusos.
Lógica truncada, menor y desafinada..

lunes, 26 de diciembre de 2011

Pensar, Vivir, Soñar, Comprender, Compartir...

...Y seguir.


Pero ya no importa
que las balas me alcancen
ni que yo te lance claveles
que tú nunca vas a oler
y papeles
en los que nunca voy a escribir,
mientras me toquen
los dedos del viento.
Ahora me dedico a escucharle
-a través de tus ojos, tal vez-.
Pero morir llena, no vacía
Y yo voy sumando cadáveres
en esta dramática comedia
que alguna vez espero convertir
en arte y poesía.


Historia de unos Héroes


Érase una vez, hace ya más de seiscientos días, apareció en mi camino un pequeño Cosmonauta. Al principio no le reconocí. Quizá, porque llevaba en el hombro una rata de goma. Llamadme rara, pero no acostumbraba yo a cruzarme a Cosmonautas de triste figura, y menos disfrazados de noche de Halloween.

Además, me asustó un poco, porque nada más verme me señaló con el dedo, y parecía hacer conjuras amenazantes y profecías que, curiosamente, un día se cumplirían.
En aquel entonces yo era un pobre cervatillo disfrazado de princesa, y claro, salí huyendo, como buen Bambi asustado.
Creo que el pequeño Cosmonauta no se percató en ese momento de que yo tenía más de cervatillo que de princesa, y como buen caballero andante, anduvo tras la princesa siempre que tuvo ocasión.
Yo no lo sabía, pero este Cosmonauta no era como los demás. Estaba cargado de historias del pasado, de sueños y de regalos. Pero no nos engañemos, él también era asustadizo; y cuando tenía cerca, muy cerca, como para poder sentirlo, el aliento de la princesa, sin quererlo, él se acobardaba. Y como si de una pesadilla de Galeano se tratase, no podía hablar. Se le acababan las palabras.
La princesa Bambi, al verle así, no lo entendía; y se indignaba: “¡Pero si yo soy una princesa de lo más normal, de lo más cercana! –se decía-. ¿Por qué me tendrá tanto miedo?”. Pronto el Cosmonauta descubriría que eso de indignarse era algo muy común en la princesa cervatilla; que su simpatía posterior por el 15-M, no vino por casualidad.

No obstante, la princesa era más lista de lo que todos creían; y la primera vez que tuvieron una cita, le dejó serenarse, hablándole de música de Alberto Iglesias y de los arrecifes coralinos que se movían bajo del agua al compás. -Ella no sabía en ese momento, que llegaría el  día en que contemplaría esos mismos arrecifes, y escucharía esa misma música en su cabeza, debajo del mar, junto a él-. 
Pero ella sabía desde muy dentro que aquel caballero, bien escondido bajo su armadura, tenía mucho de qué hablar, y mucho que decir, aunque lo hiciera siempre en voz baja y entrecortada.
Con esfuerzo, la princesa Bambi descubrió que aquél chico del espacio había bajado a la tierra para irse a una pequeña ciudad a buscar mundo, a dejar su ciudad natal atrás, a probar suerte; porque era muy valiente, y tenía mucho que mostrar al mundo.
Los más sabios dicen que todos venimos al mundo para dos cosas: para enseñar todo lo que sabemos, y también para aprender. A dar y recibir.
Durante mucho tiempo el pequeño cosmonauta se dedicó a aprender, y también a aportar. Empezó a ilusionarse mucho, porque toda su labor y esfuerzo se veían  compensados con miradas de orgullo y aprobación por parte de todos los que tenía a su alrededor.
El caballero de la triste figura se volvió todo luz, todo talento y,  lo que escribía, cobraba vida propia. Estaba cargado de sueños, de vida y de ilusiones. Y rebosante  de pasión. De mucha pasión.
El caballero era muy tímido. De hecho, una de sus mejores amigas tuvo que gritarle ¡Deja de hablarle a tu hombrooooo! Y eso le hizo reaccionar. Pero no nos engañemos. El caballero sería todo lo tímido que queramos; pero  también sabía cómo apañárselas para no ir a pedir una ensalada al burger king, ya sabéis a lo que me refiero.
Era un romántico sin remedio, porque si no, por que buscar una princesa?. Y no la buscaba solo para una ensalada… ni para un abrazo en un burdel… ni para una única noche.
Rascando rascando, la princesa descubrió que el pequeño Cosmonauta tenía un día mundial de la melancolía, y hasta una oficina en Varsovia; que era trágico y lunar, que era un niño en un cuerpo de hombre. Tenía una revista de cuando era muy joven, llamada Mi Derrota. Irónico título, teniendo en cuenta que para la princesa era el mayor de los héroes que se había encontrado en mucho tiempo.
Ella se prendó de toda esa ilusión que desparramaba el caballero, de todas esas ganas de vivir, de luchar, y de mostrarse al mundo. Tanto que de un beso la despertó de su sueño dogmático, para hacerle ver que ella podía dejar esa cama tan aburrida y salir del castillo, probar suerte y convertirse en la novia de Aladín, corriendo por los zocos para robar unos melones sin que les pillara la guardia. Para ella eso era vivir peligrosamente, ya que nuca había salido de su castillo, y mucho menos de su ciudad.
Estaba acostumbrada a los caballeros que se enamoraban de su belleza, y ya no tenía que esforzarse más, porque los príncipes encontraban en ella todos sus sueños hechos realidad.
Pero este pequeño asteroide la iba a perturbar, hablándole de paraísos perdidos, héroes olvidados y ciudades aún sin explorar. Ella estaba deseando subirse a la alfombra mágica, pero también le daba mucho temor. “¿Y si me caigo? -Se preguntaba-. ¿Y si él, que es un Cosmonauta, y se desenvuelve bien entre las estrellas, me abandona en medio de un cometa? ¿Cómo haría para volver a mi seguro y plácido castillo? Ella ya soñó una vez que iba saltando de planeta en planeta, hasta que llegó al Sol, y se le caía un niño al que llevaba de la mano. Luego volvía al patio del colegio, y un rayo que vino de las alturas la castigó con no volver a soñar con volar. Y empezó a mirar al suelo, a la tierra, sin rechistar. Las cosas que vienen del cielo no se pueden cuestionar, ya se lo habían enseñado desde muy chiquitita.
Ella solo se permitía soñar desde la pantalla de un cine, desde una canción, desde los libros y las historias. Hasta que llegó este amante tropical. ¡Con lo a gusto que estaba la princesa en su castillo de hielo!. Sin canciones de Kiko Veneno y sin saber que con un “Como desees, princesa” de verdad, de verdad de la buena, se podía llegar a las estrellas.
Pero para cuando lo supo, ya era demasiado tarde. El Cosmonauta se había marchado dando un portazo a su paso. Y no era de extrañar. Cualquier pájaro acostumbrado a volar se deprimiría en una jaula durante un tiempo prolongado. Él no sabía que no es que la princesa no quisiera flotar sino que, el abismo, le daba demasiado vértigo. Y para cuando ella se quiso rebelar contra su castigo, ya no quedaban sueños entrelazados, ni danzas compartidas, ni arrecifes al compás.
Así que un día la princesa convirtió en furia todo a su alrededor, la noche se llenó de truenos, relámpagos y centellas, y con los puños apretados, dijo en alto que no. Desafió, como Shakespeare, al destino, al bufón inmundo, que la había llevado a las profundidades del subsuelo, a las alcantarillas… “¡Pero si yo soy un signo de aire! ¡Necesito volar! ” Esa noche llovió a cántaros, nadie pudo dormir a causa del llanto de la princesa, encerrada en su castillo. Sus lágrimas colmaron de nuevas cosechas la tierra. Como diría Sabina, hubo una epidemia de tristeza en la ciudad.
Y entonces ella hizo un pacto con el cielo: aquel rayo la perdonó, a cambio de que pagara un precio que no le quiso desvelar;  ella aceptó sin pensarlo, y quedó liberada. Todo con tal de vivir su vida de verdad, y despojarse de ese miedo a volar, que solo le había traído amargura, soledad y desengaño.



Al pequeño Cosmonauta tampoco le fue mucho mejor; fue dejando sus sueños repartidos por las aceras, se le caducaron los polvos mágicos que Campanilla le había regalado; y fue sumiéndose en una profunda melancolía. El planeta Melancolía es peligroso, siempre amenaza con acercarse demasiado, pero rara vez lo hace de verdad. Muchas veces nos confunde, nos hace ver que va a llegar,  nos va a coger y a arrasar con todo; pero los estudios demuestran que no es así, que nosotros somos más fuertes.
Pero al pequeño Cosmonauta esto no le consolaba. Se sentía frustrado, desconsolado, y profundamente cabreado. No podía ver la luz que había dejado a su paso el planeta, porque ahora siempre miraba al suelo. Pensaba que había dejado de brillar, aunque todos se paraban a mirarle siempre. “¿Qué hace este pequeño ser tan brillante y tan triste? No debería estar  así. A todos nos encantan sus historias, llenas de pasión.” –se decían-.
Se fue haciendo cada día más y más pequeño, para él casi invisible, pero no contaba con que tanto la princesa como sus amigos le veían tal como era en realidad.
El caballero de la triste figura se convirtió en un Atreyu en el pantano de la Tristeza, y creía de verdad que nunca conseguiría atravesarlo del todo. “¡No dejaré que te hundas!” le gritaba la princesa desde el otro lado del mundo. Él no la oía ni sabía lo cerca que estaba de traspasarlo, tan pronto como mirase al horizonte y se desprendiera de ese cieno pegajoso que le invadía. Era normal, el pantano hacía bien su trabajo, haciéndole creer que él no tenía valor, y que nunca había sido realmente un Cosmonauta de verdad.
A él se le olvidó que en ese pantano todo se ve negro y triste, pero que era el camino que irremediablemente tenía que surcar para llegar a su destino: El Espejo.
La princesa, desde su melancolía, sabía que él llegaría a ese Espejo. Le había conocido el tiempo suficiente para probar su esencia, asimilarla, hacerla formar parte de ella; y sentía muy dentro cómo él iba a salir del pantano e iba a encontrar su camino, pero sufría viéndo su desconfianza.
Ese Espejo era una prueba, y sólo tenía que mirarse en él, frente a frente. Mirarse tal y como era, y no como él se veía, cada vez más apagado, encolerizado y pequeño. Pero el pequeño Cosmonauta necesitaba tiempo. No se perdonaba ni perdonaba a la princesa por haber dejado de volar, pero no sabía que esos polvos mágicos podían resucitar, en cuanto resucitase su Fe. Sí, exactamente como Peter Pan. Todo está en Creer. En Confiar en que llegaría a Nunca Jamás, en que él podía volver a volar, y solo tenía que esperar el momento, y saber dónde aterrizar.
No son tiempos para soñadores, dicen por ahí; pero eso nunca le había frenado hasta ahora. Solo necesitaba recuperar su vieja fe, tener paciencia, y el momento llegaría. El Peter Pan adulto era un aguafiestas que siempre le decía que no iba a ser capaz, que ya era demasiado mayor, demasiado alto, demasiado bajo, que las entrevistas nunca iban a llegar. Y el Peter Pan pequeño, escondido y miedoso del mayor, se mantenía calladito en un rincón. Pero estaba pugnando por salir, por gritarle a su Yo mayor que no, que estaba equivocado, que hoy es siempre todavía, y que, además, no era tan mayor (y bien sabe el cielo que eso era verdad).
La princesa sabía que volvería a verle volar, aunque fuese desde abajo,  mirando al cielo y deseándole suerte. Mientras el niño y el hombre Pan discutían, la princesa iba aprendiendo a dar pequeños pasitos, a aguantar el equilibrio, a hacer todas esas cosas que siempre había podido hacer pero que siempre había temido. En su soledad, tuvo mucho tiempo para pensar en sí misma, para saber que ella llevaba dentro la magia, que era capaz de volar, y ahora solo había que aprender poquito a poco, e intentarlo.
Ironías de la vida, el caballero había volado y ahora no recordaba cómo, y actuaba como si nunca lo hubiese hecho; y ella estaba aprendiendo ahora… ¡y él se consideraba demasiado mayor! “si tú te vieras como te veo yo…” -pensaba la princesa.
Ella se dio cuenta de que aquel castigo se lo había impuesto ella sola, y no aquel rayo, en su sueño; y ahora tenía que pagar el precio de ese error. Así, empezó a salir de su castillo, a mirar el mundo y a mirarse a sí misma: ¿Qué quiero yo? Se preguntaba en el  Espejo. Y el Espejo le respondía: “Quieres ser feliz. Quieres creer en ti. Quieres dejar de estar bloqueada por tu falta de confianza. Quieres hacer todo lo que te gusta. Quieres brillar. Quieres ser filósofa, escritora, artista. Quieres viajar. Quieres vivir. Quieres amar. Quieres dar y recibir. Quieres ganar y que todos ganen, y no llevar razón. Quieres ver el Planeta Melancolía sin miedo, porque sabes que pelearás si se acerca demasiado.”
Todo eso se propuso la princesa, y todo eso iba a hacer. Solo a veces, de vez en cuando, se le encogía el corazón pensando en el caballero. Y pensaba y pensaba y sentía y volvía a sentir, y desde su castillo, algunas noches, le mandaba al señor Pan todo el amor, todo el apoyo y toda la confianza que el Pantano de la Tristeza le había arrebatado. Ella sabía que un muro impedía que eso le llegara al caballero, pero no tenía prisa.
Los corazones con alas nunca dejan de latir, solamente cuando abandonan sus alas. Y ella quería verle de nuevo volar, porque así lo había conocido.
Otras noches, se imaginaba a sí misma, en su propia alfombra mágica, encontrándose con él, ya devuelto a las estrellas. Y aunque nunca se puede adivinar el mañana, sí se sabe es que todas las estrellas conspiran y bailan a su alrededor cuando ellos se encuentran cerca y se superponen sus almas.

Certezas que Desayunan Dudas


Quiero vivir una historia nueva, entender todo lo que he aprendido, no enquistarme en una idea, y no llegar a la conclusión de que sólo soy capaz de admirar, de desear, y de adorar aquello que no puedo alcanzar. Dejar el escepticismo a un lado, y no convertir lo real, fructuoso, en algo efímero y vulgar.
Quiero que penetres en mi inconsciente, que dejes de ser vacuo para mí, que me estimules a escribir por ti y para ti, que el hecho de que tú lo hagas no sea un freno, una coartada, para no hacerlo yo. Me gustaría dejar de pedirte, dejar de necesitar sentir esa insalvable soledad, para empezar a sentirte de verdad, el el mudo dolor del vacío.
Que este nudo en mi garganta se transforme en dicha, en mis ojos llameantes buscándote, en mi estómago pugnando por encontrarte. Y construir así mi cuento lleno de ventajas..
Aunque te intuyo como una ola capaz de inundarlo todo, no te temo. Porque te miro y lo sé; sé que lo mismo que me puede, lo mismo que me hace caer en tus brazos, es lo que nos separa. Porque ya no puedo, ya no tengo que luchar por ti.
Y no quiero que mis certezas desayunen dudas todas las mañanas. No quiero mirarte añorando el muñón que me falta, ni sentir la falta de un muñón –que en realidad no existe, ni tengo-.
Quiero que me conquistes cada día, que cada día sea nuevo y me convenzas otra vez.

Árbol de Hoja Caduca


Esta noche tus manos se contonean alrededor de mis entrañas, las acarician, y a veces las desgarran.
Quisiera que fuera dulce, delicado, que adivinase cada movimiento que quisiera compartir, al son que pugna por ser liberado, digno.
Pero sólo siento que las mariposas se marean, chocan entre ellas, y quieren convertirse en capullo pronto. Antes de volver a sentirse gusano, mortal, moribundo insecto. Y todo vuelva a empezar.
Eres como un enigma, como un código, y a la vez, cercano. La hoja de morera, el árbol al que me hubiera subido, donde me habría balanceado, tranquila, segura…
Pero ahora me dueles, y sólo quiero esperar, sabiendo que el otoño llegará, y que tú eres un árbol de hoja caduca.

Y la Luna se Llama...


Érase una vez dos amantes que no podían estar juntos. Cuando alguna vez estaban cerca, sentían tal electricidad que salían disparados al vacío. Los dos se miraban desde lejos, con pena, porque se atraían tanto como se repelían.
Ella le había visto por primera vez en un parque, a plena luz del día.
Mientras él leía sentado en un banco, abstraído, ella paseaba a su perro y observaba los patos del lago y los niños jugando.
Cuando el perro de Luna se acercó a olerle, se puso a ladrar y llorar desconsolado, a ella le extrañó tanto que se acercó a ver lo que le pasaba a su pobre perrito, acostumbrado a ser siempre simpático con los desconocidos.
Pero algo pasó. Él la llevaba mirando ya un rato, mientras hacía como que leía la elegancia del erizo. Ella solo había visto la película y no sabía de la existencia del libro. –una pena- habría pensado él de haberlo sabido.
Mientras disimulaba leer este gran clásico, la veía andar, acercarse, observaba la suavidad de su piel brillante, su pelo liso y negro, y quedó paralizado. Se le vino aquella imagen de la ardilla roja de Julio Medem: “Yo soy su ángel. Sin el amor de Sofía no existo. Mi cabeza se ahueca Mis huesos se doblan Y deja de correr sangre por mis venas. La quiero desde mis entrañas. La necesito igual que a mi vida,  a mi cerebro, a mis ojos. Sin ella se me rompen los huesos, se me derriten los pulmones, y no puedo respirar.”
Y realmente, era así, él no podía respirar y casi se ahoga cuando ella se fue acercando para ver a su perro. Luna se fue alarmando a medida que se acercaba, de verle tan rojo y asustado, pero a partir de ahí todo fue a peor. Él se fue corriendo, (a Carlos no le gustaba perder el control), y ella le siguió, decidida a ayudarle, pero cual fue su sorpresa cuando al hacerlo, sintió una punzada en las puntas de sus dedos, de los pies y de las manos. Y sólo por un segundo, antes de salir disparada, pudo mirarle a los ojos. Y entonces vio el infinito, y el universo, y más allá. Sintió como si toda su vida pasase ante sus ojos. Como si él hubiese rozado su alma con la punta de sus dedos, sólo con mirarla.
No pudo desprenderse por días de esa sensación. Llegaba a casa, al trabajo, y ya nada era igual. Se preguntaba qué había sido aquello, si la naturaleza había tenido algo que ver, si la biología, si la química, si la física cuántica… o vete tú a saber. No podía comer ni dormir, tan intenso había sido el sentimiento, que nada parecido había vivido en su vida.
Hasta que pensó en volver a aquel parque, a encontrarle, para ver si eso se repetía y cuál era el su significado. Las primeras veces no lo encontró. Luna se sintió como Juan Pablo Castel en el Túnel, y como Martín en Sobre héroes y tumbas, siempre persiguiendo a María, o a Alejandra. Sigilosa, atenta e infeliz.
Hasta que el día llegó. Se vieron de lejos. Él también parecía ansioso cuando la vio, y ambos, de nuevo, se acercaron. Los dos se sonreían y avanzaban lentamente, pero fue inútil. Esta vez, Luna sintió mucho más profundamente la huida, que la cercanía. Y se asustó. Los dos, para sorpresa de los transeúntes solitarios, volaron por los aires, una vez más.
Ambos quedaron boquiabiertos y tristes, en el suelo, y se miraron. Él acertó a sacar un papel de su cartera, y escribió algo en él, y se lo lanzó a Luna por los aires, hasta que le llegó.
En él le proponía mandarse aviones de papel, y hablar desde ventanas contiguas, de edificios cercanos.
Encontraron el modo de escribirse cartas desde lejos.
Los lugares ahora le parecían vacíos, siniestros, faltos de sentido. Ella se convirtió en Luna, o la que no podía llorar. Toda su vulnerabilidad e ilusiones se convirtieron en algo escondido, muy pequeñito, en lo más profundo de sus entrañas. Lo único que podían acertar a percibir los demás era un poso de desengaño y de amargura en su mirada. Pocas personas, las que estaban cerca de verdad, se daban cuenta de la fuerza que albergaba su interior, que pugnaba por salir a cada desengaño que ella experimentase. Esas personas le hablaban de su fuerza. De que era capaz de hacer tronar cuando todo estaba mal a su alrededor. Y de hacer salir el sol cuando estaba ilusionada y contenta. Las pocas veces que eso pasaba, causaba la alegría y el amor a su alrededor, de repente todo el mundo que quería parecía llevar carteles donde pusiera que se regalaban abrazos.
Pero Luna no veía nada de esto, y se encogía, cada vez más, en su guarida. No quería ver el sol, no quería que nadie la tocara, que nadie pudiera sospechar de esa vulnerabilidad que la embargaba
No obstante, algunas noches, al dormir, soñaba. Normalmente no tenía sueños dormida, y menos despierta. Pero cuando alguna vez los tenía, encontraba paraísos desiertos donde sobrevolaban alimoches y quebrantahuesos. Donde el sol se escondía sólo cuando ella lo deseaba y donde el arrullo del viento estaba ahí para acariciarla. Un lugar solitario en el que se permitía sacar todo lo que llevaba dentro. Y el viento la mecía para que durmiera, y le decía, a ella y al mundo, estas palabras, en silbidos: “Sus ojos son un mar de gran profundidad, que guardan un secreto aterrador. Su cuerpo es un volcán donde algo ocurrió, y el fuego se apagó en su interior. Déjame quedarme junto a ti. Yo vigilaré mientras te duermes. Yo te ayudaré a vencerlos, déjame quedarme junto a ti, nadie vendrá a robar tus sueños. 
Ella quiere marchar. Irse a otro lugar. Y no volver jamás la vista atrás. No puede entender que ya no puede ser, no queda ningún sitio a donde huir. Una fuerza oscura dentro de tu mente, algo dentro espera para salir. No me tengas miedo. Cruza la barrera. Sabes que yo creo en ti.”
Pero cuando despertaba daba lo mismo, no podía creer que ese, su gran amor, no pudiera estar cerca de ella. Cuando tenía dieciséis años, había escrito para un trabajo de clase que lo que le hacía feliz era Amar. ¿Cómo voy a privarme de esto? Pero, a veces, se ayudaba. Y se decía cuánto amor podía albergar hacia sí misma, hacia su vida, hasta que encontrara la manera de poder estar cerca de su amante.
En esas notas que se mandaban, Luna le decía cuántas ganas tenía de abrazarle, de admirarle, de sentirle. Sus notas siempre estaba mojadas con lágrimas, porque para ella, todo a su alrededor era oscuro. Así que cuando él las leía, no entendía la mitad de las palabras, emborronadas siempre con esas gotas saladas que ella le dejaba de recuerdo. Carlos al principio tampoco sabía encajarlo, tampoco aceptaba que el universo, o lo que fuera, no les dejase estar juntos, y como buen romántico, se acordó de la historia de Abelardo y Eloísa. Los dos amantes que no podían estar juntos. Cada uno, encerrado en sus aposentos, como lobos esteparios, y escribiéndose cartas que nadie podía leer, porque de ser así, recibirían un castigo humano, y otro divino. Y Carlos le hablaba de esta historia contada en algunas películas con marionetas, y, de esa forma, secar sus lágrimas, acariciar sus entrañas, y dar cobijo a su corazón.

lunes, 7 de mayo de 2012

Te veré en mis Sueños

La Vida es Sueño...
Y, los sueños, sueños son.
Era una noche fría, de esas en las que lo único que apetece es quedarse en casa, arropados bajo una manta. Pero yo estaba trazando un camino, un camino forzado pero necesario, que no podía dejar de seguir. Salí de casa y me dirigí a mi zona favorita, donde el tiempo se detiene cuando es de madrugada y las calles están desoladas y vacías. Mi escondite perfecto, sentarme en un muro, frente a la Catedral. No lo había premeditado, pero siempre huyo de quedarme a solas conmigo misma, y mi interior quería enfrentarse a su propio espejo; así que decidí quedarme allí, parada, y mirar esa catedral que un día, en sueños, me había perseguido por toda la ciudad, arrasándolo  todo a su paso, para terminar delante de mí, con una risa tétrica, cayéndoseme encima. Porque desde ese día todo fue a peor. Lo veía todo oscuro, y mi única reacción posible, era la misma que tuve en ese sueño: tumbarme en el suelo a esperar que pasara; aceptar mi destino, mi derrota. Como estar dormida, debajo del mar. Con el susurro del agua y el murmullo de los peces. Con la culpa de mi subjetividad, y con la del universo entero, a mis espaldas.
Cuando quise despertar, me di cuenta de todo lo que había soñado: Soñé con héroes vencidos, con noches antiguas, con música lejana. Soñé con todos los libros que había leído, con todos mis miedos, con todo el viento que no me dejaba avanzar cuando intentaba llegar a mi destino. Soñé con los sucesos que simplemente pasaban a mi alrededor, con mi vida sin mí. Soñé con bohemios, sabios y escritores que, desde el centro de la tierra, mandaban mensajes cifrados que yo no sabía interpretar.
Y entonces, desperté. Pero lo que me encontré al hacerlo fue algo muy raro; me veía como desde una pantalla, sólo que, esta vez, haciendo todas esas cosas que la Catedral y el fondo del mar siempre me habían impedido hacer. Desperté en esa noche oscura y fría, y me vi huyendo de las sombras, pensando en la vida y la muerte. Con una versión de mí que tenía algo que decir.
“Los muertos no necesitan zapatos, supongo. Pero tal vez sí necesiten un hueco donde dormir” decía Bukowski. Los filósofos no buscan ser felices, solo buscan aprender, saber, conocer. “No es sueño la vida… ¡alerta, alerta, alerta!” gritaba García Lorca." ¿Por qué -me preguntaba- los antiguos hablaban de aprender a morir? ¿Qué era eso? Para ellos, todo lo que necesitamos saber, se encuentra dormido en nuestro interior, y solo hemos de atrevernos a conocernos de verdad. Un universo eterno, sin principio ni fin. Una inmutabilidad perfecta, un motor inmóvil.
Bajo estas reflexiones, seguí andando, sola; al ver el caos, el mundo de la locura y la locura del mundo, no supe cómo encajarlo, todo me parecía demasiado complicado para mi pequeño cascarón.
Me sentía responsable de todas las injusticias que ocurrían, pensaba que debía dar respuesta a todas las dudas acerca de las grandes preguntas del hombre, de los grandes enigmas sin resolver. Quería ser una pequeña Amêlie Poulain, y ocuparme de la vida de los demás. Porque ya de niña, me encerraba en pequeños cuartos y buscaba rincones para leer, y para imaginar, y en mi cabeza pasaba toda mi vida, todas las cosas que no pasaban de verdad; todos los compañeros del colegio formaban parte de esos libros que leía, todos tenían identidad dentro de ese universo ficticio que me daba vida, lejos del mundo, y cerca de los sueños.
Veía, dentro de un libro, a esa compañera acomplejada del colegio, que siempre era desagradable, mirándose al espejo y, de repente, descubriendo la belleza que había detrás de su acné juvenil... Y yo me veía en un cuadro de Renoir, observadora eterna de las desgracias y desdichas de los demás. “Y de ella… ¿quién se ocupará?” le preguntaba el hombre de cristal. Y mis amigos de verdad.

Y así habían pasado sus años, viviendo como Schopenhauer: mirando siempre a través de una ventana, observando caer la lluvia. Sin voluntad, o escondida y reprimida. Nietzsche me daba demasiado miedo. Pero había llegado el momento de enfrentarme al Amor Fati... y de hacer de mi vida... una Obra de Arte.

domingo, 2 de septiembre de 2012

El Extraño Tesoro


Érase un niño que tenía un tesoro. Pasara lo que pasara, jamás dejaba que nadie lo viese. Lo ocultaba con su vida, con uñas y dientes, siempre temeroso de que, al sacarlo a la luz, una ráfaga de viento se lo llevara, o se derritiera con los rayos de sol. Además, los demás niños siempre eran crueles, rompían los sueños y juegos de otros, y se los daban de comer a los perros.
Mario era un niño solitario. A veces, imaginaba cómo los naranjos brillaban en medio de una danza de luces al atardecer, con Antonio López aprovechando la ocasión para inmortalizar el momento... y una pareja de enamorados, de esos que sí que existen, aunque a Mario, sus padres separados, le contasen lo contrario.
Mario quería nadar con su tesoro, hablarle debajo del agua, arroparlo por las noches. Pero su madre le decía que eso no podía ser... así que los deseos de Mario se fueron marchitando con los años. Y con ellos, su tesoro. Intentaba alejarse de él. Pero no podía ni sabía poner el mar entre los dos, ni tampoco sabía cómo dar a conocer su tesoro, cómo presentarlo en sociedad, sin lastimarlo. "Demasiada responsabilidad para un niño pequeño" -pensaba él.
Con el tiempo, Mario acudió a psicólogos, hechiceros, visionarios, magos, pero nadie podía ayudarle. Su tesoro seguía ahí, invisible para sus ojos, sin saber para qué servía ni qué hacer con él. Siempre cargado con su lastre, mientras los demás le decían lo afortunado que era por tenerlo. Porque ellos sí podían verlo, aunque no lo viesen. No sabían decir para qué servía, pero todos daban ideas a Mario:
- "Podrías hacerte un vestido de lentejuelas con él". Pero a Mario le horrorizaba la idea. "Sería una granja estupenda" o incluso un "arrecife coralino sin igual".
A veces se convertía en su escondite perfecto. Porque en su tesoro se refugiaba y no tenía que explicar nada, sólo esconder la cabeza y no tener miedo desacar toda la ansiedad acumulada que llevaba dentro; de cómo mostrar el tesoro, dónde, cuándo, y ante quién. Y sobre todo, descrubrir qué era. Y hacerlo bien.
Allí metía su cabecita y se convertía en una pequeña avestruz, para diversión de su tesoro... -¡No te rías! -le gritaba Mario. Pero su tesoro no le hacía caso.
A veces, parecía que Mario estaba loco. Porque hablaba con él por la calle, y nadie sabía con quién. Le veían reír, jugar, gritar... Y, cuando parecía normal, era porque estaba enfadado con su tesoro, y no le hablaba.
A veces, Mario no sabía si llevárselo de paseo o si dejarlo en casa, y al final se cabreaba, se cruzaba de brazos y se quedaba en casa sin salir. El tesoro, de nuevo, se divertía muchísimo. Nunca le decía nada, porque era el niño quien tenía que descubrir cuál era la misión; el tesoro no podía desvelarle su cometido, y además, tampoco habría sabido hacerlo.
Otras veces, Mario lo dejaba solo en casa, y se iba a pasear, a meditar, y volvía lleno de ilusiones pensando que iba a descubrir el método, la fórmula del escondite perfecto, de una vez por todas.
Pero todo era en vano. Mario acababa yéndose de farra, ahogando sus penas en alcohol. Con su tesoro calladito en el bolsillo, que sólo le daba pellizcos, de vez en cuando, cuando se pasaba de ,a raya con las chicas, o cuando les mentía. Pero Mario nunca le hacía caso. Y por las mañanas se miraba al espejo, hecho un despojo, y su tesoro le miraba, sin juzgarle, calladito.
Y como decíamos al principio, los dos cayeron, con los años, en un profundo sueño de un Dios ebrio.
La vida para Mario se había convertido en algo que, simplemente, pasaba a su alrededor. Ya no recordaba las noches en las que acababa sentado a la luz de una farola, como un melancólico chico-ostra. Y es que Carlo había desaprendido a hablar consigo mismo. Y ya nmo recordaba que tenía un tesoro, escondido. Había entrado en un permanente olvido del ser, del que ni Heidegger habría sabido sacarle. Olvidó a los osos, los cuentos polares, las ballenas que aún no había visto, los misterios que ocultaba el fondo del mar. Y se olvidó de que un día había querido borrar las señales del vuelo, para que los pájaros fuesen dueños del cielo.
Tanto había añorado, deseado, ansiado todas esas cosas y su hueco en el mundo, que entró en un profundo sueño por agotamiento, en una inercia de bacanales y noches sinsentido, donde los días eran un letargo que pasaba lento.
Las tardes pasaban, y la útima anunciaba tormenta. Corría una ráfaga de aire solitario, y entonces la vio. Ella se confundía entre los pinos y los abetos. El aire se escurría entre sus dedos y las lágrimas desafiaban la gravedad, bailando con el viento, al son de las sedientas hojas de los árboles.

Fueguitos

Lo primero, fue el silencio. Luego, los disparos, los empujones, las lágrimas, y los guantazos. Por último, el desconsuelo. 
No sabía de dónde venían, ni cómo podía luchar contra ellos, o evitarlos.
Era como si perteneciese a una especie desconocida, que, por algún milagro, había logrado sobrevivir. Y como tal, las demás especies, fuertes y enraizadas, aprovechaban la coyuntura para demostrar su superioridad, intentando acabar con él. Pero, por alguna razón que sólo la mente humana podría explicar, o al menos entender, había algunas especies que no sólo lo toleraban, sino que, y sin motivo justificable, lo cuidaban. Y cuando aquél fueguito preguntaba ¿Por qué? esas especies raras le decían: "Tú no te puedes ver. Ellos sí. Por eso intentan destruirte. Ven lo peor de ellos, reflejado en tus ojos. No lo pueden soportar. Y yo te veo a ti, escondido bajo millones de capas, de llamas, y todas las máscaras."

 Luego, empezaron los abrazos. 

Fuentes: Galeano, Ibiza, el miedo, y mi lugar en el mundo.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Fantasmas

Otra madrugada, 3:47, y todos los miedos que me echaban de menos, esta noche han decidido venir  a hacerme compañía. Y repartirse por mi cuerpo.
Algunos han invadido mi corazón, y éste, incómodo y molesto, late cada vez más fuerte. Otros me están dejando la boca seca, hecha un trapo. Y el resto, los más antiguos y familiares, han ido directos al estómago, que me habla, siempre, como un pájaro de mal agüero.
Y mi cerebro no entiende, se resiste, porque él mantiene la imagen de cuando era pequeñito, lúcido y sano. Le pregunta a mi cuerpo cómo ha podido pasar esto, cuándo se fue por su lado,  cómo dejé de ser cuerda, y de tocar el suelo. Y eso, -se dice-, que siempre nos gustó volar. A él, y a mí.
Porque ahora mis entrañas viajan -sin boleto- a lugares que mi mente no ha elegido, a regiones que me torturan, donde sólo hay lugar para la ansiedad, el pánico, y el Corazón Delator. Donde ni siquiera nos queda el consuelo de la cercanía, de los sueños, donde antes podía sentirme cómoda, segura.
Y avanzo por laberintos de desconfianza, donde jamás había estado, y donde no quiero estar.
(Y no te quiero, y no me quiero estafar).
Cuando tus fantasmas se acercaron, no me importó recibirlos. Les preparé una taza de café, abrí mis brazos. Es cierto que al principio me asusté un poco, pues no acostumbro a familiarizarme con fantasmas ajenos, y menos, con tantas ganas. Pero esta vez era distinto. Todo era diferente. Por ser los tuyos. Despertaron en mí una curiosidad inusitada.De una manera que aún no alcanzo a entender, conseguí comunicarme con ellos, e incluso, a veces, convencerlos para que te dejasen tranquilo. Me explicaban todo el tiempo las dificultades, la lucha diaria, con fórmulas indescifrables, que yo, con una ligera caricia, desde la yema de los dedos, conseguía calmar, e incluso, a veces, disipar.
Ellos, no obstante, insistían en quedarse, y cuanto más se empeñaban, con más fuerza me sentía yo para hacerles frente, y defenderte.
Me quedé con ellos tanto tiempo, que decidí presentarles a los míos, en vez de salir corriendo. Quería acariciar cada milímetro, redimir con ese acto todos los tropiezos pasados, enfocando en esta meta todo el tiempo perdido, todo el sinsentido que nos había acompañado, todo el amor perdido en las aceras de mi pensamiento.
Y eso consiguió hacerme sentir viva, a mí y a mis fantasmas... Aunque, ellos, se llaman así por algo: Como siempre, dejé mi parte racional a un lado, prestando atención sólo a mis necesidades límbicas, y a las de tus fantasmas. Yendo directa a lo que duele. A la carne viva.
Y no sé si voy a poder lidiar con ellos. Con todos, y conmigo. No sé si lo que llevo dentro será suficiente para, si no vencerlos, al menos, conseguir que se hagan amigos.
No quiero que me destrocen. No quiero que los míos siembren la muerte y el gemido, y te destrocen a ti.
La parte viva de mi cerebro, la que aún perdura, está andando en direcciones inexploradas, pero quiere mantener el lado cuerdo, el del Cronopio pequeñito, y hacer de los fantasmas unas sábanas blancas con las que arroparnos, y comernos... el corazón delator, el estómago de mal agüero y la lengua de trapo. Para que la mente viaje, al fin, y nos deje tranquilos.

Fuentes: El corazón delator de Allan-Poe,  Galeano, Ahora yo de Mario Alonso Puig, Historia de Cronopios y Famas, de Cortázar, y el cañón llamado Rosita Wicke, que siembra la muerte y el gemido.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

-¿Por qué está tan Oscuro? -Al principio siempre está Oscuro...


Como queriendo ordenar mis pensamientos... Una vez que han pasado años. Que llevo mucho tiempo diciendo lo mismo, y se supone que soy más fuerte. Pero lo cierto es que aún despierto por las noches sin aliento, sin entender qué es lo Importante.
Ni si es bueno o normal que la fatalidad del presente en un mundo gobernado de forma que no he elegido sea estrictamente la causa de que yo haya perdido el norte. Y no saber, por ello, en qué debo centrarme. Pensar, pensar y pensar, sin dejar hueco a sentir de forma genuina.
Y, así, dejarme llevar por la corriente de la inercia. Siendo incapaz de saber lo que realmente quiero. Porque son demasiadas cosas con las que tengo que lidiar. Pero la culpa y la falta de lógica en un mundo desquiciado perturban mi sentido común, a mi Yo esencial.
Y así no puedo centrarme, sin que pasen los días sin saber exactamente cómo, en una espiral de lo que ayer no hice, y dejé para un mañana que nunca llega. En el que todos los días son arrepentimientos y futuras promesas, porque nunca sé cómo, ni por dónde, empezar.
Ojalá supiera cómo hacer un reset en mi cabeza para poder ponerlo todo en orden de nuevo. Lo vuelvo a dejar todo desordenado, esperando, esperanzada, que llegue un nuevo día que me de la luz, la lucidez suficiente para, en un instante, saber lo que tengo que hacer. A qué he venido a este mundo, y tener el valor para hacerlo.
Mientras el tiempo se me escurre entre los dedos y yo sólo busco una anestesia diaria. Lo difícil que puede llegar a ser, simplemente, cambiar un hábito, una rutina, una pauta. Y yo, que siempre me he burlado de las personas que no sabían hacerlo.
Y querría saber cuál es la mejor pauta, la mejor rutina, para mí.

- ¿Por qué está tan oscuro?
- Al principio, siempre está oscuro...
Fuentes: Jean-Paul Sartre,: la vida auténtica, la libertad sin excusas, el concepto de Culpa, el final de La historia interminable, Maldita Dulzura

El Lobo Estepario


Como una coleccionista de vidas rotas, me gustaría haber estado para oler la música, sentir el arrullo, tocar los juegos, saborear el fuego. Donde parecíais llenos, y todo cobraba sentido, entre otros mundos, inventados y construídos por vosotros. Llenos de la llama que se aviva al mínimo roce. Que me recomen los celos, de haber podido estar, de haber podido ser... y no sentir que he perdido tanto el tiempo. Pero todo parece muerto. Hubiese querido esa vida, hubiese deseado sentirme viva de esa manera. No quisiera que las viejas cintas de vídeo lleguen a mí cuando sean cenizas de lo que un día fueron.
Y tal vez sea una niña, porque ahora todo está mal y yo sólo sueño con que de verdad seas un lobo estepario, un diablo nocturno, con que en tu seno pueda ver un abismo inmenso. Que quiero perderme en ese azul ciénaga, dulce y verdoso, donde ya no tenga que preguntarme nada. Donde mis pasos sean lentos, pero seguros, y ser siempre esa que se mira, en esos ojos que pueden llevarme a la ruina, si se manifiesta, si realmente quiere estar ahí, de verdad, el lobo que baje de las cavernas a visitarme cada noche, y a darme alas nuevas cada día.

martes, 13 de noviembre de 2012

El Pájaro Sin Caparazón

Cuando se encontraron, ella no supo qué hacer con él. De repente, se preguntó si sería capaz de almacenar tanto afecto, y tantas aventuras aún por descubrir. No se lo quería reconocer a sí misma, pero el pasado había dejado en su interior un poso de amargura, una sombra de desconfianza que la acompañaba allá donde fuera... y pensaba que no sería capaz de volver a crear una historia a su medida. Y, además, se sentía muy culpable. sólo se daba cuenta al final de cada suspiro de despecho, de rabia, que ella no se estaba dejando sentir, no se dejaba confiar. Y toda la realidad la dejaba insatisfecha, le parecía poco lo que el mundo, o su mundo, era capaz de ofrecer. Sabía que eran sus sueños, los que le impedían disfrutar de esa realidad, que también estaba compuesta de esa belleza, pero silenciosa, escondida, que debía buscar, y darle sentido, así, a cada uno de sus días.
Sabía que tal vez pedía mucho. Al final, su vida se volvía como esos sueños en los que el viento no la dejaba avanzar. Pero no sabía parar ese viento
Quisiera que aquél al que espera fuese de verdad el cuento lleno de ventajas en el que sumergirse para siempre. Con el que hacer de su vida una obra de arte. Y quisiera estar en paz con aquél, el pájaro que había dado lo que podía, más que nada, amor. Un amor apagado, cansado y triste. Quería acariciar esas heridas, y que él la perdonase, por no quedarse tan cerca. Ella, que le admiraba, que hubiese querido levantarle con sus propios brazos. Pero no podía. Ella veía su alma. Él había visto la de ella. Y los dos adoraban el alma del otro, y querían darse fuerzas, y armarse de valor, para seguir adelante. Pero no podía quedarse cerca. Le hubiese encantado que fuese su cuento, el suyo, la casualidad que estaba esperando. Y no podía. Se hacía daño intentando disfrazarlo, hacerlo más bonito. Como disfrazar a un perro de mago. Como ponerle caparazón a un pájaro. Ella estaba intentando lo que no podía ser, lo que no era su naturaleza. Y él, el hombre-pájaro, lo intentaba, quería ponerse ese caparazón para agradarla, para hacerla feliz.
Y ella de repente lo vio claro. Se echó las manos a la cara. Le miró con ternura, le acarició las alas, rotas de haber volado tanto, y tan alto. "Venimos de tierras tan distintas", pensaba ella...
Y eso que le hubiese gustado estar cerca, antes.
Los pájaros de ala rota vienen de países muy lejanos, han visto cosas que los demás jamás imaginaríamos. Pero ahora están cansados, tristes, desolados. Porque han dejado todo ese mundo atrás. Y los erizos que se cruzan, le reciben con los brazos abiertos, viven y sienten su vida como si estuviesen ante una pantalla de cine, se fascinan y ven toda esa luz proyectada en sus retinas. Y quieren estar cerca, confían en que esa melancolía desaparecerá con el tiempo. Porque un pájaro así ha de brillar. Los erizos son muy curiosos, y persistentes, y preguntan, e insisten, y sacan fuerzas de donde no las tienen cuando dan con un pájaro que viene de las alturas. El erizo siempre se queda cerca, cuidándole, haciéndole salir del nido y volver a volar. Mientras, el erizo iba escuchando todo eso que atormentaba al pobre pájaro, las pesadillas de crías caídas del nido, de pájaros que habían abandonado su camino, de tormentas que habían dejado sin resguardo a su corazón, y los nidos que con tanto amor él había construido. Con toda la creatividad de que era capaz. Y ahora, el pobre pájaro, estaba dispuesto a amar, a enmendar su vida. A darle a la vida, y a sí mismo, una oportunidad. Después de haber dejado en el pasado de confiar en las dos. Pero llegó ese pequeño erizo, lleno de cuentos y con el corazón abierto. Pero ni el pájaro podía vivir bajo tierra, ni el erizo sobre el cielo. Los dos lo intentaron. Y, siempre que podía, el erizo salía de su madriguera, para reunirse con el pájaro, que seguía inventando mil maneras de construir nidos, de todas las maneras que nadie más era capaz de pensar. Sólo a él se le ocurrían las formas más disparatadas, divertidas e inteligentes de crear formas de vida entre las aves. Algunos lo tomaban por loco. Otros le admiraban. Pero a nadie dejaba indiferente este pajarillo.

Fuentes:  Nietzsche, Lucía y el sexo y Los amantes del círculo polar de Medem, pequeño vals vienés de Federico García Lorca, Blade Runner, melancolía de Lars Von Trier, y El erizo.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Lo que el hombre de la gabardina no debe olvidar

 
 No vayas a dormirte esta noche sin haber mostrado al mundo tus ojos azules,
sin haber copiado en un papel sucio ese poema de Miguel Hernández,
sin haberte puesto la gabardina negra que te hace parecer un hombre con cara de niño. 

No vayas a dormirte esta noche sin haber dedicado un rato al poeta atormentado que llevas dentro,
sin beber aguardiente, con tu voz ronca, ni te olvides de ponerte la camisa rasgada de cuadros amarillos y negros, y el viejo sombrero de copa. 

No vayas a dormirte esta noche sin quitarte esa capa de vergüenza, sin ser por un momento tú mismo
-el que yo quiero que seas-, olvidando las reglas, dejando atrás las convenciones, las caricias, las suposiciones.
 
Y, sobretodo, no vayas a dormirte esta noche sin soñar conmigo, sin pensar en mí, sin imaginarme contigo,
mientras te quitas la gabardina, rasgándote del todo la camisa, tirando al suelo el sombrero. 

No olvides irte a dormir sin antes haberme dicho que me deseas,
cuando nadie te oiga, -cuando yo no te oigo-, y duermas arropado por el manto de la noche... 

Y, mañana, si quieres, te acuerdas.

(Fuentes: La venganza de Don Mendo, y el hombre de la gabardina)

sábado, 24 de noviembre de 2012

La llama que quería ser cerilla

Los fueguitos saltaban y bailaban, reían sin cesar, conscientes del río de la vida que iban dejando pasar. Así que, mientras tanto, al observarlos, la llamita, -el fuego pequeñito-, se dio cuenta de que no podía seguir esperando, soñando... y fue consciente de que tenía que jugar. Que de nada servía pararse y mirar, deseando otras fogatas, otras hogueras compartidas donde poder acabar convertida en cenizas de felicidad. No veía cuánto necesitaba dejar de imaginar, de pensar... y aceptar su destino, fuera el que fuera, sin esperar nada, sabiendo que éste estaba lleno de sorpresas, aunque ella aún no pudiese verlas. Pero era justo para el mundo que dejara que su llama brillara como las demás. No tenía que tenerla reservada para un futuro, próximo o lejano, para un mundo que ni siquiera sabía si existía. La llama quería aprender a jugar, de nuevo, como cuando aprenden los niños pequeños. Siempre había estado muy ansiosa por jugar, sin entender que cada uno tiene su momento, y que no podía programar el suyo. Te llama sin avisar. Por eso, mientras tanto, y por si nunca llegara, la llama decidió no dejar de saltar, de bailar, de cantar. Y el resto de fogatas, de fogones, no puedieron dejar de admirar su brillo, en todo su esplendor.


Inspiración: Fueguitos de Eduardo Galeano, la historia de Palillo y Cerilla de Tim Burton, Heráclito y su río, una noche en Shantí Vasundhara, el río de mi vida, y la elegancia de mi amiga Veronica

domingo, 9 de diciembre de 2012

Un jardín en el Mar

Érase una vez una princesa solitaria, una princesa que vivía en un castillo oscuro, triste, empantanado. Los días de la princesa pasaban sin saber exactamente cómo, encerrada, pensativa, rodeada de un silencio absoluto. Y el tiempo se escurría entre sus dedos.
A veces, algunos reyes venían a visitarla. Pero ella nunca quería ver a nadie. La tristeza del pantano había inundado su corazón. .
Pero, un día, se coló un duende en la corte. Un duende que venía de muy lejos de allí, un duende que vivía entre los setos más lejanos y florecidos. Pero, a diferencia de la princesa, éste era un duende feliz, lleno de lontananza y de entusiasmo por vivir.
El duende no buscaba a la princesa, él vivía para hacer reír a los demás, y para ello había aprendido cinco idiomas: élfico, alemán, princesil, cortesal y portugués. Era un duende entrañable, muy divertido. Pero tenía una máscara que ocultaba su verdadero rostro. El duende, como la princesa, también tenía algo que quería ocultar. Y es que le resultaba cansado tener que estar siempre feliz para los demás, y, de vez en cuando, también tenía ganas de llorar.
La princesa vivía entre libros y canciones, pero no le quedaban fuerzas, y las lágrimas habían acabado con el brillo de sus ojos. Y así se encontraba, llorando en un rincón, cuando el duende la descubrió. Le dijo:
-Pero, princesa, ¿por qué lloras?
Y, justo en ese instante, una ardilla pasó entre los dos, de tal suerte que asustó a la princesa, que se levantó de un salto. Pero esta inquieta ardilla ni había reparado en la princesa, y se quedó allí, parada, porque se había prendado de los encantos del duende, lo cual divirtió mucho a la princesa, que volvía a reír, entusiasmada, tras años de total apatía hacia el mundo y su devenir. Los dos empezaron a hablar a causa de esta traviesa ardilla que se había cruzado entre ambos.
Hablaron hasta que se hizo de día. La princesa comenzaba a recordar cosas de cuando aún se sentía viva, alegre y feliz. Le contó al duende cuánto le gustaban las ardillas, cómo ella siempre había soñado con convertirse en una, y así poder vivir entre las ramas, y hacerse un escondrijo dentro de un árbol. O ser un pez, y vivir escondida en un barco fruto de un naufragio. También le contó que cuando era pequeña había soñado con poder volar.
Y el duende, a su vez, le contó cómo una vez estuvo enamorado de una ardilla, y que por eso no le gustaba que se le acercara ninguna, y, desde entonces, ya no creía en el amor.
Así pasaban las horas. "Baila una vez más para mí, por favor" le decía la princesa, cuando el duende anunciaba su retirada.
El duende, atrapado dentro del castillo, iba a visitar a la princesa todas las noches. Los dos cobraban vida cuando se encontraban cerca. Un día de entre los días, el duende le dijo:
- Pero,  princesa... ¿qué me está pasando?
Y es que, lo que el duende no podía imaginar, es que se estaba enamorando.
- Princesa, tú y yo tenemos que casarnos... Yo me voy a enamorar de ti. Voy a escribirte un poema... y mañana volveré, y lo leeré para ti.
Dicho esto, el duende desapareció.
La princesa, cuyos ojos aún seguían apagados, no creyó nada de lo que el duende le había dicho. Pensó que en el fondo era un duende que siempre estaba actuando, que vivía de eso, y que era la  manera en que conquistaba los corazones de la gente y se ganaba la vida.
Pero había algo que le pasaba al duende y que la princesa aún no había sido capaz de percibir.
Cuando los dos se encontraban juntos, se encendía una luz en los ojos del duende, que venía desde la Luna, y su máscara se derretía ante la voz de ella.
Como si aquella ardilla que se cruzó la primera vez que la vio, hubiese conjurado un hechizo. Y con ella se quitaba ese manto de ficción, y le decía la verdad.
La princesa, que seguía en su pantano de cieno y tristeza, pensaba que el duende ya no volvería a visitarla, que no tendría un poema que regalarle, porque le había mentido. Pasaron los días, y, efectivamente, el duende no aparecía.
Pero, un día, volvió. Repitiendo las mismas palabras de la última vez que estuvo con ella:
-Princesa, yo me tengo que enamorar de ti. Nosotros nos vamos a casar.
La princesa empezó a reír, incrédula pero divertida ante la insistencia del duende.
- Es tan triste, princesa, que no me creas... Voy a llevarte lejos de este castillo de tristeza, a las alturas de mi montaña, a los setos de mi morada. Princesa, tú y yo vamos a casarnos. Voy a construir una casa de árbol para ti. Para nosotros.
Ella no quería ni podía creer nada. Pero, un día, poco a poco, se fue imaginando la vida que él le proponía, y su corazón comenzó a tener ilusión de nuevo. Y le llamó, desde las alturas de su castillo.
-Duende, llévame contigo...
Y esto le hizo el duende más feliz de su reino. Saltó y cantó de felicidad ante la petición de la princesa, los dos lloraron de la emoción.
La princesa volvía a creer en el amor. Estaba dispuesta a volar, a enamorarse, a irse lejos, a vivir, a su lado.
Pero, entonces... como si le hubiese contagiado los miedos...
El duende desapareció. Ahora era él el que no quería, el que no confiaba, el que se encontraba dentro del pantano de la tristeza.
Ahora eran los ojos de la princesa los que echaban fuego de pasión, de ganas, de valor, de voluntad, de anhelo. Y ahora era ella la que tenía que convencer al duende de que sí, de que era lo mejor, de que habían nacido para perseguir ardillas, para construir casas en el cielo y jardines en el mar.

(Fuentes: Neverending story y Momo, de Michael Ende, Tiempo y Silencio, Gabriel Muñoz, Maldita Dulzura de Vetusta Morla, el enano y la princesa de Oscar Wilde)

lunes, 24 de diciembre de 2012

Invierno y Primavera

Todos llegamos al mundo por alguna razón.
Aunque también puede que desde las alturas haya un Dios ebrio, carente de empatía y lleno de sentido del humor, satisfecho de que seamos marionetas con las que pasar las horas entretenido, sin tener que plantearse qué debería hacer ahora, con el mundo y con nosotros, una vez que nos ha creado, y que le seguimos mirando desde abajo, entre dudas e interrogaciones, esperando que nos diga cuál es el siguiente paso, ahora que vivimos cómodos y está todo prácticamene inventado.
Algunas personas, la mayoría, llegan sin preguntar mucho, hacen lo que creen que tienen que hacer, y se van. Sin hacer ruido, sin molestar. Otras vienen encolerizadas, rompiéndolo todo a su paso, convirtiendo la belleza en ruinas, y culpando a otros por su comportamiento.
Hay muchas maneras de cambiar el mundo.  Los hay que tienen paciencia. Los hay que no pudieron esperar, y enfermaron de tristeza. Otros, sencillamente, no saben a lo que han venido. Y de esos, algunos están preocupados por descubrirlo, y otros no. Los que no están preocupados, viven en el mundo del ajetreo, del movimiento. Los que quieren saber, son los favoritos del Dios ebrio. Esos son los que más le divierten. Y de ahí salió la que conocemos como Primavera.
Y luego, están los que viven con prisa, aunque llegaron tarde. Son viejos porque no dejan un segundo de espacio, porque a todo momento están maquinando, pero son jóvenes, porque están muy vivos, entusiasmados con la vida y todo el frente y abismo de posibilidades, aunque se apartan del resto. Y viven como lobos esteparios. El Invierno pertenece a este grupo.
La Primavera, en cambio, nació despacio, serena, tranquila, tiene tanto que vivir aún, que es como si siempe se estuviese reservando para lo nuevo que llegará, y por eso parece eternamente joven.
El Dios ebrio se frota las manos cuando dos seres como estos, se juntan. Pues ¿Cómo pueden converger, el Invierno, que mora en las cavernas, que inventó el ukelele, que hace revivir las lenguas muertas, las costumbres antiguas, los atuendos raídos, las elegantes maneras, los países de sabios? ¿Cómo puede el Invierno prendarse por la Primavera, apacible, que nace, pace y muere en el mismo estado, en el mismo sitio, con cara joven aunque de edad avanzada? y mientras el ser de las cavernas heladas ha dado cincuenta pasos, el ser de primavera florecida ha dado cinco, y a veces, ni eso. La Primavera vive enojada consigo misma, porque siempre está fuera de la caverna, y cuando vuelve, ve que lo ha descuidado todo, y se pone a llorar. Y echa de menos lo que ha dejado en el exterior. No entiende que fuera haga sol, que la vida sea preciosa, maravillosa, pero que con eso no baste. Hay que crear algo, ser Primavera no es bastante. No es suficiente la alegría, la belleza, el sol, el lobo estepario.... Y el Dios ebrio se divierte.
Y Primavera se frustra. Se rebela contra ese destino. Ella que no entiende, que no sabe lo que tiene que hacer ahora, y no le importaría morar en el frío. Mientras que el Invierno ve tan diáfano el futuro, porque el frío aclara las ideas del corazón. En cambio la Primavera siempre anda en las nubes, embriagada del pólen de las flores, siguiendo el vuelo de las avejas... y el Invierno se había enamorado de este dejarse mirar, por eso no abandonaba a la Primavera, ella que quería ser verano cuando clamaba por estar cerca de él, porque pensaba que así el frío se notaría menos.
El frío había nacido con entusiasmo, joven y viejo, queriendo hacer figuras con su hielo. Y ella, primavera, que se ponía a jugar y luego no quedaba nada, porque era intempestiva, y a veces llovía y el agua se llevaba todas sus ideas.
Cuando el invierno llegó a consolarla, la primavera se lanzó al vacío, sin pensar. Claro que sí, mi amor, iré donde tú me digas. Sus amigas, las flores, le decían que no le hiciera caso, que ellas eran expertas y sabían que el invierno es traicionero, que al principio es suave y soleado, pero luego se vuelve duro, y entonces te da escalofríos. Te acurrucas y te abrazas a tus rodillas, pero ese frío ya no se va, y te deja helado el corazón. Primavera se encerraba a llorar en su cuarto, porque Invierno la abandonaba cada dos días, y ella siempre temía que no volviera nunca. Se había acostumbrado a esa risa gélida, a ese ukelele con cuerdas de vaho. Pero el Invierno estaba tan entusiasmado con la vida, tenía tanto por hacer, y estaba tan seguro de que siempre estaría con Primavera, y que ambos tendrían Otoños y Veranos después... Pero ella estaba desconsolada, se había vuelto gris, vivía despacio y no entendía que el ritmo del sol y la tierra fuesen distintos.
Hasta que un día, ella lo entendió todo, y dejó de llorar. Era uno de esos días en los que Invierno la llamaba para decirle que la quería y que siempre estarían juntos, después de haber desaparecido unos días, cuando ella había perdido toda esperanza. Y entonces lo vio: ella estaba hecha de luz, de calor, por eso Invierno no había podido resistirse. Porque la primavera es de donde las plantas florecen y los galanes de noche encuentran su morada, donde la esencia vive y se hace perfume. El olor a frescas montañas, a ríos tranquilos donde el Invierno se baña cuando está de vacaciones.

(Fuentes: Cuadernos de viaje de Heinrich Heine, reflexiones de Cicerón, el pantano de la tristeza de Michael Ende,  Kierkegaard y el abismo que da vértigo, Herman Hesse)

martes, 25 de diciembre de 2012

La Melancólica Muerte de Rocamadour


La arena, el asfalto, las conchas, las nubes negras. los pasos que se alejan, las voces que se apagan, las farolas que se funden. Los chicos Ostra, que se han querido morir, en la soledad de las aceras, junto a los charcos. Esos niños que no entienden nada de lo que pasa, pero piensan que tienen la culpa de todo, y se encierran en su propio abismo, de ogros que aúllan, de polvo, heridas, y escaleras de caracol. Los solitarios que no necesitan zapatos, pero tal vez sí un hueco para dormir. Y sólo esperan que el tiempo pase, que los mayores les perdonen por sufrir, por soñar, por querer permanecer en ese refugio de soledad donde no hay lucha ni competición, donde sólo hay lugar para la imaginación, los colores y los grises, las hojas cayendo de los árboles, las noches estrelladas. Donde uno puede rebelarse contra el destino de Carlo, y arroparlo debajo del mar, junto a Rocamadour..
(Fuentes: Heráclito, Charles Bukowski, Noche Estrellada de Van Gogh)

"Nadie se aguanta aquí mucho tiempo, ni siquiera tú y yo, hay que vivir combatiéndose, es la ley, la única manera que vale la pena pero duele, Rocamadour, y es sucio y amargo, a ti no te gustaría, tú que ves a veces los corderitos en el campo, o que oyes los pájaros parados en la veleta de la casa...Porque soy capaz de caminar una hora bajo el agua si en algún barrio que no conozco pasan Potemkin, y hay que verlo aunque se caiga el mundo, Rocamadour, porque el mundo ya no importa si uno no tiene fuerzas para seguir eligiendo algo verdadero, si uno se ordena como un cajón de la cómoda y te pone a ti de un lado, el domingo del otro, el amor de la madre, el juguete nuevo, la gare de Montparnasse, el tren, la visita que hay que hacer, y creo que eso me lo agradecerás un día cuando comprendas, cuando veas que valía la pena que yo fuera como soy. Pero lloro lo mismo, Rocamadour, me equivoco, porque a lo mejor soy mala o estoy enferma o un poco idiota, no mucho, un poco pero eso es terrible, y te quiero tanto, Rocamadour, nariz de azúcar, arbolito, caballito de juguete..." (Rayuela, capítulo 68)

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Máscaras

Y dar gracias a la vida (...que me ha dado tanto) por leer en tus expresiones, por escuchar lo que no dices, sentir lo que me ocultas, y ver tan claro lo que es tan grande.
Lo que nos perdemos entre danzas de marionetas, de vidas con disfraces, de bosques de abedules, que nos impiden ver cada árbol con toda su singularidad.
Lo que nos gusta nuestra careta, y aferrarnos a lo que no nos identifica.
Si aceptáramos que lo que ocultamos es lo más grande que tenemos.
Si en vez de elegir el miedo, la maza, el consuelo, agachar la cabeza, la frente marchita, si en vez de eso te mostraras, me mostrara, yo no tendría que quedarme sin fuerzas y tú no tendrías que echarme de menos, yo podría conocerte de verdad y tú sentirías mi mano recorrerte entre risas, llantos, la dulzura de los arrecifes, de las caricias, dedicadas a eso que escondes,  que me reprochas, y que te inhibes.

(Fuentes: Gracias a la vida de Mercedes Sosa, el árbol de la ciencia Pío Baroja, la maza de Silvio Rodríguez, utopías de infancia, y la incomunicación)

Las Cuatro Fuentes de la Crisálida


Desde los lugares plácidos, las noches parecían oscuras, las calles desoladas, las miradas vacías. Allí comencé, cada día, a escuchar la serenata diurna, que al principio era un amargo (y largo) lamento, de años perdidos, de vidas soñadas, que agonizaban por no poder pasarlas a tu lado, de nuestro lado, y de todos los lados, con los espejos que sólo deseaban romperse, hacerse añicos, o reflejarte a ti, cualquier cosa, mientras me dejasen tranquila a mí. La rosa con su olor a cuestas, 'el recuerdo conmigo, y yo con nadie'.
Desde ese lugar plácido, desde el que un día decidí levantarme, con mi propio peso, por mi propio paso, con todas las voces que dormían conmigo, en mi seno, calladitas desde el principio de los tiempos.  Con toda la congoja, el desconsuelo, habiendo acabado una etapa, como una crisálida escondida, que tiene pánico a su metamorfosis, y vértigo a encontrarse con su su figura exultante de alas ante el espejo. ¿Y qué si tengo miedo? ¿y qué si no puedo aceptar lo que hay dentro? si siempre hay un mañana, y puedo acariciar mi herida, luego.
Ahora que sé que el Intelecto va por un lado. -Yo que quería saber, aunque duela, saber desde el dolor, en este mundo que agoniza-. Y es que el Deseo y el Corazón, viajan sin boleto, y cada uno por su lado. Pero no lo sabía, y el intelecto dolía, el deseo quemaba, el corazón gemía. Menos el Cuerpo, que aunque envejezca, se me alía, me acompaña, casi nunca me falla, que no se queja demasiado, que me acaricia cuando estoy triste, que me abraza cuando deseo estar dentro, y me apoya si quiero estar fuera.
Ahora, que no me peleo con mis cuatro fuentes, que le tiendo la mano al intelecto,  le doy las gracias al cuerpo, alimento al corazón y le doy alas al deseo, huérfano de padre, -no voy a permitirle que taladre-, y que no soy esclava de ninguno.
Desde la dimisión ante la evidencia necesaria de que tengo que luchar, no por ti, ni por pelearme con una pared infranqueable, sino por esa frase que leí, que era para mí, hace quince años:  'ojalá, todo lo que llevas dentro, lo puedas sacar'. Ahora que tus ojos me inspiran, que son un canal donde los sueños cobran vida, donde me transporto, y te transporto, cuando me dejo, cuando te dejas, hacia el lugar en que la belleza recorre cada hueco, donde la risa se vuelve sincera, sin máscara.
Desde esos lugares plácidos, que recién habito, cuando miro al fondo de tus ojos claros. Donde la esfinge ya no da miedo, donde aprendo cada día algo nuevo.
En este invierno, en que ya no temo quedarme en mi guarida, construida con mis dedos.


Fuentes: largo lamento de Pedro Salinas, Rayuela de Cortázar, un poema anónimo (va ya la rosa con su olos a cuestas...) , El silencio de los corderos, Galeano, Benedetti, Sabina, Mercedes Sosa, Michael Ende, y ante todo, la huella de Jodorowsky y las viejas palabras de Asia León

jueves, 27 de diciembre de 2012

La Sonrisa de Karenin

Tolstoi decía: "Todas las familias felices se parecen, pero las desgraciadas lo son cada una a su manera". Yo en cambio pienso que es justo al revés.

Tal vez Tolstoi pensó de verdad que esta frase podría dar consuelo a los más desgraciados, a los Nadie que se agolpan en sus casas, con sus trabajos, con sus mentiras, y los gritos nefastos, por, al menos, sentirse únicos, originales, incomprendidos, y diferentes.
Pero yo creo que Todas las familias desgraciadas se parecen, pero las felices lo son cada una a su manera. Y es que todos rendimos culto al miedo, y nos codeamos con la batalla y la tensión diarias. Ya decía Galeano, que los derechos humanos  tendrían que empezar por casa.
En cambio, nadie sabe ser feliz. Pero, cuando uno realmente desea serlo, inventa, crea y descubre mil maneras de llegar a ese tesoro escondido.

(La tuya, tiene una casa de árbol, con ardillas. Tu felicidad es color celeste, llena de tragedias que se acaban, de juegos de guerra en la selva, y canciones compuestas por ti)


(Fuentes: Ana Karenina, La insoportable levedad del ser de Milan Kundera, la elegancia del Erizo de Muriel Barbery, extracto de Mujeres de Eduardo Galeano, No me acostumbro de El último de la fila, algunas canciones de Templeton)

viernes, 28 de diciembre de 2012

Ojos de Clavo

Tú, que ya no recuerdas cuando te sentías como un Vincent Maloy, aunque en otros años, y algo huraño. Cuando mi pelo era más largo de lo que puedo recordar, mis esperanzas jóvenes, y las tristezas vacías. Cuando sólo me invadía la melancolía y podíamos compartirla, desde mundos separados, opuestos y lejanos.
Días en que yo intentaba analizar desde el intelecto (maldita filosofía) las crecaciones artísticas, y tú te empeñabas en emocionarte con Eduardo Manostijeras. No entendías que yo te hablase inspirada por bandas sonoras, ni yo que tú "salieras a hacer fotos", y que no soportaras la gente.
"Probablemente he hablado más contigo que con nadie, en meses" me decías desde tu mundo, y el mío se me caía encima. Tú que me enseñaste a creer en César Vallejo, en los cementerios, en la soledad compartida, en la belleza de la tristeza, en los hombres grises sin ambiciones, con infusiones de cardamomo, en Bukowski, en flores rotas, en Lost in Translation, y en Virginia Woolf .

En su seno reinan todas las vidas


Es lo que siempre está en medio, como una ráfaga, algo que se siente cerca, que todos perciben, porque deja huella. En su seno reinan todas las vidas, porque fagocita todas las que encuentra. Y la tragedia es que nadie puede entrar en la suya, ni siquiera ella. Sólo, a veces, se deja salir, sin darse cuenta. No es una flor que muere como la juventud cae del tallo de la vida, pues crece en regiones estériles donde no corre el agua.
No crea vida, porque es vida. No alimenta, no construye, lo lleva todo dentro, y a todas partes, consigo. Celebra cada paso, se ilusiona en cada movimiento, como un fuego fatuo, rápido, que quisiera quedarse, y aún no ha descubierto la manera. Saborea, huele, pero no encuentra el modo de participar. Como si permanecer le fuese negado por la adversidad.
La danza que sueña la tortuga, un fuego lleno de vida, que se consume a sí mismo, y a todo lo demás, cuando está cerca, cuando se acerca demasiado, cuando va a hacerse real. Un enigma para sí misma.

jueves, 3 de enero de 2013

Ojos azules, pelo negro

Me encanta que las adolescentes me hagan reír cuando para mí está pasando algo trágico. Se ha convertido en algo que quiero conservar siempre. Antes que estaba tan preocupada por analizar correctamente cada acontecimiento de mi vida, darle el orden y significado exactos, comportarme de la mejor forma posible, y saber por qué los demás actúan de una forma y no de otra... Me encanta que eso se pase a través de tus ojos. Que todo quede en bromas y seguir caminando. Y eso que llevo a mi padre conmigo a cuestas, que me he criado con el humor personificado. Yo y mi manía de ser filósofa compleja.

y vuelvo a la ñoñería, porque Foucault no se centra y yo querría quedarme hablando contigo.

domingo, 6 de enero de 2013

Sense&Sensibility

Bajo el atardecer helado siempre se abrigaba, y salía a dar largos paseos, lentos y solitarios. Siempre se mantenía fuerte, sosegada. Sin grandes aspavientos, no era como su abuela, que, sola, sabía reírse de cualquier adversidad que a otro cabrearía. Ella admiraba a esa mujer, porque su habitáculo era apacible, y siempre tenía su propia mano amiga, extendida, esperándola al llegar a casa. Ella, insatisfecha con la vida que su marido le había obligado a vivir, se perdía entre los hijos, los nietos, y los libros. Con su pulso inestable, hacía dibujos que dejaban perpleja a su nieta.

miércoles, 9 de enero de 2013

Tacones lejanos

Ahora que siento que todo fue un sueño extraño, que nisiquiera llegó a ser pesadilla;
un mal recuerdo, que te encoge el corazón.
Como una esperanza que se disipó en el aire, que se deshizo sola, que llegó sin ser llamada, y se fue por voluntad propia.
Ahora que cuando miro atrás hay tantas cosas que me entristecen, las buenas y las malas, los actos de amor y los de la sangre.
Ahora que ando sola el camino, que me construyo metas que me saben a poco y además aún están muy lejos. Que quisiera que todo llegara pronto, y sé que tengo que disfrutar el camino. Sin aferrarme, sin abrazarte. Y sin compararme con nadie.
Que me pierdo, que me encuentro, que me caigo, y me levanto.
Que todo es tan difícil, y no puedo reprimir el lamento.
Y me contradigo, porque quiero vivir por dentro, pero luego me abandono a la primera mirada.
Y tú eres etéreo, desconfiado, distante, y yo no puedo, yo no sé, la eterna adolescente,
pero no me quedan fuerzas para seguir donde no me corresponde, ni para salir de esta maraña.

viernes, 11 de enero de 2013

El huracán imaginario


Tras la borrasca que se lleva parte de lo que con tanto cariño he ido construyendo en mi interior, en la quinta montaña, vuelvo, y me sereno. Pues todo ha sido un sueño, todo sigue igual, y el dolor del agua, del huracán, sólo ha rozado mis entrañas, como un acto exterior que yo he dejado que me toque.
Como la reina en una tabla de ajedrez, que un día se siente peón, y decide voluntariamente dejar el lugar que es el suyo. Porque los caballos le hicieron pensar que nunca llegaría a ser lo que, por potestad, le corresponde, y las torres se colocaron delante, formando un muro infranqueable, para taparle el sol, y no dejarla pasar. Y la reina segue dolida, porque tiene un sentido de la justicia tan acusado, que sólo descansa tranquila cuando todo queda en tablas, o cuando gana sin hacer daño. Y es que, lo que no le deja dormir por las noches, es la sensación de haber vivido una jugada, una batalla, que había estado disfrazada de afecto, y había terminado en una abandono cruel y emponzoñado.
Después de haber cargado con su mochila, y con todas las que se le cruzan. Ella, que cuando no ocurre lo que espera, entonces se convierte en una sanadora de piezas, y, desde lejos, sólo quiere dejar una bonita huella, una caricia que calme una herida, cuando construir un camino, una partida, no es posible.
Y no se quiere volver a quejar, ni pensar más en esa tabla en la que se ha quedado sola, desde hace mucho tiempo, intentando asimilar, intentando que todo cobre sentido, un sentido que le calme, que la alivie, donde tú no estás, donde todo el mundo abandonó.
Y así, acariciar su propia herida, abandonar el lugar cómodo y triste del peón, abrir los puños, levantar los brazos, porque todo está bien, la reina vuelve, y el huracán ha sido sólo imaginario.


Fuentes: El dolor del agua, La quinta montaña, Valhalla, único testigo, mi sentido de la justicia, y la infancia.

sábado, 19 de enero de 2013

Sólo para tus ojos


Quiero hablarte de esta marisma que llevo dentro, con la que tantas veces no he sabido lidiar, y que otras me guía, cuando menos me lo espero.
El mundo, la vida, tú: demasiadas cosas fascinantes e indescifrables en mi camino, que me hacen entusiasmarme, impacientarme, e inquietarme.
El mundo me dice que lo explore, la vida me dice que me centre, que me adapte, y que te olvide. Y tus ojos me dicen que me quede, que te viva, que me pierda.
Mi escenario está lleno de voces, algunas propias, otras externas. Las mías sólo quieren que todo cobre sentido, que la vida me abra sus brazos, y me de el valor para saber armonizar el aire del que estoy hecha, con la tierra que se me abre. Que tú te quedes cerca, y me cojas la mano.
A las otras voces, no siempre las dejo que se acerquen. Porque mi maraña no encuentra sitio para ellas, tan ocupada castigándome por no haber aprendido a entenderla todavía.
Y entonces, llega el momento, sin darme cuenta. En que el tiempo se para, mis voces, y las otras, se acallan. Y vuelve el arrullo, la música, el viento. Mi corazón vuelve a latir tranquilo, mis manos se vuelven cálidas, y miro al horizonte, a mi vida, y a ti, con todo el brillo, la ilusión y la esencia. Que se deja. Que me alivia. Las voces se vuelven una caricia, y la marisma enredada, se peina.

Fuentes: Dios, Alma, y Mundo

jueves, 31 de enero de 2013

Una indígena fuera de la reserva


"Pues, sí... Doy un poco el cante. Me estoy riendo... ya sabes cómo".

Sigo sin saber si hago de mi vida un festival que muchas veces es aburrido, pero otras, la mayoría, simplemente no busca sentido y yo lo voy improvisando.
Antes me pesaba, el tiempo se arrastraba como una tortuga, me hacía cuestionarme a cada paso para qué y hacia dónde me estaba llevando.
Supongo que son voces familiares que me siguen acompañando, pero ahora por fin, disfruto el camino, me siento afortunada de poder estar aquí y ahora contigo, aunque dentro de una semana no sepa dónde voy a estar, ni si tú querrás que yo me quede.
Y yo tampoco lo sé.
A veces las vidas que se presentan a sí mismas, con confidencias compartidas a oscuras en una intimidad que no se corresponde con la real, que parecieran obligadas a vivir en la rapidez que marcan las circunstancias pero que no dejan que afecte, fuerce ni estropee lo que construyen.
Y ni yo misma me sé explicar lo que siento, y miro esta ciudad que se me abre desde tus ojos, tus desgastados ojos que conservan tanto brillo, que aún no he aprendido a descifrar, y sin embargo me río, porque todo es bonito y agradable. En este mes que siento cuánto necesito un cambio, y las posibilidades que se abren bajo mis pies.
Parece que la culpa ha abandonado mi camino, se queda sentada en un rincón, y me mira, pero no se atreve a acercarse, aun cuando yo tengo que llevar cuidado... y agarrarme de vez en cuando.

Fuentes: Caótica Ana, (en Barcelona)

domingo, 10 de febrero de 2013

Mendigos por los Tejados


Esta noche podría escribir sobre el cielo que no es azul,
sobre el sol que no quema, que no brilla,
esta noche podría escribir sobre todos los sueños
a los que tengo que renunciar cada día,
sobre los juegos que se quedan guardados en una caja,
llenándose de polvo y soledad.

Esta noche, como Neruda, podría contarte
todas las ilusiones que llevo dentro,
siempre conmigo, que no encuentran su lugar.
Como confeti sin navidad, como una copa sin vino,
o una vela sin encender. Perfecta, entera,
y olvidada.

Esta noche eterna, de domingo de madrugada,
en la que el encanto se duerme en mi boca,
hubiese querido hacer florecer  una sonrisa,
hubiese querido convertir mi hábitat en primavera,
esquivar este frío helado al calor de un té de cardamomo,
olvidar que hubo un ayer, y que el presente se hubiese quedado conmigo.

Esta noche, que no está el hombre de la gabardina,
que el invierno se fue con sus cuerdas de vaho,
que desaparecieron los jardines en el mar,
y ni siquiera se quedaron los fantasmas que antes venían cada noche a visitarme,
y los extraños tesoros duermen arropados bajo el manto estrellado,
con Carlo y Rocamadour.

Puedo escribirte los versos más tristes esta noche,
ahora que te recuerdo sentado en mitad de las escaleras,
desde la mirilla desde la que observé por primera vez,
en la noche que bailé bajo la mirada de la catedral,
cuando me esperaban otros ojos, pero yo volaba lejos,
con otras alas,  porque ya te había elegido a ti.

Puedo dejar salir esta noche a los mendigos
que suspiran por los tejados,
deseosos de despertar su aliento.
Puedo susurrar los versos más tristes esta noche,
porque el encanto se duerme entre mis dedos,
que quisieran acariciarte con cada palabra que escribo.

viernes, 15 de febrero de 2013

More than words


Y para mí, también para mí, que me encuentro a gusto con la vida, con las mariposas y las burbujas de jabón... 

(Así hablaba Zaratustra)

Fue el día en que abrió los ojos, dejó de mirar al suelo, y comenzó a verse de verdad. El mismo día que se sonrió, serena, tranquila, y acarició una pequeña herida, despidiéndose del desconsuelo, de tu sonrisa, dándole la bienvenida a la vida real que asoma desde fuera, que le estaba esperando desde hace tiempo. La vida a la que había dejado de lado, para quedarse cerca de la tuya.
Ahora acaricia su propia mano, besa su propia sonrisa, porque se lo ha ganado. Porque ha sido valiente. Y sabe que, aunque el otoño llegue, aunque el encanto se haya quedado, vivo y con ganas de salir, dormido en su boca, despertará otra vez. Orgulloso, reluciente y sereno. Contigo o sin ti. En la mejor versión de la que es capaz. Porque los cronopios luchan, y, éste, por fin, había sido va-lien-te. Creando, confíando. Se quiere, se levanta, y continúa. Aunque por dentro suene esa canción, y tenga que pararse... y volver, con la frente marchita, cantaba Gardel. Brindando porque cada día haya una infidelidad esencial, y una traición necesaria.

(Fuentes: Todas las canciones hablan de mí

martes, 19 de febrero de 2013

Tercera Clase




Y cuando todo acabó,
supo que había llegado al fondo, que se había comunicado con los límites del inconsciente, aunque el otro ni siquiera lo supiera.
Y ahora, no sabe si como regalo, como método de autocastigo, de recrearse en una nostalgia desoladora y amarga, o tal vez solo por volver a una historia ajena, guardada en un rincón de la memoria, volvía a las páginas de esas otras vidas, que en su día le habían dejado un poso de fría soledad, de silenciosa y melancólica tristeza. Porque ahora sabe que nunca será ella. Esa que nunca había deseado ser.

(Fuentes: Horacio y la Maga  (Rayuela) )

jueves, 21 de febrero de 2013

Para las buenas estrellas

Siempre hubo personas que hiceron de su vida una obra de arte.
No porque consigan triunfar a la primera de cambio, o porque tengan las soluciones a la vuelta de la esquina,  ni porque encuentren los resultados esperados en el momento en que los desean. No.
La vida por lo general se concibe como una lucha en la que sólo se gana venciendo a un adversario. Tal vez Heráclito tenía razón y lo que Pitágoras veía en la música no era armonía, y en realidad es una pugna de madera y cuerdas, una tensión constante.
Y es que nadie hace una lista al nacer de las cosas que quiere, de cómo desea que sea su vida cuando se haga mayor, y si la hacemos, tampoco ocurre así luego, por lo general.
Y a pesar de eso, siempre hubo quien se movió como pez en el agua en la adversidad, en el ir y venir, a contracorriente, como salmones que no se quejan, que no suspiran, y no se pelean con esas olas que dificultan su nado. Personas que convierten la pugna en armonía. En su vida y la de los que tienen cerca. Mientras los demás, señalamos la tensión, la violencia de los acontecimientos, aferrados a la frustración por un devenir que no hemos elegido.
Las buenas esntrellas, en cambio, aguantan, no decaen, no se quejan, son responsables, no víctimas, y aman, aman de verdad. Aman la vida, y todo lo que ella conlleva. Se ríen de las desgracias (cuando se puede) todo les parece cómico (mientras se puede) y cometen actos heróicos, artísticos, todos los días. Con sus hijos, con sus amigos, una vez que ya tienen tomadas las riendas de su vida por completo. Una vez que han corrido las carreras internas, personales, y pueden hacerse cargo de los que aún no hemos aprendido a nadar. Y nos dan cobijo, ánimos, paciencia, y toda la fuerza, todo el amor, toda la alegría, que en ellos rebosa, y a los demás les falta.
Va por ti, padre. Va por ti, pequeña Nedea. Y va por mí, que, a veces, me ayudo.

jueves, 28 de febrero de 2012

La madre de Bob Dylan

La belleza nunca debería estar triste.
Pero es como si la luna se hubiese olvidado de ella.
Caen lágrimas mientras alumbran las velas encendidas,
 y se acaban las copas de vino,
y todo el mundo está atento, nadie se da cuenta,
 y te sonríe a ti, que conviertes el dolor en caricias.
 A todos nos une lo mismo, tan juntos,
 y tan lejanos entre nosotros.
Venimos a rozar el cielo desde tu voz
desde nuestros sueños inconclusos y frustrados
desde la búsqueda a oscuras, en la incertidumbre.
y nos acercamos a ti, para sentirnos unidos,
cercanos, por una vez,
cuando podemos cogernos de la mano,
porque entendemos por fin, lo que decía la madre de Bob Dylan.

(Fuentes: concierto de Carlos Chaouen, el fragmento de la canción Seré: 
"...Menuda marea que tengo en la espalda. 
Menuda cabeza, ¿Quién me la guarda?
Menuda insistencia que tengo en la espalda
Menuda cabeza, ¿quién me la guarda?
Menos mal que tengo la luna prisionera dentro de mi corazón, 
por si alguna vez me falta el fuego, encenderlo con su voz".

Y las palabras de la madre de Bob Dylan: Hay que ser amable con todo el mundo, porque todos estamos peleando con la vida.)

sábado, 2 de marzo de 2013

A veces el Tiempo me recuerda a mí


Hay días de invierno en que la primavera grita, lucha por salir. Los paseos por la calle se convierten en una masa de aire gélido que va haciendo de tus manos un témpano de hielo, aunque por dentro arda en llamas al cruzarse contigo. 
Hay días en que el tiempo es como una pequeña tortuga cansada que se arrastra lentamente.  A veces pasaba desgarrando la vida, como un buitre en busca de presa. 
La primavera, aunque no se le permite salir,  sigue viva todo el año, observando caer las hojas de los árboles a su alrededor, ansiosa de ser partícipe, presa de una vida mucho más sobria y lenta, en un devenir de letargo que formaba un nudo en su estómago, que está deseoso de convertirse en mariposas sobrevolando el prado. Había aprendido a esperar, a ser paciente, pero no podía evitar seguir viva, pues ella era lo que era, sin poder evitarlo: primavera.
A veces, el tiempo me recuerda a mí. 

(Fuentes: Antonia, -la película de Marleen Gorris

lunes, 4 de marzo de 2013

Esto no es una Elegía

Tú me recuerdas el mundo de un adolescente,
Un seminiño asustado, mirando a la gente.  

Y ahora que me pierdo entre letras que me transportan a principios de siglo, a estudiantes jóvenes y avispados, que andan absortos en medio de una búsqueda, sin saber muy bien qué es lo que quieren encontrar. Pero algunos siguen, observan, formándose en medio de un tumulto que no acompaña, que no converge con el mundo que llevan dentro. Ese que me recuerda a ti, que es delicado, elegante, lejano. Y me conformo imaginando que estás entre esas líneas, entre esas páginas, intentando extraer en ellas el color de tu esencia, y sentirme, así, un poquito más cerca de ti.

martes, 19 de febrero de 2013

viernes, 8 de marzo de 2013

Desde la mentira


Y ahora te siento tan cerca,
que tengo la fortuna, o la tortura, de poder abrazarte desde la distancia, desde la mentira.
Y quisiera que me miraras,  y me vieras de verdad.
Los días, que ahora me pasan ligeros, sin levedad, y sin peso, a veces me hacen un regalo, y evocan el olor de tu risa, tus gestos, y nuestro pequeño mundo separado del resto.
Esos, son los días que me toman de la mano, que me empujan, y hacen que mi sonrisa brille con más fuerza, ahora que ya no se forma un nudo en mi estómago.
Al final de esta escapada, de los viernes que llegan sin ser una amenaza, y no vuelvo a casa deseando que los duendes no tengan corazón,  tú no eres un túnel por el que colarme, ni yo tengo que llevar cuidado, y agarrarme de vez en cuando.
Ahora que te acaricio sin que lo sepas, que te escribo sin que me leas, y que leo pensando en ti, los libros de los que me hablas.

(Fuentes: El enano y la princesa, de Oscar Wilde, y Julio Medem.) 

sábado, 9 de marzo de 2013

Un cuento lleno de Ventajas


"Querido monstruo...
de las cavernas:


Un libro me ha cogido, por fin. 

Ahora siento que le había querido siempre... 

pero que le había perdido".





Fuentes: caótica Ana, Pío Baroja, el balcón de mi casa

sábado, 16 de marzo de 2013

Artes Liberales

"Pintada, no vacía: pintada está mi casa del color de las grandes pasiones y desgracias. 
Regresará del llanto adonde fue llevada con su desierta mesa, con su ruinosa cama. 
Florecerán los besos sobre la almohada. 
Y en torno de los cuerpos elevará la sábana su inmensa enredadera nocturna, perfumada. 
El odio se amortigua detrás de la ventana. 
Será la garra suave. 
Dejadme la esperanza". 
(Miguel Hernández: Canción última)

Y sería tan fácil querer apoyarme en ti, tan sencillo, de repente, el ancho mundo, para mí.
La luna seguiría saliendo aunque tú no supieras lo que estuve dispuesta a regalarte, si no fuese tan sencillo el dolor que habría arrancado una parte mi alma.
Habría sido tan sencillo mirar hacia otro lado, hablarte con cortesía, y seguir caminando.
Para mí, que me empeño en ir más rápida que el viento, que el tiempo, que la luz,
en adelantarme a los acontecimientos, sin dejar que pasen.
Habría sido tan fácil convertirme en Salomé envuelta en llamas, envolverme en la veneración por el arcángel Gabriel, repitiéndome que  "No sirvieron de nada las miradas cálidas que le lanzaba".
Sería tan fácil, que voy a quedarme quieta. Respirar hondo. Y dejar que todo fluya.

(Fuentes: Oscar Wilde: Salomé, F. Nietzsche: mi hermana y 

lunes, 18 de marzo de 2013

Así sabemos ser

Me dicen que me ría, que no me cuide, que no me aburra, que no me canse... Que me acerque, que no tema, y desafíe, desde la confianza en la vida, desde la gratitud al mundo, desde la tragicomedia cervantina, que me persigue, y me pide que no me resista, que no me rebele, que la acepte con los brazos abiertos. Pero es tan fácil decirlo, cuando me falta la mano amiga, la química invertida, cuando ataca el silencio, que es peor que las palabras. Yo, que paso el tiempo viendo Gigantes donde sólo hay Molinos, y mi propio Sancho se esconde, mi propio escudo se escapa, y mi Dulcineo camina por donde cruza errante la sombra de Caín. Y no me quedará otra, que seguir siendo un fueguito, figurante, fulgurante, un candil permanentemente encendido con la fuerza del aceite de Rocinante.

martes, 26 de marzo de 2013

De Antígona, Prometeo y otras condenas



 
En el día mundial del teatro, voy a hacer un homenaje: 
Tras un concierto, dos amigos hablan:

1- Me voy a casa
2- ¿Qué te pasa?
1- Nada, no te preocupes. Siempre estoy igual, me canso hasta yo. No quiero darte la noche, es tu noche.
2- Venga, no te vayas. Tómate la última conmigo y hablamos. ¿Es por lo que me has contado antes?
1- Sí. No lo puedo evitar... Y me siento súper tonta.
2- Hombre, un poco tonta sí que eres -dice el segundo hablante con sorna-. Pero, ¿por qué te martirizas así? No es para tanto. Además, aún no sabes lo que piensa. 
1- Eso se intuye. Se nota. Está en otra parte. No me ha visto. Está haciendo de su vida una obra de arte, y yo no quepo en ella. No hay lugar para mí. Y es normal. ¿Qué hacía yo cuando era más joven? Nada. Estaba muerta de miedo. No era capaz de vivir. Hace todo lo que yo debí hacer cuando tenía su edad. Siente como yo sentía. Tiene mi mismo entusiasmo. Pero yo no tuve el valor de llevarlo a la práctica. Los años, la vida, no pasan sobre él. Arrasa sobre su vida. Su esencia invade cada movimiento, cada paso que da. Es independiente, fuerte. Me ha dicho que quiere irse. Que es así como sabe que tiene hacerlo.
2- Sí, yo también sabía decir esas, pero eso no quiere decir que de verdad sepa lo que significa. Y además, tú haces y hacías muchas cosas. También eres valiente. No tienes que compararte.
1- Le he dicho que yo antes era como el niño de La lengua de las mariposas. Un gorrión. Un gorrión que no sabía salir del nido. Le he hablado del saxo en la niebla. Del muchacho que no sabe tocar, hasta que no se enamora. De la china que llora porque sabe que está tocando para ella. Y no he tenido que explicárselo. Habitamos Lugares Comunes. Es un fueguito de Galeano, que si te acercas, se enciende. Arde la vida con tanta fuerza... y no soporto que no sea para mí. No soporto haberme perdido tantas cosas.
2- Te repito: no sabes lo que piensa. Tienes que dejar de compararte. 
1-  No me perdono que su valentía me duela. Haber perdido tantos años.
2-  ¿Por qué te empeñas en verlo así?
1- Porque me duele. Él seguirá siendo un fueguito encendido, ardiendo cada día más lejos. Le admiro, y me odio por no ser capaz de disfrutar viéndole volar, por no poder volar con él. Por no haber sabido llegar a las entrañas, como otros invadiden las mías.
2- No necesitas sus alas, mi pequeña madame Bovary... Ni deja de existir la Magia que te envuelve, sólo porque alguien no la vea. También ardes la vida, con tantas ganas.
1- Tiene tanta luz que me encandila. El mundo se ve distinto cuando le miro. No entiendo por qué tengo que renunciar a buscarle. No me hace gracia que el universo se burle poniéndomelo delante. Que nunca pueda ser partícipe de esa belleza.
2- Sabes que no es eso. No hay castigos divinos. 
1- Quizá debería rendirme, e intentar ignorar esa parte de mí. Volverme estoica, budista, practicar la atharaxia. Pero no puedo. Sé que no puedo. Estoy viva. Es como mirar el jardín de las delicias. Me gusta todo lo que veo, todas las cosas buenas de la vida. Pero siempre le presto más atención a la misma parte del cuadro. A la misma imagen.
2- Eres así, puro deseo. Por eso eres Madame Bovary. Esa es tu condena. 
1- ¿Qué significa eso?
2- Eres el ciego que lo ve todo, menos a sí mismo. No ves lo que eres. Ni lo que haces. Todos lo vemos menos tú. Eres Prometeo. Porque cada día se te comen las entrañas por robar el fuego, por ser auténtica. Por tu inocencia.  Te lo he dicho muchas veces. Eres mi noche estrellada.
1-  Siempre me has idealizado
2- No. Siempre he sabido verte, porque tú me viste a mí. Tú sabes ver a los demás, y ser su espejo. Pero a cambio de perderte a ti. Tan empática, tan radiante, tan auténtica, tan capaz de envolverte en la manera de sentir de los demás, que no te encuentras. No te ves. Y los que te vemos, nos morimos de rabia.
1- Y entonces, ¿qué virtud es esa? si me estoy consumiendo a mí misma, ¿cómo iba a gustarme, aunque me viera?
2- Eres Antígona. No participas del mundo. Te quedas fuera. Estás fuera. En tu tumba. Pero eres capaz de hacer salir a los demás de la suya. De revivir a las personas, con tu luz. Y ni siquiera te das cuenta. Y quiero verte salir. No eres feliz porque siempre estás buscando fuera. El espejo. Y ni aun cuando lo encontraras, serías feliz, porque queriendo verte a través de otros ojos, nunca estarás satisfecha con la imagen que te devuelva, ningún espejo. Hasta que te canses, y busques otro. Como Madame Bovary. 
1-  Pero me hace desdichada. Mi mayor virtud, es mi mayor condena. Y te extraña que no pueda verme bien.
2-  Sé que acabarás viéndote. No quiero que dejes de ver las cosas malas que haces, o que eres. Pero quiero que veas también las buenas. No sabes la semilla que sembraste en mí al conocerte. No sabes los árboles que han ido creciendo a tu paso. Me cogiste de la mano, me llevaste fuera de la tumba.  Eres tierra fresca. Mi noche estrellada. Estás exenta de coraza. Esa que todo el mundo tiene. Incluso cuando intentas ser quien no eres, no te sale. Eres incapaz de mentir. No puedes. Por eso me desarmaste. Y dejé que me tocaras. ¿Eso, para ti, es haber hecho poco?

jueves, 28 de marzo de 2013

Mi laberinto



Hace ya tiempo que el mundo cambió de color, y se pasó a tu parte. Esa parte que aún no conozco, que ni siquiera sé si me fue negada. Que me es simplemente ajena. A veces siento que llevo la mitad de mi vida pendiente de aprender una misma lección, la misma, una y otra vez. Como si tuviese que empezar de cero, porque siempre se me olvida. Porque soy mi propio laberinto, que cada día exploro, en el que me pierdo, y busco un conejo blanco en el lugar equivocado. Este laberinto que parece la biblioteca de la abadía de Guillermo de Baskerville, tenebrosa, oscura, solitaria, polvorienta, y llena de secretos. De ráfagas de aire, espejos, y fantasmas imaginarios. No quiero pasar la vida buscando la poética, para acabar sabiendo lo que sabía desde un principio: que la llevo dentro. Quiero salir del dédalo que me asfixia, en el que veo tu imagen reflejada, como un espejismo, como una condena. Quitarme este hábito que arrastro, como una losa. Como una pequeña Benerice. Estudiando corazones. Sintiendo mentes. Quiero encontrar una luciérnaga en la palma de mi mano. Un canto que me serene en mi garganta. Un claro sin oscuros, en mi mirada.
Y voy a ensayar otra vez. Para esa obra que no sé si algún día estrenaré. Que cada día procuro enfrentar, sabiendo un poco más. Dándome una nueva oportunidad, para olvidarme de ensayar. 

Ya lo sabía


"No te preocupes, no voy a robarte esa canción". -Y sonrío, emocionada, mientras la escucho sin decírtelo, y se me va agarrando por dentro.
Me había advertido que no debía acercarme tanto, que la verdad 'es como una manta que siempre te deja los pies fríos'. Habría sido mejor permanecer ignorante, soñando, más tuerta, pero más feliz, seguramente. Pero en un impulso, he sentido la fuerza que acompaña mi alegría, esa que me permite seguir ardiendo la vida con la misma fuerza, con el mismo entusiasmo, aun sabiendo que no quieres, que no querrás verla arder, ni arderla (conmigo).
Y ha pasado, yo ya lo sabía, por eso no quería. Entrar en una intimidad que no es la mía. Desde la primera línea, hasta la última. No quería imaginar que rezumaras tanta belleza, tanta que duele. Y es que siempre he sabido que pasaría.A otros he tenido que disfrazarles, para encontrarlos más especiales. Eso es una putada, tú deberías saberlo. Y lo peor es que lo sabes. Porque compartimos la misma nostalgia. Tú con ella. Y yo contigo. Ella es tu fantasma, y tú eres el mío. Y yo soy el fantasma de otros, y así caminamos, como fueguitos ciegos que no se entienden. Y eres tan extraordinario, que sé pasarías tímidamente tu brazo por mi hombro, y me gastarías una broma, me dirías que eres un desastre, un histérico, y me harías reír. Y yo tendría que irme corriendo, porque sentiría esta punzada, esta espina, y mis tesoros saldrían de sus madrigueras y vendrían corriendo a intentar sacarla, -a intentar sacarte-, de mis entrañas.
Por eso, sonrío, y ya no lloro. Pronto esta tristeza se convertirá en un recuerdo nostálgico, de haber podido converger con lo Sublime kantiano. Y desde aquí, arderé con la misma fuerza. En cenizas que se harán burbujas, a mí, también para mí, que me encuentro a gusto con la vida, y las pompas de jabón. Yo te he visto siempre, porque somos de naturaleza afín.

viernes, 29 de marzo de 2013

Hijas de Lilith

2- ¿Qué dices, linda flor?
1 - Hola, bella cual camella
2 - ¿Nos vamos a cenar?
1 - Yo he cenado ya. Pero puedo ir y sentarme contigo en la ventana de mirar, como los jubilados del geriátrico.
2 - Jaja, la ventana de mirar...
1 - Me duele la caesa, como dice mi primo pequeño
2 - Para el dolor de caesa va muy bien la infusión de sauce o de bayas de sauco
1 - Pareces la abuela de Pocahontas hablando
2- ¿Por qué soy un árbol drogado que canta mientras habla, Elia?
1-  ¿Me dejas usar esa frase? me ha encantado
2 - ¿Usarla? No te entiendo, tía. Tengo los sesos fritíos de tanto beber
1 - Hablando de sesos, ¿Lo has leído?
2- Sí. Mu bonito Elia, menos por lo de la cita al coñazo de película donde un payo se suicida porque su pare no le deja salir en la obra...
1 - Jaja, qué grande eres...
2 - Pero si llevo un 35 de pie...
 Llega un tercero en discordia
3- Elia, si hace pupa, hace pupa. Déjate ya los dramas y las telas de araña.
1 - Uhm, pero si yo...
3 - Ni peros ni nada. ¿Qué son esos deseos ardientes y esas tristezas sombrías? Pareces una princesa del siglo XIX llena de tormentos. Eres una mujer hecha y derecha.
1 - Si lo que yo quería decir es que...
3 - Que no. Ya está bien de darle vueltas. Sigue igual de increíble, un ángel con un don especial, con polvos mágicos capaces de encandilar, muchacha.
1 - (Con los ojos muy abiertos y mucho miedo) Lo intentaré... Digo... Vale
3- (Con el ceño fruncido) Pero, ¿Me prometes que es la última vez, eh?
1- (Sumisa) Prometido...
La 2ª en discordia, aburrida 
2 - Bueno, ¿nos vamos de cañas o qué?

"Entonces le pareció el mundo obra de un Dios doliente y atormentado. El sueño y la invención de un Dios me pareció ser el mundo. Algo semejante a nubes de colores delante de los ojos de un divino insatisfecho. Bien y mal, alegría y dolor, tú y yo; tales eran para mí las nubes de colores ante los  ojos de un creador. Alegría embriagadora y olvido de sí mismo: tal me pareció un día el mundo. Este mundo, eternamente imperfecto, imagen, e imagen imperfecta, de una contradicción.
Yo, que sufría, me superé: he llevado mi propia ceniza a la montaña, he inventado para mí una llama más clara. Y he aquí que el fantasma se alejó de mí. Ahora sería para mí un sufrimiento y una humillación creer en semejantes fantasmas.
Verdad es que amamos la vida, pero no porque estemos habituados a ella, sino al amor.  En el amor siempre hay un poco de locura. Pero también siempre hay un poco de razón en la locura. Y para mí, también para mí, que me encuentro a gusto con la vida, con las mariposas y las burbujas de jabón, y todo lo que entre hombres se les asemeja, me parecen ser los que mejor conocen la felicidad.
En nombre de mi amor y mi esperanza, yo te conjuro: ¡no arrojes lejos de ti tu amor y tu esperanza! Todavía tú te sientes noble. ¡No arrojes lejos de ti al héroe que hay en tu alma! ¡Santifica tu más alta esperanza!. Que vuestro amor por la vida sea el amor a vuestras más elevadas esperanzas, y que vuestra más elevada esperanza sea el pensamiento más elevado de la vida".
ASÍ HABLABA ZARATUSTRA.

domingo, 31 de marzo de 2013

Fluir

Hoy me he olvidado lo que es escribir por estar triste, por no poder dormir.
He olvidado la obligación de tener que hablar de algo que me preocupa. Son sensaciones nuevas, pero antiguas. Raras y familiares. Una especie de seguridad en que todo irá bien. Un no saber lo que me deparará el mañana, acompañado de una inusitada tranquilidad, en un domingo descolocado. Como sentir que, a pesar de todo, tienes muchos ases en la manga, cuando sabes que no tienes ninguno, pero no importa. Porque tienes la certeza de que va a ir bien, sin que haya pasado nada, sin que haya cambiado nada, nada más que tú. Lo maravilloso que es quitarse una losa, dejar de necesitar un resultado, una victoria. Y como dijo Cortázar, deja de ser agotador ser todo el tiempo yo misma.  Desenvolverme, y envolverme en esto que sí me gusta, en esta tregua y este entendimiento que de repente encuentro, donde sólo hay sitio paramí, donde quedo en paz, donde por fin entiendo, donde me veo con claridad. Y me gusta. Me gusta a mí.
 "He visto lo que de verdad es el deseo, y lo que es el miedo. He visto a hombres desmoronarse y transformarse en niños. Y después cambiar de nuevo y convertirse en bestias feroces. He visto soñar sueños maravillosos, y he escuchado las historias más hermosas de mi vida, contadas por hombres cualesquiera un instante antes de lanzarse al mar y desaparecer para siempre. He leído en el cielo signos que no conocía y contemplado el horizonte con ojos que no creía poseer. [...] No me equivocaba allá en la orilla, en aquellos inviernos, al pensar que aquí se encontraba la verdad. He tardado años en descender hasta el fondo del vientre del mar: pero he hallado lo que buscaba. Las cosas ciertas. Incluso la más insorpotable y atrozmente cierta entre todas. Esta mar es un espejo. Aquí, en su vientre, me he visto a mí mismo. He visto de verdad" (Alessandro Baricco, Océano Mar).

jueves, 4 de abril de 2013

Aunque se caiga el mundo


Sí, pero qué importa si te cruzas con Alguien, y te recuerda que estás enterrada en vida, entre tanta vida, y los zapatos, de repente, te aprietan, y a ti te duele seguir mirando, porque no puedes participar, y tienes que salir corriendo. El día que la vida te da un pellizco, que te muestra lo que más te gustaría en forma de una imposibilidad. Pero finges que no importa, te vas de prisa, sin mirar atrás, y sí, al principio lloras, haces lo de siempre, te desahogas, y no quieres que nadie te vea, que nadie te escuche, aunque se caiga el mundo. Es cuando lo ves todo tan claro, con el espejo frente a ti, el de hoy y el de antes, todos los espejos juntos, todo el ansia por la vida que sigue pugnando por salir y que tú aún no has conseguido canalizar, y por eso lloras. Y tienes que huir de la calle, de la gente, de tu casa, en un impulso, a comprar ese libro, a mimetizar esas vías.
Qué importa si después eres puro brillo, cuando la angustia se te ha agarrado por dentro y tienes delante, a tu alcance, todas las posibilidades, menos aquella que más te atrae. La misma energía que te hace tener ese entusiasmo que te caracteriza, es la  que luego te consume, que es devorada por la vida inauténtica de la que tantas veces he hablado, esa que quiero evitar, pero me alcanza. Porque
te necesito a ti también, como la sensibilidad necesita de las intuiciones, para no ser ciega. "Las intuiciones, sin conceptos, son ciegas". Los conceptos, sin intuiciones, son vacíos" Y yo ando obnubilada, desorientada. Llena, pero vacía. En una espiral de desasosiego donde ningún libro, ninguna película, ningún amanecer puede aliviar. Sólo si te miro a los ojos. Unos ojos que cada día se muestran más distantes. Unos ojos que ni siquiera me han visto. Donde sé, además, que no debería perderme. Porque yo persigo un sueño encarnado. Un sueño con sus propios sueños. Sí, pero qué voy a hacer con esto, que se me escurre entre los dedos y no se le permite salir. Y sólo tengo que encontrar otro camino, esa otra vía, porque ésta se me queda corta y tú te niegas a quedarte. 
" Sí, pero quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette, saliendo de los portales carcomidos, de los parvos zaguanes, del fuego sin imagen que lame las piedras y acecha en los vanos de las puertas. Entonces es mejor pactar como los gatos y los musgos, trabar amistad inmediata con las porteras de roncas voces, con las criaturas pálidas y
sufrientes que acechan en las ventanas jugando con una rama seca".(...) "Porque soy capaz de caminar una hora bajo el agua si en algún barrio que no conozco pasan Potemkin, y hay que verlo aunque se caiga el mundo, Rocamadour, porque el mundo ya no importa si uno no tiene fuerzas para seguir eligiendo algo verdadero, si uno se ordena como un cajón de la cómoda y te pone a ti de un lado, el domingo del otro, el amor de la madre, el juguete nuevo, la gare de Montparnasse, el tren, la visita que hay que hacer, y creo que eso me lo agradecerás un día cuando comprendas, cuando veas que valía la pena que yo fuera como soy. Pero lloro lo mismo, Rocamadour, me equivoco, porque a lo mejor soy mala o estoy enferma o un poco idiota, no mucho, un poco pero eso es terrible, y te quiero tanto, Rocamadour, nariz de azúcar, arbolito, caballito de juguete..."
Capítulos 73 y 68 de Rayuela


 Y lo peor, es que es verdad. Todos tenemos taras. Y puedes pensar que los que tienen patologías se aburren con la gente 'normal', que las personalidades patológicas buscan siempre algo o alguien que les dañe, para poder seguir sintiéndose desgraciadas. La víctima que se alimenta de la tragedia. Puede ser.
Pero también parece que, para que uno sea normal, y no tenga taras, es necesario que sea una persona realmente simple. Alguien que no piense, cuyo mérito resida en algo que en sí parece sencillo, que requiere una renuncia inmensa para los tarados. Eso que dicen que es lo propio de las personas inteligentes: Adaptarse.

Y yo lo sé, y por eso lucho cada día, con lo que soy, lo que me gustaría, querría, debería, y podría ser. Rompiendo el corazón de un mundo que nadie puede ver, el de mi propia esencia, que quiere ser partícipe, y sólo encuentra este teclado, algunas palabras amigas, y unos cuantos abrazos, para poder expresarse. Y puede que me esté condenando, que ése no sea el camino.
Los demás creen que eres arrogante, que te crees más lúcido, más listo. Pero es todo lo contrario. Es como el muñón que te falta, y que cada día echas de menos.
La sensibilidad es ciega, sólo intuye, siente, y este mundo está hecho para los que ven, para los que actúan, no para los que sienten. Y el que siente lo sabe.Y el que ve, no lo entiende.
Los que se adaptan, no es que sean especialmente felices. Simplemente (sobre)viven, buscan un camino que trazar en común, sin vivir grandes aspavientos, sin grandes expectativas. Dejando que pase la vida, sin saber exactamente cómo, sin preguntar mucho. Es lo que tienen que hacer. A la razón no hay que ponerle alas, sino plomo. Ya lo dijo Kant. Ese es el camino cómodo y aburrido que ya transité, donde intenté quedarme, y acabé estallando como una bomba de relojería. Ojalá hubiese podido quedarme en él. Ojalá me hubiese sido posible ser feliz ahí. Pero no fue así.
Y, una vez que lo abandoné, que me enfrenté a las ruinas que aquella bomba dejó a su paso, sabía que no sería fácil lo que venía después. Reconstruir mi vida. Reconstruirme a mí.
Despertar en ese túnel que era frío, oscuro, solitario, donde debía abandonar toda esperanza. Como un vivo en el reino de los muertos, de los que ya no tienen fe. Porque es raro dar con un cronopio que aún conserva la ilusión por las mismas cosas que cuando era pequeño. Adaptados o no, simples o complejos, cronopios o famas, todo el mundo pierde la primera esperanza, el primer rayo de luz. Y yo me había aferrado a él con toda la fuerza que me era posible
Y sé lo que digo. Porque cuando por fin das con alguien que también anda a ciegas, pero es capaz de sentir, más que de ver, de repente, cuando intuye que habita lugares comunes contigo, se muere de miedo, prefiere seguir inadaptado, no ya al mundo. Se trata de una inadaptación mucho más profunda: la inadaptación como forma de vida. La incomunicación solitaria que un día habla. Por fin encuentra una vía. Pero es tan arriesgado, tanto lo que se juega al dar ese paso, tan peligroso comprobar que su mundo apartado puede llegar a ser compartido, que como los esclavos de la caverna platónica, se asustan, y eligen quedarse en ella. En esa caverna que es como un desfile de máscaras donde poder ocultarse, una bacanal sinsentido de relaciones patológicas que sólo llevan al dolor que previamente quería evitarse. Porque el miedo se alimenta de miedo, el dolor de dolor, la patología, de la patología.
Es extraño dar con un ingenuo que lo es por decisión propia. Que prefiere seguir creyendo en el lenguaje de las almas, hacer como si nunca hubiese sufrido, y volver a empezar, como si siempre fuese el principio. En la vida hecha para inventar tu propia forma de ser vivida. Aunque, quién sabe. Puede que esa tara sea la peor del mundo.

 "Debiera no conocerla, haberla encontrado en todas partes a la vez, en un hotel, en una calle, en un bar, en un libro, en una película, en usted mismo, en usted, en ti, al capricho de tu sexo enhiesto en la noche que grita por un cobijo, por un lugar en el que desprenderse de los llantos que lo colman.
Pero no podría encontrarla, porque en la luz del día no reconoce a nadie. Cuando usted lloró, fue sólo por usted, y no por la admirable imposibilidad de alcanzarla a través de la diferencia que les separa. Usted sigue hablando, solo en el mundo, como usted desea. De toda la historia, usted no conserva más que ciertas palabras que ella pronunció en el sueño, esas palabras que nombran lo que usted padece: el Mal de la Muerte. Muy pronto renuncia, deja de buscarla, ni en la ciudad, ni en la noche, ni en el día. Con todo así pudo vivir este amor de la única forma posible para usted: perdiéndolo antes de que se diera". (El Mal de la Muerte: Marguerite Durás)

viernes, 5 de abril de 2013

Desde mi ventana

...Y puede que creas que sí, porque yo también sonrío, y es cierto que soy feliz. Y ojalá con la imaginación se pudiera volar de verdad, porque es tanta la fuerza que me invade, que llegaría a tu lado sólo con saltar, con un pequeño salto desde mi ventana hasta tu ciudad, hasta el vino de tu copa y un concierto de jazz. Qué fascinante puede ser la vida si se acaricia de la forma adecuada. Si yo sigo llenando mis días, dándome una oportunidad a cada amanecer, acompañada de estos cerezos y almendros en flor que se forman en el surco de mi espalda cada vez que observo tu sonrisa desde mi ventana. Y si me pincho la yema de los dedos, casi no me duele, porque me pierdo en el tacto y el olor del tallo que acompaña la espina. La magia de la vida.Otto el piloto... claro que sí. Porque si me corto puedo ver mi sangre, la que ha salido por querer acercarme, oler y tocar ese rosal donde soy Alicia, y ella se duerme. Rodeada de estas rosas que no son presumidas, ni me rechazan. Que no les importa que me quede, ni tampoco que me vaya. Pero desde donde puedo hacerme pequeña, casi invisible, para poder entrar en tus sueños, invadirlos y susurrar todo lo que hubiese querido decir, eso que muestro en miradas desnudas y caricias de papel. Y hace que me quede dentro de ti cuando nos despedimos, acompañarte cuando estás lejos. Pero y cómo no ibas a quedarte cerca, cómo ibas a mirar hacia otro lado, si pudieras ver el mundo que construyo sólo para tus ojos, sólo para tus pies.

"Tu más leve mirada fácilmente me abrirá. Aunque me haya cerrado como dedos, me abres siempre pétalo a pétalo, como se abre la primavera, tocando hábil, misteriosamente su primera rosa. No sé qué hay en ti que se cierra y se abre. Algo en mí comprende que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas. Nadie, ni siquiera la lluvia, tiene las manos tan pequeñas..."  (Ee Cummings, en Hannah y sus hermanas)

sábado, 6 de abril de 2013

El Dios del Instante


Para atrapar ese instante efímero que puede significar la diferencia entre la mediocridad y la grandeza, entre la suerte o el infortunio, hay que agarrar a Kairós del pelo antes de que se escape. Para verlo cuando pasa, hay que mantener los ojos abiertos, la percepción alerta; hay que saber escoger una vida que tenga conciencia del valor del tiempo y de las mil y una maneras en que éste se pierde. Pero Kairós no tendría que llevarme a pensar en el tiempo perdido. Imagino un sitio al que van a parar esos hijos de Kairos que viven en cada uno de nosotros; esos instantes cuyas posibilidades no supimos leer.

Desde la otra orilla


Te saludo de semana en semana. Normalmente en sábado o domingo, que es cuando puedo despedirla, generalmente con una sonrisa, que al final nunca va tan mal. Siempre descubriendo libros nuevos, y, con suerte, se cuela algún concierto de jazz. Casualmente del profesor de música que era tu compañero en el instituto donde trabajaste. Siempre sonriente y siempre un crack. Es estupendo ver que a pesar de la porquería que nos mandan desde arriba, hay tantas personas capaces de levantar paraísos de belleza y alegría. Con un contrabajo y un piano que de repente se cuelan en un bar cercano, un jueves cualquiera. Donde te encuentras a media familia, entre amigos y desconocidos con los que tienes tanto de qué hablar. Y eso te ayuda a recordar que aunque no estés en la mejor ciudad del mundo, siempre puedes encontrar, si no tu lugar, al menos sí, tantos lugares comunes. Vivamos...

jueves, 11 de abril de 2013

Y no volví más


Y al volver a casa, me llega el mensaje preciso, por  todas partes. El que no quiero leer, el que no quiero escuchar, porque en el fondo sé que en las cosas siempre veo no lo que es, no lo que hay, sino lo que soy. Como si yo eligiese la frustración entre todas las posibilidades que existen a mi alcance. Como si prefiriese creer que tengo mala suerte, a pensar que me empeño en algo que no me lleva a ninguna parte. Porque me busco en los demás, porque me busco en ti. En un impulso irrefrenable para mí. Y luego están las malditas (y benditas) paradojas de la vida, y ahora me descubro escuchando a Sabina, porque siempre hay alguien dispuesto a hacerme un regalo, que le pasa lo mismo que a mí, pero al revés.  Aunque a mí no me importe, porque no eres tú quien ve esa luz. Y qué necesidad tengo yo. Y qué necesidad tienes tú, que ni siquiera lo sabes. Sería como enfadarse con una piedra por no ser de agua. Como frustrarse porque el agua no sea de piedra. Porque yo no me haga de piedra. Porque yo no te haga de agua. Y permitir que eso me afecte. Y dejar pasar la magia de la vida.
Ahora que entiendo que es mejor soltar las riendas,  sin la frente marchita. 
Y sonrío. Claro que sonrío.

Claridad

1.- Cuando escribiste "Desde mi ventana"  me pareció enigmática."Porque si me corto puedo ver mi sangre, la que ha salido por querer acercarme, olerte y tocarte, en ese rosal donde Alicia se duerme. Rodeada de estas rosas que no son presumidas, ni me rechazan. Que no les importa que me quede, y puede que tampoco que me vaya. Pero desde donde puedo hacerme pequeña, casi invisible, y entrar en tus sueños, invadirlos y susurrarte al oído todo lo que hubiese querido decirte, eso que muestro en miradas desnudas y caricias de papel. Lo que tú no te atreves, pero al final se te escapa el timbre de mi voz, y no me lo espero, y me hago grande." Este párrafo, por ejemplo. Me pierdo. ¿Qué representan las rosas de Alicia? ¿Por qué son indiferentes a ti? Y, ¿entrar en los sueños empequeñecida, invisible? Sin embargo, El Dios del Instante y Desde la otra orilla, esas sí me resultan más "cercanas", menos enrevesadas. 
2. - Desde mi ventana va dedicado a algo que no se puede alcanzar, las rosas son una metáfora, algo que duele, pero es bello, porque has aprendido a aprender del dolor también. Alicia entra a escena porque ella va buscando, pero las rosas la rechazan. Yo siento que soy rechazada también, pero que mi rosal no es prepotente ni soberbio como el de Alicia, sino que simplemente, no me ha visto, no le importa si me quedo cerca, y no sufre si me voy.  Y en los sueños, que aparezco invisible, no es por inferioridad, es otra metáfora: es cuando me imagino cerca de esa persona, en su vida, cuando no estoy con ella, pero quiero formar parte de su vida, y entro sin ser llamada, sin ser vista.  ¿Has visto Tierra de Julio Medem? Ángel, el protagonista, sale de sí mismo cuando desea mucho a Ángela, y su otro Yo hace lo que él no se atreve, y le habla, discute consigo mismo todo el tiempo. Pero tienes razón: yo creo que me desnudo mucho cuando escribo, pero es verdad que me da miedo ser demasiado clara.  
1. - Pues a mí con la explicación me gusta más
2. - ¿Pero ahora lo has entendido seguro? Porque claro, si tú que me conoces no sabes por dónde voy, no me quiero imaginar quien no sepa.. 
1. - Creo entender que hablas de amores no correspondidos, de personas que no te ven pero que deseas colarte en sus pensamientos. En realidad, Elia, no importa demasiado si es en alguien en concreto en quien piensas, puede ser uno o varios. Lo importante es que conectes conmigo.Yo podría sentirme identificada con tus palabras, sentirme como una yema de dedo que desea ser vista por las rosas, a veces incluso podría desear que me mordieran, su herida sería sentir, amar, desear, crecer y explotar. Incluso cuando duele, es mejor que ser invisible.Todo eso es lo que yo entiendo de tu lectura. Tú ya eres única, porque escribes desde el alma, aunque te escudas y te escondes. Cuanto más franca seas, más conexión crearás. No me refiero a que expongas de quién hablas, eso es lo de menos, es que los otros sean capaces de verse allí mismo, ante una rosa, penetrando en los sueños de los otros, viendo como una despedida no es tal porque siempre hay una parte nuestra que perdemos, que se queda con el otro. Ese amor es universal, en el sentido de que es compartido por todo lo que tiene ser es una preferencia, es un deseo de pertenencia. Cuando tú hablas de la indiferencia de la rosa, hablas de un sentimiento universal, aunque vivido de modo particular por tu propia experiencia. Hoy, que estoy más enamorada, quiero entender tus palabras. Quiero estar cerca de ese desgarramiento que se apodera de uno, sobre lo cual, lo más doloroso es la indiferencia. En eso puedes ahondar. En un sentimiento como ese, que se ha contado mil veces, pero se puede volver a contar, porque en cada palabra se viste de modo distinto, porque en cada acercamiento se desvela de forma más elocuente y vivaz.  Mi talón de aquiles son mis hijos...
2. - Entonces son tu pincha del rosal, de la que aprendes y disfrutas más que de nada, valga la metáfora
1. - Sí... Es cierto
2. - El mío es mi padre. De las cosas que más admiro de él, es que sea tan fuerte y a la vez tan vulnerable
1. - ¿Por qué no le dedicas unas palabras a ese sentimiento?
2. - Lo haré. Y si a ti te duele, si ese es tu talón de Aquiles, hazle un café a tu dolor. Y ya se irá cuando se aburra
1. - Qué dulce. Sobre eso también debes escribir. Eres especial
2. - Sí claro. Ya estamos...

"Yo pinto para salirme. No quiero profundidad. Debo tener alguna puerta cerrada..."

Tengo una sensación extraña, de esas que te vienen de muy dentro, y lo invaden todo, que van desde la punta de tus dedos hasta el faro del fin del mundo. Como un kairós que te visita y decide quedarse. Cuando llega, sientes los detalles a tu al rededor, como si tus sentidos se agudizasen, y estuviesen hechos para recibir cada estímulo con un radar mágico, y sonríes, porque puedes oler el pan del bar, sentir la nube gris que hay fuera, el chasquido roto de la puerta cada vez que se abre, y que trae con ella el aire frío del exterior. Cada mantel se hace especial, porque sabes que se trata de un momento que no se repertirá nunca. Ése, no. Una tarde cualquiera, pero única, donde se mueve un viento helado en primavera, y has visto las hojas y semillas de los árboles perderse en el tejado y en las calles solitarias, como cuando eras pequeña y jugabas en el parque. Y puedes ver escuelas de tres metros de altura, ovaladas, que te transportan a la infancia. No a la tuya, no a un momento concreto. A la infancia. Supongo que es raro, porque sencillamente te sientes feliz. Porque eres consciente, en ese instante, de lo afortunada que eres de estar ahí, de poder sentir el rayo de luz que entra desde el cristal de la puerta, que te calienta y hace que puedas ver el tono exacto de los ojos con más claridad, de poder hablar con ese entusiasmo de las películas que tanto nos gustan. En este presente que pronto se desvanecerá, y cada uno tomará su rumbo. Y mientras hablas del compás de la vida, y saboreas un café, miras de verdad a los ojos de las personas que te te acompañan y te parecen tan bonitas. Y te gustaría quedarte siempre en ese instante. Pero en lugar de ponerte triste, saboreas la vida eterna de los momentos fugaces. Esa que tus ojos me cuentan, que formamos, desde tan cerca. Cuando las palabras se quedan cortas para describir la luz que de repente sientes tuya, te pertenece, precisamente porque no necesitas poseerla, y solo quieres ser partícipe.

sábado, 13 de abril de 2013

El día que Woody Allen vino a visitarme


Querido monstruo... de las cavernas: 
Hoy no sé qué puedo contarte, qué querrías que te contase. Los días felices te dejan un sabor amargo cuando se pasan. Como cuando reúnes en un viejo baúl miles de tesoros antiguos, y los miras, y sonríes. Son cosas que incluso puede que hayas guardado ayer, o hace muy poco tiempo. Pero las miras con nostalgia, desde el mismo instante. Y sólo esperas no volver a olvidar la lección. No olvidar los momentos en que realmente te has sentido viva y feliz. No olvidar que es ahí donde debes quedarte, donde debes buscarte, explorarte, y seguir. Seguir siempre por ahí, no volver a perderte. Y claro que las viejas pautas siempre pugnan por salir, viejos hábitos que te comen las entrañas para causarte angustia, viejas voces que te dicen que ése no es tu sitio, y qué haces ahí... Pero no dejas que eso te atraviese, y pasa sin rozarte. Y sientes tanta magia al encontrarte en un camerino, mirándote en el espejo, repasando a Anna en tu cabeza, esa joven judía que eres tú durante veinte minutos. Y verte tan ausente. Y ni siquiera eres consciente. Y me siento tan arropada por mí mientras te miro, como si Woody Allen estuviera ahí conmigo, me entendiera perfectamente, y me dijera: ¡Pero ríete!. Como si pudiera hacer un guión con mi vida. Al precio de que nunca pase lo que me gustaría. Haces comedia en tu mente, a causa de la tragedia que sientes. Porque lo que no consigues hacer real, lo conviertes en literatura. De algo tiene que servirme esta nostalgia de tus ojos ausentes, de tus sentimientos en otra parte.
- Claro Woody, es que tú eres un genio. Ya lo has conseguido. Has hecho de tu enfermedad mental un arte. Pero yo luego tendré que enfrentarme a que desaparezca. Al escenario vacío, al silencio, a su ausencia. A la de todos. Y a eso que no quiero, que no me apetece, pero tengo que hacerlo. Y esa voz martillea mi cerebro. TENGO QUE HACERLO.
- Pero Elia, ¿y qué? haz lo mismo que yo, ¿a qué esperas? te lo dice un judío, que de esto entiendo. No se nace con estrella, ni estrellado. Construye tu propia estrella. Ya lo estás haciendo. Mira cómo brilla. ¿Y los regalos? ¿Qué me dices de los regalos? tu familia en primera fila, tus antiguos alumnos, que no tienen por qué, pero están ahí, tu nueva amiga, que de repente es tan importante, el narrador de Nuestro Pueblo, el arcángel Gabriel sin pronunciarse. Y aquí yo, hablando contigo en esa cabeza loca que tienes. ¿Y te quejas?
Y agacho la cabeza. Porque el cabrón siempre tiene razón, hasta en mi cabeza.

Querido bestia parda, ya te advertí que hoy tenía poco que contar...

lunes, 15 de abril de 2013

El Canto de la Noche



 "Mis días, que huelen a frescas montañas, me acompañan de ríos tranquilos en los que me baño.... Yo, toda yo, rodeada de latidos que me acechan"



Es de noche: a esta hora hablan más fuerte todos los manantiales. Y también mi alma es un manantial. Es de noche: sólo ahora se despiertan todas las canciones de los amantes. Y también mi alma es la canción de un amante. 
Luz soy: ¡Ay, si fuera noche! Mas ésa es mi soledad, estar circundado de luz. ¡Ay, si yo fuese noche y oscuridad!  ¡Aun a vosotras os bendecería, pequeñas estrellas centelleantes, luciérnagas del cielo! Vuestros regalos de luz me darían la dicha. Pero yo vivo en mi propia luz, yo reabsorbo en mí las llamas que de mí brotan. 
¡Oh, soledad de los generosos! ¡Oh, silencio de los que brillan!Muchos soles giran en los espacios vacíos. A todo lo que es oscuro le hablan con su luz, -para mí callan. 
Es de noche: a esta hora brota de mí mi deseo, cual una fuente. – Hablar es lo que deseo. Es de noche: a esta hora hablan más fuerte todos los manantiales. Y también mi alma es una fuente saltarina. Es de noche: a esta hora despiertan las canciones de los amantes, y también mi alma es la canción de un amante.”
  Así habló Zarathustra

 Friedrich Nietzsche

martes, 16 de abril de 2013

Maldito Occam


Y es que, normalmente, las cosas son lo que parecen. Y las explicaciones, cuanto más simples, mejores y más veraces. Cuando una pasa mucho tiempo buscando una verdad, en los mas recónditos rincones, en las orillas de los ríos y en las aceras, a veces olvida la explicación más sencilla, y así, lo más importante. Porque en las pistas se halla todo lo que necesitas saber. Tu intuición es el mejor arma que posees. Pero a veces es tan dura, nos muestra verdades tan lejanas a lo que nos gustaría que fuera... que nos volvemos metafísicos de conveniencia. Si al final no hay zanahoria, dejamos de confiar en la navaja propia, y seguimos a ciegas la navaja ajena, llenándonos de premisas que tienen sentido cuando caminan solas, pero ninguno si no transitan, no si laten muy dentro de una. Porque nadie mejor que tú lo sabe. Y por más que quisiera que fueran reales estos Sueños de una visionaria, que fuese verdad que la vida a veces sólo nos muestra una parte, pero que queda latente y escondida otra, (la que yo quisiera) al final, la ilusión por lo que no vemos, por lo que no Es, puede ser agonizante. La caída insuperable. Y nada vale tanto como esta vida que habita delante nuestra, como esta rosa con su olor a cuestas, que a veces no confía en su propio aroma, y en que puede llegar donde desea. Pero llega sin ser llamada. Sin tener que desplazarse.

miércoles, 17 de abril de 2013

La Piedad inacabada


El espejo no siempre devuelve el reflejo que nos gustaría. Eso ocurre cuando durante la mayor parte del tiempo le damos la vuelta para que refleje el exterior, al mundo... a ti. Cuando, pasado un tiempo, volvemos a mirarnos, puede que la imagen sea confusa. Que te descubras en medio de mil caminos, y observes una trayectoria imprecisa de ensayos y errores. Los que miraste, los que hubieses querido transitar. Los caprichosos caminos, volubles, inciertos, dolorosos, pero bellos... Tus favoritos. Los que tú misma te marcaste desde un principio, en cambio, están limpios de huellas, no te ilusionan. Son plomizos, largos, fríos, grises, pero son los que todo el mundo te recomienda, porque tienen recompensa. Y de ahí viene tu lucha interna, el espejo que no entiende lo que muestra, y para ti es un enigma. El abismo cada día es más grande, te da más vértigo. El tiempo pasa y tú tienes que decidirte. Tienes que convencerte desde dentro de que las baldosas irán apareciendo, tienes que confiar en que te estás construyendo, en que vas a llegar al centro. Pero la verdad es que aún no eres Miguel Ángel, no ves una escultura en el mármol. Ves muchas, pero a veces el mármol es demasiado duro. O tu técnica imperfecta. Y siempre repites la Piedad inacabada. Mientras, la Pietà perfecta espera, paciente y silenciosa. Y por eso le das la vuelta al espejo. Mirarlo te desborda, te marea. Pero debes estudiarlo, cuidarlo, cada día. Leerlo, como un libro. "Los libros son como un hogar. En los libros podemos refugiar nuestros sueños, para que no se mueran de frío". Y Despedirte del resto de espejos. Llorar si es necesario por ese que hubieses querido que se quedase contigo. Y puede que así, descubramos un único camino. El nuestro. 

viernes, 19 de abril de 2013

Fiesta en la cocina


Un día creí que había perdido mi alma. Y lo que sucede es que, muchas veces, me desborda. Es como si tuviese vida propia. Me desobedece, se sale, se pierde. Y, cuando me reconoce, vuelve. Con la frente marchita, y una disculpa. Me cuesta cogerla de la mano, es de aire, y se me escurre entre los dedos. Y paso tanto frío en su ausencia, la he buscado tanto fuera. Pero de repente se acerca, sigilosa, sin que la vea. Acaricia mis manos, y me abraza por la espalda. Me susurra al oído que nunca quiso abandonarme,  que nunca quiso herirme. Que fue mi mano quien la desterró un día de su reinado, hace tanto que ni lo recuerda, y que ella aprendió a vagar. Me hace llorar, la echaba tanto de menos, porque fue así como yo comencé a sentir esta angustia, esta búsqueda incansable, esta sensación de pérdida. El mirar sin ver, el no reconocerla cuando ella quería quedarse conmigo. Pero cuando vuelve, hay fiesta en la cocina. Y hace que todo vuelva a brillar. Me río cuando voy por la calle, me hace reír y llorar, la gente se me queda mirando, seco las lágrimas, y me río más. Hay que tener el espíritu muy templado para afrontar semejante fuerza. Si por ella fuera, siempre estaría jugando. Me está enseñando a jugar...

Tendida en el suelo, me miro en tus ojos. 

Bruja volandera, tú me sobrevuelas. 

Estás aquí, Ana... no tienes miedo.  

Estamos todas, todas contigo. 
(Final de Caótica Ana)

miércoles, 24 de abril de 2013

Luz de mi vida

"Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta"

 Quiero retener esto que siento, porque puede que mañana despierte y se haya ido, y hace media hora quedaba tan lejos. Siempre intento dar sentido a todo lo que me rodea, a todas las situaciones, a todas las personas, incluso para explicar por qué no lo tiene. Será por eso que a veces se me nota un poco demasiado que estudiaba filosofía, no lo sé. Lo cierto es que siempre me ha angustiado la sensación de no poder aferrar al entendimiento nada de lo que pasa en el ámbito humano, que la inteligencia emocional de las personas sea tan caótica, que cada uno ande con su dolor, traumas y taras a cuestas, reafirmándose en ellas, en lugar de mirarse como un cirujano observa a su paciente antes de operarle. Sin defensas, sin juicios, queriendo descubrir, más que defender, buscando desvelar, más que atacar. Y te frustras llegando a casa, en la humedad de una noche de primavera, pensando en lo que te cuesta entender por qué las personas actúan como lo hacen, y te miras a ti, sabiendo que pasado un tiempo entenderás las cosas que necesitas saber. Pero te reprochas no ser más avispada, más perfecta, ahora. te enfadas con Aristóteles por no haberte dado una solución mágica. Hasta que te das cuenta de que tú siempre intentas actuar del mejor modo posible, y que, a pesar de ello, te culpas. Que hasta los peores errores los cometes por haber querido controlar tu parte irracional, porque el sentido común no lo es tanto, y la justicia exacta no existe. Porque siempre vas a decir o hacer algo que luego vas a lamentar. De ahí que me haya sentido en mi vida continuamente en un mar de dudas. Son las ganas y el ansia de hallar el bien y la verdad, una seguridad en mis acciones. Aunque esto no significa que la sangre no actúe, que a veces no quiera hacer daño cuando algo me lo hace a mí. No significa que sea inocente. Yo también soy la cauterización de una herida, que puede llegar a ser agresiva para defenderse. Aunque en el fondo...Kakuro... El corazón se me encoge como un gatito hecho un ovillo. 
Perseguir las estrellas, para no acabar como un pez en la pecera...(Muriel Barbery: La elegancia del erizo)

La Última de la Fila

Y, ahora, he de reconocerlo: una vez estuve muerta en vida, y no lo sabía. Sabía que la vida pasaba por mí, que yo vivía mi vida, sin mí. Sabía que me faltaba algo, y pensaba que era a causa de mi característico inconformismo.
Pero eso es lo que ocurre cuando una no sabe de lo que es capaz. No puedes dar lo mejor de ti cuando no conoces el abismo que llevas dentro. Ni la pasión que te mueve. Si has vivido siempre en una guarida, cuando sales, te sigues sintiendo cavernícola, solitaria, pequeña. Oscura y sin espejos. Pero, cuando sales, observas la belleza, y no crees que puedas ser partícipe de ella. La disfrutas, la contemplas, pero piensas que no puedes identificarte, que siempre se queda fuera de ti. Que tu identidad siempre habitará en esa caverna de la que provienes, porque no crees que de verdad puedas dejar de ser lo que fuiste, o sacar lo que llevas dentro y que antes no pensabas que tenías. No te crees que de verdad el Patito Feo pueda convertirse en Cisne, como te llama tu padre. Porque ese supuesto Cisne, se sigue sintiendo patito feo, comportándose como tal, quedandose el último de la fila. Y no es que un día el Cisne se vuelva arrogante ni orgulloso. Sino que, un día, empieza a nadar de verdad, a disfrutar del río de la vida, de la oportunidad que ésta le brinda. De sacar todo el partido a ese abismo que empieza a conocer, a esa belleza a la que sí pertenece, a la que está hermanado por sangre. Porque pertenecemos al lugar donde decidimos ir. Lo sentimos por dentro, y el río nos lleva donde queremos, si somos capaces de creer en la fuerza y belleza que nos acompaña, cuando le damos permiso para que baile con nosotros.

No hay otros mundos, pero sí hay otros ojos


  He aprendido la magia en otro estadio, en otra   dimensión. He aprendido a compartir sin estar cerca, compartir el amor por las sagradas formas de expresión, por mi propia opinión, por mi pasión compartida.
Otras formas de ser feliz, mucho más importantes, mucho más necesarias. Eso que llevo tanto tiempo teniendo que aprender. Y que me produce la sensación de estar siendo partícipe de algo bello, de algo hermoso.
Esa luz traspasó mis retinas, y primero me dolió, porque sabía que era inmensa, que no podría poseerla, sólo observarla, y me vino el antiguo dolor que tanto he conocido. Pero, después, conseguí asimilarla como propia. Al principio no sin tristeza, no sin la amargura de tener que dejar que se fuera. Pero no quise, no dejé que ese dolor se me agarrase por dentro, ya no.
Esa luz ahora está cosida a mis retinas, se están asimilando, reconociendo, porque siempre la he usado para alumbrar fuera de mí. Nunca para mí.
Y todo apunta, hasta las películas de la filmoteca. A hacerme ver que no podía seguir estando tuerta. Existe vida bajo las cosas. Y una fuerza increíblemente benévola que me hace comprender que no hay razón para tener miedo, jamás. La llevo dentro. Siempre la llevé dentro. Acepto mi deseo, acepto vivir siempre, y mientras tanto, decido dedicar mi vida a ser feliz. Decido decir sí a la vida, sí a mi voluntad. Decido ser mi mejor versión en todos los mundos posibles. Decido ser vulnerable pero lista, transparente pero lúcida. Ya me he quedado con la esencia, ya he robado tu entusiasmo, ya baila en mí un Dios.

 "A veces hay tantísima belleza en el mundo, que siento que no lo aguanto, y que mi corazón se está derrumbando"










Mientras un ligero mareo y una conciencia intranquila martillean mi cerebro, me reprocho descuidar tanto mi hogar, ir tan perdida entre copas de vino y miradas al otro lado, no servir nada más que de boquilla, y nunca de ejemplo. Llevar las riendas no debería costarme tanto, usar esta llave que es lo único que poseo y que no hago más que perder, que olvidar, que dejársela a los demás. Porque es verdad que tengo suerte, una suerte inmensa. Siempre tengo cofres dispuestos a guardarla, a darle un beso a mi llave rota, a darle brillo cuando se enrobina. Esta llave que no eligió serlo, que no sabe abrir puertas, que es como un niño, y no entiende el valor que posee.  
 "Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí. Sí, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir sí: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo" (Así hablaba Zaratustra)
 Pero cómo me gusta haberme dado cuenta... aunque haya tenido que dar tantas vueltas. Tantas veces he cambiado de boceto, y de cuadro, para llegar al origen, el que he pintado sin quererlo, el que había perdido de tanto buscarlo. Y ahora nunca lo voy a olvidar, porque acabo de coserlo.
Hay veces que cuesta demasiado levantarse y  seguir. Sobretodo si es lunes y te queda la resaca de un domingo sombrío. Pero entonces llegan las palabras precisas al otro lado, que te hacen recuperar la cordura que habías dejado abandonada, cuando decidiste entrar a un bosque inhóspito, sólo acompañada por tus ganas, por tus deseos de la llegada de un sol naciente. Donde los búhos fariseos te dicen que te tires al precipicio, porque es la única manera de adentrarte de veras. Pero de repente escuchas una voz distinta. Una lechuza nival que te dice que no es cobardía si no llegas al borde. Cuando estás a punto de perder por completo el Norte, de olvidarte de ti, por cumplir un deseo, hay alguien que te sujeta del otro lado de la cuerda, y no te deja que saltes. Porque te conoce. Porque sabe que no estás lista. Que luego no podrás recuperarte. Que saltar no te corresponde, que el bosque no te ha demostrado que sea digno de tamaño riesgo. De las heridas que luego tendrás que lamer durante meses para que cicatricen. De lo frías que pueden llegar a ser ahí las noches, sin tener piel de oso. Como si hubiesen podido ver mi alma cuando tú ya no distingues "bien y mal, alegría y dolor, tú y yo" ni amor de orgullo, ni valentía de suicidio improcedente. Y pusiera sus gafas, las del sentido común, la estadística y probabilidades de sobrevivir, a mi alcance. Y Salomé vuelve, Salomé antes de consumirse por la ira y la locura. Su elegancia sin ser manchada, su alma, de nuevo, protegida y abrazada. Conservando el olor de la rosa, sin haber llegado a marchitarse.

viernes, 26 de abril de 2013

Tierra donde se hunden mis raíces

Yo he salido de la tierra. Mis semillas están coladas, a oscuras y frescas, bajo una tierra fértil y llana, regada por el llanto del desconsuelo, de las vidas pasadas y pasajeras,  los Nadies son los que poblaron mis antiguas generaciones. De donde yo vengo no hay esperanza. Las ilusiones son vanas, el destino incierto. A mi alrededor encontré ojos insatisfechos, almas en pena. Más de la mitad de la raíz de la que provengo habita en esa tierra. La que más conozco. La otra mitad, es la que lucha desde dentro, la que me lleva al lugar que primero tuve que inventar en mi imaginación, a través de canciones y cuentos grabados en cintas que yo escuchaba a oscuras, de niña, en la cama. Así fue como descubrí que había algo más esperándome, palpitando desde mis entrañas. Me ha costado mucho desentrañar esa morada. Las raíces me empujan desde abajo, mis brazos y pies están sujetos, las raíces se han convertido en cuerdas que no me sueltan. Pero desde hace un tiempo, he aprendido el lenguaje del bosque, la piedad de los árboles. En cada pálpito, en cada ilusión, en cada libro, en cada pasión que deposito en esa semilla, está el lenguaje de esa tierra mojada que se va abriendo paso, se va apartando, y yo voy saliendo poco a poco, en un llanto feliz. En esa obra de teatro, observando esa otra mitad de mi semilla, hecha del entusiasmo por la vida, por el valor, el amor, el humor, y la sabiduría. Un brazo adelanta, el otro, sujeto, se antepone. No es fácil desatarse, no es fácil soltarse y arrancar una parte que es tuya, que te pertenece, aunque sea la que te impide convertirte en lo que tú serías, si no tuvieras memoria. Si no tuvieras miedo.

sábado, 27 de abril de 2013

Humo de un cigarro que fuma Gardel

No sé si es miedo lo que me dan estas noches extrañas de abril que casi son de mayo, cuando pasan de primavera a invierno en cuestión de horas. Las personas parecen distintas. Cuando el aire mueve la lluvia, parece que están lejos. Todos se miran entre sí como esperando a alguien que no llega, sin decirlo, sin hablarse. Los bares se quedan vacíos, y yo salgo de mí, deshabito mi cuerpo, y me miro con distancia. Estoy anestesiada mientras hablo del futuro, del trabajo, de la vida y los viajes que quiero hacer. Y no sabes qué suerte: ya no me acuerdo de ti. No me preocupo de vosotros, no siento la falta de un muñón, ni me siento a la espera como ellos. Aunque me falten horas en el reloj. Pronto llegará el calor, pronto estaré en otra parte. Y cada vez me gusta más estar aquí, quedarme conmigo, ser mi único testigo, y no mirar alrededor.

lunes, 29 de abril de 2013

Mad world

Pues claro que habito un mundo loco, donde no entiendo nada, donde muchas veces no comprendo ni yo por qué elijo ser partícipe. Me gustaría estar por encima de tantas cosas. Me gustaría tanto estar cerca de otras. Pero no decido lo que me pasa, lo que me afecta, no de momento. Aunque cada vez encuentro menos hostilidad, menos desconsuelo, en mi propio seno. Es lo que proporciona la claridad, la mano aliada, los brazos compartidos, la complejidad bondadosa, la tragedia humilde, sin un ego que martillea, que se queda arrinconado. No quiero ser su sierva del ego. Y compadezco a los que son siervos del suyo y a causa de eso hacen daño. Se idolatre tanto a un amor falso, a un amor que no es tal. Es como invertir mucho en plata que te deja verde las muñecas, enrobinada la conciencia. De nada sirve engañarse, de nada sirve engañar, traicionar a los demás, y sobretodo a uno mismo, por no saber enfrentar que la vida no nos satisface. Hay que saber aprender eso. Porque luego te amontonas, te equivocas de zapatos, o te pones la camisa del revés. No dejo de sorprenderme. Es como si nos gustara acumular tragedias. Como si el dolor que llevas a tu espalda no nos hubiese enseñado nada. O a lo mejor es precisamente por querer anestesiarse y olvidar el anterior, recreando uno nuevo. En cualquier caso, no saben, nadie sabe, lo que me alegro de estar fuera. De haberme quedado fuera. Decir con la boca grande, que me gusta el lugar que ocupo, y todo lo que estoy aprendiendo, porque me puedo limpiar, aunque me haya ensuciado de una traición que me enseña, que no es mía, que no me pertecene, de la que otros se adueñan, y tienen que arrastrarla.  

martes, 30 de abril de 2013

Faro, cuánto llevo de ventajas

Si me imagino mi vida de aquí a un tiempo, cuando puede que algunas de las necesidades básicas estén cubiertas y sólo quede esperar unas vacaciones o una tarde libre para encontrar el paraíso, es posible que me siente en mi sillón favorito, puede que haga frío y llueva, como hoy. Tal vez recordaré a la Elia que hoy llega a casa calada y gris. Y puede que entonces tampoco haya conseguido entenderlo todo, atraparlo todo. Puede que entonces aún siga emocionándome con las mismas películas, llorando con las mismas escenas, recitando de memoria las mismas partes de los mismos libros, poniendo los mismos ejemplos, escuchando las mismas canciones, acordandome de las mismas melodías cuando miro los arrecifes coralinos bajo el agua. Puede que haya añadido muchos nuevos al repertorio. Y puede que entonces todo lo que ahora no entiendo haya cobrado sentido y piense que formaba parte de una etapa cerrada y necesaria. Quién sabe. Puede que hasta tenga un gato y me ría. Pero lo que quiero decirme, lo que quiero decirte, es otra cosa. Y no sé si voy a encontrar las palabras, porque cuando me pongo a pensarlo, se me agarra por dentro, se me forma un nudo, las letras se me amontonan, y veo borrosa la pantalla. El tiempo pasa, irrevocablemente, sin remedio. Ya me veo arruguitas rodeando mis ojos, y aún no me creo que a pesar de eso esté donde estoy.  Que en mi interior el tiempo sea el del universo, pero mi cuerpo forme parte del tiempo de la tierra. Pero a pesar de eso, de las prisas, y de los años, hay cosas que me niego a olvidar. No voy a olvidar que tengo una familia fuera de mi hogar, formada por personas que no tendrían por qué, pero siempre están. De quienes unas simples palabras tienen el mismo efecto que una chimenea en un día de invierno. Que son como un forro polar. Y mi cuento lleno de ventajas.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Y que Schopenhauer diga lo que quiera


No se nace para estar quieto, ni para estar aburrido. No se nace para soñar delante de unos apuntes, o mientras pones copas en un bar. No hemos nacido para pedir paella para uno en Formentera, (dime que es domingo...), ni para ir a la ciudad de Sylvia. Yo no he nacido para mirar desde fuera, para saludar con educación, para callarme lo que me parece el mundo y lo que puedo conocer de él. Ni para ignorar el abismo que sé que existe aunque yo intente concentrarme entre climas cálidos y revoluciones industriales. Porque entonces me viene el océano profundo y oscuro, el ancho mar que encuentro desde la orilla, desde un avión, un barco, y desde tus ojos. Se nace para temblar, para tambalearse, como los arrecifes que se mueven al compás del agua, como el trance que lleva a cerrar los ojos en un segundo en el que nadie se da cuenta de la combustión que un día, de repente, explota. No hemos nacido para no querer gritar cuando nadie nos oye, para no explorar los propios límites. Para dejar de jugar, ni de llorar de risa hasta que el estómago duele. Para no correr tirando de una cinta de tela en el desierto hasta acabar mareado y exhausto. No se puede ser Eva cuando se ha nacido Lilith. Y que Schopenhauer diga lo que quiera.

viernes, 3 de mayo de 2013

¿Y si hubiese sido verdad?

Estatura media, rubia, de veinte a treinta kilos, siete añitos, quizá menos. Con una mochila cargada a la espalda, después de dar un beso de despedida para ir al colegio. A veces se encontraba cachorros abandonados en las acequias que rodeaban el colegio, y se los llevaba a casa. A veces jugaba con las mariquitas del suelo, con los bichos de bola, los saltamontes, el chinarro y los toboganes. Algunos compañeros llegaban al colegio con la boca color violeta porque se habían subido a las moreras y se las habían comido todas. Tenía un compañero gitano con el que nunca hablaba, pero se miraban de lejos, de soslayo, y tenían que reír. Sin burla, sin prejuicio, desde un respeto sagrado, limpio y desconocido en todos los demás ámbitos, entre el resto de los compañeros. Se miraban y reían de inocencia. Había una caja de cristal en las paredes del colegio, que guardaba una manguera, junto al extintor. En ella había palabras escritas sin tilde, donde ella leía: Rompase en caso de incendio. Y ella creía que tenía el acento en la a, que era como una frase sin terminar, hasta que se hizo mayor y entendió que "rompase" es una conjugación que no existe. Recuerda los recreos en el sol, observando a las madres que veían en bici para dos a dar el almuerzo a sus ajetreados hijos. Recuerda las mañanas frías en que llegaba al colegio, más temprano de lo normal, y hablaba con la conserje, que venía en moto al colegio, y mientras ésta barría las hojas caídas de los árboles, con una especie de rastrillo enorme, le preguntaba cuántos años llevaba allí, y cuántos años tenía el colegio. El único colegio que ella había visto. Un colegio público, rojo, ancho pero bajo, lleno de pintadas y olor a orines en las esquinas. Recuerda al barrendero Jesús, que les decía que era el niño Jesús y daba siempre los buenos días. A veces venía una carretilla llevada por un hombre del que ella no puede acordarse. Se montaban todos en ella, como si fuesen ganado. En una inocencia que sólo se explica en el seno de un barrio atávico, cruel pero confiado, triste pero familiar. Esa carretilla les transportaba a sus sueños. Al menos así lo recuerda ella. Comía vinagrillos y soñaba con poder volar, con que existiesen capas que permitiesen poder mirar el mundo desde arriba. El mundo debía esconder algo más. Después llegaba la noche de san juan, antes de que ella supiese lo que era la mentira, y pensaba que las brujas podían venir de verdad, que podría hermanarse con ellas, y aliarse a un espejo guardado bajo la cama. Cuando sonaba la campana su padre la estaba esperando en la puerta, ella quería salir la primera. Recuerda los gritos y los enfados de su profesora, rubia y vieja. Recuerda las figuras de plastilina, las barras de plastidecor, los dibujos. Recuerda todos los cuentos, el libro de 1º de EGB, Pancete, cuántas veces pudo leer ese libro. Cuántas veces  había soñado con vivir en medio de los Fraggle. Las vecinas le decían que era la niña más guapa del mundo. Sus compañeros le decían que los reyes magos no existían y que ella era tonta. Recuerda el día en que tras coger hojas de morera para sus gusanos, detrás del colegio, en medio de una huerta abandonada, vio a un hombre mayor, sentado en una silla, en la puerta de su ruinosa casa, solitario, desapegado, triste. Tenía una gran barba, larga y blanca. Vestía con harapos y tenía un bastón. Ella le preguntó si él era Papá Noel. Aquél hombre se limitó a mirarla, no dijo nada, y ella insistió. Lo estaba preguntando de verdad. Volver a casa y dibujar, explorar, pintar sobre el cuento sobre el mono ambulante, la Blancanieves negra. las cintas de casset de cuentos, escuchandolos sobre la vieja cama, con el edredón de los aristogatos, con las figuras de plástico de la sirenita, el reloj con una cajonera violeta, la lámpara de tela naranja. Pero luego están los días, esos que tu memoria prefiere borrar, quedarse con esto que te emociona, que hace que exista el mundo que recreas en tu interior y que hoy sacas a la luz. Los días en que tu imaginación sublima aquello que no te gusta, y te imaginas siendo pequeñita, casi invisible, y puedes colarte por las grietas de las pareces para escaparte de ir al colegio. Un sitio donde todo ese mundo se estropea, donde todo se vuelve vano, viscoso y vulgar. Lo malo de los recuerdos, es lo que olvidas, lo que te gustaría recordar, pero ya no puedes. Y no saber la razón. Y aún así, recuerdo ser feliz. Recuerdo una profesora que nos contaba cuentos para dormir, todos en el suelo, recuerdo panderetas, triángulos de música. Recuerdo una profesora que tocaba canciones con una flauta.
Algunas cosas producen verdadera nostalgia. La gente ya no te conoce, no te reconoce en esa personita que fuiste. No te han visto salir, encontrar tu propio sitio. No han visto los pasos que tuviste que dar sola, a ciegas, para poder salir.

domingo, 5 de mayo de 2013

Le Petit Mort

Siempre hay tiempo para mirar la lluvia desde la ventana, para abrazarse las piernas, y entrar en una melancolía constante y como forma de vida. Pero estoy mintiendo: no siempre hay tiempo. El tiempo no es eterno. Tiempo es lo único que tenemos, o no tenemos. No tiene sentido pararse, mirar atrás, dolerse del pasado. Por eso Nietzsche dice que esa es la peor venganza, la voluntad más horrenda: la que mira hacia atrás, a lo que ya fue. Y que lo hacemos como si fuese un deber, que somos adictos a mirar atrás. Pero tampoco se trata de hablar como los libros de autoayuda y decir que de un día para otro puedas cambiar todo aquello que no te gusta. No podemos cambiar de golpe, pero sí reaccionar, comenzar a mirar hacia adelante, combatir las cadenas imaginarias. "Mucha gente se cree que es un trabajo cualquiera, que paras a comer y se acaba. Pero esto dura las veinticuatro horas. Tengo que cogerlo todo y afrontarlo sobre la marcha. A veces la gente necesita un poco de ayuda. A veces la gente necesita que la perdonen...Pero, se puede perdonar a alguien. Eso es lo más duro. Que podemos perdonar. Es lo más duro del trabajo. Lo más duro de ir por la vida".
Todo va tan rápido, tan deprisa, para los que nos gusta mirar desde las gradas como Cicerón, analizar cada cosa que ocurre, el riesgo que existe en cada paso, que nos quedamos atrás. Porque queremos saber hasta el momento exacto en que se cometió el primer crimen, el primer extracto, el origen de la tragedia. No sabes por qué eres como eres, cuál es la causa de que pienses más de lo que vives, y necesitas poner fin al motín de tu mente, porque mientras te pierdes en esa maraña, tienes personitas cerca, las mismas que crees que son el origen de la tragedia, que estaban ahí y te la contagiaron, pero que hoy están los primeros para ayudarte a volar, a hacerte saltar cada día desde lo más alto, con ese único objetivo, que tú vueles cada día más arriba, que sepas que están contigo. Los mismos que ven, que saben que te has quedado atrás, que te estancaste porque no supiste avanzar, y que lo único que te salva, donde encuentras sentido, es en poder ayudar a los demás, en la belleza que encuentras y reconoces en las cosas, y en esa obra de teatro que cuenta contigo, donde eres la Muerte, le petit mort, y puedes acariciar la herida de otra persona, empatizar con su dolor y darle un beso de despedida para que al menos pueda irse en paz.

lunes, 6 de mayo de 2013

El jinete

En el fondo, hay tan pocas cosas...
¿Cómo podría la muerte abrazar la vida de un joven que se deja morir? como si desde pequeño se hubiese dejado arrastrar por una corriente, una corriente inmensa, de esas que nosotros no conocemos, los que hemos tenido suerte y no hemos visto el cariño de lejos. ¿Qué puede hacer sentir, qué puede valer ese pequeño instante de paz, cuando se pone fin a todo lo demás? cuando se ha nacido en el lado oscuro, y ese pequeño jinete no ha tenido quien le levante cuando ha caído al suelo, que ha tenido que sobreponerse a sus pasos solo, y no podía llorar cuando se hacía daño, cuando le hacían daño, porque estaba prohibido caer.
No recuerda casi nada de cuando era un bebé, de cuando tenía tres años. Si piensa en eso le viene una imagen de una habitación oscura, hedionda y desordenada, de donde procedían gritos. Una vez tuvo un sueño, una vez. Empezó a ir al colegio porque así los padres podían librarse por unas horas de él. Allí no hacía caso a nadie, era el peor de todos. Pero estaba ella. 
- ¿Qué te pasa, por qué siempre estás enfadado? ¿Quieres dibujar conmigo? sólo sé hacer paisajes, personas. Dibujo los sitios donde me gustaría ir, las personas que me gustaría conocer. ¿Me ayudarías? quiero dibujar el mar. Y no sé hacerlo.
- Nunca he dibujado nada.
- Pero, ¿hay algo que te guste mucho?
- Los caballos...
- Dibuja uno, por favor. ¿Por qué te gustan los caballos?
- Me gusta pensar que puedo subirme a uno y llegar con él donde quiera. De las estrellas al fondo del mar.
Pero nada de esto está pasando de verdad. Es lo que él imagina mientras ella está dibujando. Piensa que ella le tiene miedo y nunca le habría hablado. 
 De fondo se escucha:
- Lo siento, mi pequeño. Siento tanto no haberme quedado contigo, separarme de ti, permitir que te hayan hecho creer que nada importa.
Aparecen todas las imágenes, peleas, hurtos, cárcel, gritos, policía. Mientras todo eso pasa, el sólo piensa en aquella niña por la que se hubiese perdido, por la que lo habría dado todo, la corriente por la que se habría dejado arrastrar.
Pero todo ha llegado a su fin, esta vez se ha pasado con la dosis, está enfadado hasta con esa niña, porque nunca se acercó, porque sólo le sonreía de lejos, le ofrecía colores para dibujar, los días que le levantaban el castigo.
Déjame quedarme contigo, déjame abrazarte. Ya ha pasado, ya estoy contigo. Ahora todo irá mejor. Tranquilo. Ya queda poco. Dentro de poco te habrás dormido.
- Tu trabajo... debe ser espantoso.
-No creas, a veces es hermoso. Hace poco visité a un enfermo de Alzheimer... dicen que algunos solo recuerdan su infancia... otros imágenes sueltas... Este no recordaba nada y antes de irse me dio las gracias.
- Me gustaría cerrar los ojos, dormirme y olvidarme de todo.
- (Abrazándolo más fuerte) Hace ya tiempo que los tienes cerrados.

martes, 7 de mayo de 2013

Camina Conmigo

Si quieres, puedes caminar conmigo,  te invito a dar un paseo fugaz, de las nubes violetas hasta las estrellas, cuando se van. Desde el comienzo del día, justo antes del amanecer, cuando Beethoven huía de casa y se tumbaba boca arriba en el bosque, junto al arrullo del río, a mirar el manto estrellado en verano. Donde nació el himno de la alegría. Cerraba los ojos y aún podía escuchar el canto de la noche, de aquellas noches, cuando ya no podía oír a nadie.
Desde que llegamos hasta el momento en que nos paramos acontemplar el metatiempo, el metalenguaje, la geopoesía que te perdiste cuando tú tampoco escuchabas.
¿Que no te acuerdas? Claro que sí, sólo tienes que cerrar los ojos, como hacía él. Antes de que la tierra fuese tierra, y el agua fuese mar. Antes de que a nadie se le ocurriese llamar Precámbrico a la edad sin nombre, al principio, antes de los glaciares, las heladas y de las orogenias. Al principio de todo, ese que dicen que fue el verbo.

Bucear en las Aguas

A veces es sólo cuestión de un momento, sólo cuestión de un segundo, pasar de la tormenta a la calma. Puedes habitar en el bosque inhóspito de aullidos y de repente, encontrarte en el jardín de las hadas. Y eres capaz de llegar sin apenas abrir los ojos, como si tus retinas se  supieran el camino y te llevasen de un salto, sin que tengas que pensar. Y vuelve la calma, el lago de Sanabria, las playas de Formentera. Quedan atrás las casas en ruinas rodeadas de grúas, donde aún puedes contemplar trozos de una vida que se fue, parte de una cocina, los juguetes rotos de los niños. Siempre te paras en mitad de la calle cuando ves una casa derruida, una vida rota. Las ruinas tienen su encanto, pero no podemos quedarnos en ellas, porque te consumen y acabas viendo el mundo del revés, y no se puede ordenar el caos desde las alturas de una grúa.
Mirar las ruinas no es una condena, ni tampoco una culpa. Es algo que se puede domesticar. Hasta se pueden mirar con cariño y nostalgia, porque es verdad que tienen un halo misteriosamente romántico, que nos engancha desde las entrañas cuando tenemos debilidad por la belleza cuando está triste.
La visión va cambiando ya, en el momento en que puedes pronunciar estas palabras, porque el lenguaje aleja, describe, objetiva. Y objetivando recobramos el acierto. Quien nombra, llama. Y es cuando debemos aprovechar la oportunidad que nos brinda nuestro propio entendimiento, el que a veces se cuela por un agujero y hace que podamos vernos a nosotros mismos como desde una isla, aislados, fuera de la influencia ajena, externa y necesaria, cuando nos quedamos a solas y encontramos la clave perdida que llevábamos buscando dentro, y fuera, de nosotros.
Cada uno sabe su trayectoria, cómo ha sido su vida, en qué punto se encuentra, si coincide el ideal que se tiene de uno mismo, con lo que en realidad se es. Si nos ayudamos, o somos nuestros peores jueces. Si no nos equivocamos, o si nos perdonamos cuando lo hacemos, si somos capaces de darnos una nueva oportunidad cada día, y el peso que tiene el pasado en nuestro presente. La prioridad que le damos a las cosas que sabemos en nuestro fuero interno que son lo más importante, o si dejamos que sean otras cosas las que invadan nuestro tiempo. Si estamos ardiendo a un clavo, o por el contrario nos amarramos a una solidez difícil, dura pero necesaria. La solidez de no dejarse arrastrar por la corriente, de conseguir mantener el equilibro aunque la corriente apriete, tener clara y aprendida de una forma artificial, esa forma de mirar, de sacar fuerzas fruto de una fe, de un amor que rodea cada paso, cada movimiento cuando te lo recuerdas cada día al despertar, después de la tormenta en la que no sabes lidiar con las olas, que siempre parece nueva y distinta, y te recreas en ella esperando que se calme, preguntándote por qué no lo hace, por qué los demás no son como esperas, por qué hay tantas cosas que no entiendes. Pero una vez que te adentras en ella, más allá de la superficie donde te quejas, empiezas a colarte bajo las olas, evitando que choquen contigo, junto a los arrecifes coralinos y las estrellas de mar.  Y recuerdas que tú puedes quedarte fuera de la tormenta, coger un paraguas, o bucear en las aguas.
Todos llevamos dentro la belleza y el horror, la fuerza y el miedo, los arrecifes y las ruinas. En cada uno cobran una forma, tienen un nombre. Lo que nos diferencia es nuestra manera de relacionarnos con cada una de esas partes, el control y el despliegue. Y sabemos lo que hemos aprendido, las ventajas que tenemos, y las que aún nos quedan por saber, para ir agudizando nuestra mirada, ir esculpiéndonos cada día, aunque cueste y sea arduo, y adelantar el camino hacia el paraíso artificial.

sábado, 11 de mayo de 2013

Estrella Polar

Hay muchas cosas que merecen que yo dedique mi tiempo, mis días, mis palabras. Hay otras muchas que no merecen para nada que lo haga. Y es verdad que a veces no delimito bien el camino, que se interponen y se cruzan ambas, que confundo molinos con gigantes. O que yo quiero siempre, convertir molinos en gigantes, perseguir imposibles, descuidar mi huerto, colmar de regalos otros, cuando ni siquiera me lo han pedido. Mi buena estrella piensa que soy altruista, que regalo mi tiempo a los demás porque soy así de encantadora. Pobrecito mi querido bestia parda, cuánto debe de quererme. No sabe que me acerco a la ciénaga por voluntad propia, como un impulso que me llama desde dentro, porque desde pequeña siento que ése es mi lugar. Como si una parte de mí se resistiera desde lo más profundo a avanzar, a dejar atrás una condena que ya no existe, que ya no es tal, y debió haberse ido hace tanto que ni lo recuerdo, pero se me agarró por dentro como un parásito, y yo pensé, yo creí, que esa era mi identidad.
Echo de menos la claridad de cuando se tiene un espíruto transparente, joven, aún por llenar. Cuando puedes ver el mundo con más objetividad, antes de entrar en el mundo del viento donde te das cuenta de lo mal que hemos diseñado el mundo, lo difícil que nos hemos puesto una meta que debería ser tan básica y normal, como es la independencia, la utilidad, la autosuficiencia, la autorrealización. Mientras el pobre tercer mundo agoniza, nosotros estamos enfrascados en nuestros microproblemas. La situación del mundo es un reflejo de lo que somos nosotros. Dado que no sabemos cuidar de nosotros mismos, tampoco podemos ayudar, ni salvar, a los más débiles, los que están peor que nosotros. Y eso se traduce a cada situación social, de lo más básico a lo más complejo. Si partimos de esa base tal vez puedas entender por qué una se pierde en ese vendaval, por qué yo ya no sé cuál debe ser mi brújula. De pequeña sabía que quería ayudar, que quería que no hubiese hambre, que los animales no sufrieran, veía las cosas tan claras. Tenía tanta sensibilidad. Pero este mundo nos contamina, y tal vez tendríamos que hacer como Nietzsche e irnos a vivir a una montaña, solos, un tiempo, para recobrar toda esa lucidez que la mayoría hemos perdido. Somos incapaces de entendernos entre nosotros. No hay bases desde las que partamos todos, para mejorar, para avanzar.
Claro que hay cosas que nos apasionan, pero eso no es suficiente, no para mí. no como yo lo veo. Yo necesito sentir que hay algo, que hay un Sentido detrás. Que con mi vida contribuyo a que la tierra mejore, que sea más habitable. Y hemos construido un mundo en el que ser útil es el privilegio de unos pocos, donde tienes que pelear por las cosas más básicas.
Lo único que no se lleva el viento en mi vida, es el amor que proceso y que me procesan los demás. El sentido viene acompañado por la calidez de mis raíces. Raíces de las que no quiero depender, raíces a las que quiero ayudar. Mi corazón se colma y se ofrece con suma facilidad, y tengo un radar para las personas que tampoco saben cuidar, que se perdieron, pero ellos ni siquiera lo saben. Y tal vez yo deba tomarlo todo como viene, pensar que ese es mi papel, ayudar, porque de otro modo no (ha) lugar para ser siempre un imán. Estoy rodeada de luceros y lucecitas. Mi Ardid, mi abuela Remedios, se está haciendo cada día más pequeñita por fuera, pero me acompaña siempre por dentro, quiero aprender su idioma, aprender a tener su fuerza, dejarla salir de dentro de mí, porque sé que la llevo. Ella es mi raíz, y yo sólo tengo que escuchar con el corazón, con su querido corazón, que es fiel, servicial, el corazón de una leona que  cuida de sus crías. Fuerte, superviviente, poderosa, risueña, se ríe de sí misma. No sabe hasta qué punto la llevo conmigo. No sabe hasta qué punto siento no estar a la altura, perdida en este pantano, y viendola desde abajo, como una estrella polar.

lunes, 10 de junio de 2013

impulso y conciencia

'Los extremos ni son buenos ni se tocan tanto, pero eso sí, normalmente nos movemos de uno a otro porque lo realmente complicado es alcanzar el equilibrio. Cuando nos reconocemos en una actitud que queremos cambiar, o que creemos errónea, entonces pensamos en la contraria, en el pecado por exceso o por defecto. Pobre Siddartha, que se lo digan a él. Es lento el proceso, lento el camino en el que nos reconocemos y podemos no cambiar pero sí detectar esos roles, controlar los propios, detectar los ajenos, reaccionar a tiempo. Lo difícil para cambiar, claro está, estriba en el camino hecho, al que no podemos volver, porque desde ahí tenemos que reconocer lo que somos, lo que hemos hecho, y empezar en un punto y seguido, no se puede empezar de cero, en una hoja blanca y limpia. Pero en realidad, qué culpa tengo yo si sucede algo malo. Por qué esa manía de responsabilizarnos de todo, lo que hace que dejemos de actuar de forma natural, para pasar a hacerlo desde la culpa, siempre desde dos frentes, el impulso y la conciencia'.

domingo, 1 de junio de 2014

Para no olvidar

No debería escribir ni escribirte, pero algo tengo que hacer este domingo gris de mayo, estresada entre la vida que palpita dentro y la obligación de quedarme entre papeles que puede que algún día me sirvan para llenar clases, cumplir metas, y pagarme viajes.
Así que debo desterrarme y desterrarte. La vida es estupenda desde todos los ángulos, aunque viva en una pequeña ciudad con más huerta que cadáveres, aunque en ella se me caiga el mundo y yo tenga que levantarlo cada día para seguir creyendo, para seguir recordando que eso no soy yo. Por eso se lo prometo a tus ojos oceánicos, y sobretodo me lo prometo a mí.
Pues sí, no sé plantearme nada sin esta magia necesaria, y no basta con conocerla, hay que sacarla y aplicarla, no abandonar la esencia ni los propios sueños. Y me escribo para no olvidarlo.
Ahora sí, vuelvo a agachar la cabeza...

jueves, 3 de julio de 2014

La Parte Maldita

Últimamente mis días son de papel, de papel liso, blanco y pulcro. Ordenados, limpios... y mi parte maldita me susurra: ¡aburridos! ¡vacíos!. Y puede que sea así, qué le voy a hacer, tendré que acostumbrarme a esta parte mía, reírme de mi escasa tolerancia a la frustración, asumir que últimamente estoy como el chiste del camión: Un transeúnte haciendo autostop, finalmente es acogido por un camionero. El autostopista se pone nervioso porque no sabe de qué hablar... y piensa: "No le puedo hablar de política... porque si le digo que soy de Podemos, y él del Pp, me va a echar...Y si le digo que el fútbol no me gusta y él es fanático... igual..." Así que el autostopista, sin saber cómo ni de qué entablar conversación, finalmente, dice: "Pues sí...". Y el camionero, con los ojos inyectados en sangre, le contesta: Pues no... ¡¡Y te bajas del camión!! (Por supuesto, yo soy el camionero...)
Así que, el humor es lo que me queda: reírme de mí. Y como decía, -vuelvo a ponerme seria...- mis días son como papel que voy pintando, de un azul sereno, que a veces mancho con lágrimas, es cierto, pero a veces también me falla el pulso con la risa, y otras me pierdo cuando sueño. No tengo mucha fe últimamente, no siento que todo vaya a ir mejor, y también sé que eso no me beneficia. Voy dando pasitos pequeñitos, y finalmente encuentro tranquilidad y sosiego leyendo un buen libro, ese que me regaló Jarauta, y sí, lo digo a propósito, para que se sepa: me lo regaló el gran Jarauta, y me está gustando mucho. Disfruto de buenas conversaciones con buenos amigos, que me apuntan con linternas para que no me apague, y me arropan para que no pase frío. Me sigo riendo con mi padre. Me sigue dando miedo perderlo. Todos los días le admiro, todos los días me da motivos para quererlo un poco más. Si un día estoy insoportable, en lugar de ofenderse, me dice: ¿Qué te ha pasado ya? y lo peor, es que siempre acierta. Y me desarma. No tengo trabajo propiamente dicho, pero disfruto pudiendo hablar de filosofía un par de horas todos los días a un alumno al que le toca hincar codos en verano. Me miro al espejo y me gusto, aunque mi cara esté triste, y tenga los ojos enrojecidos y mohínos.
Me sigo frustrando, todos los días me cuesta un poco dar el paso, ser positiva, tener esa fe de la que todo el mundo me habla. Pero lo intento, sonrío y me reconcilio con mi parte maldita, la que me hace repetir pautas, andar tan a tientas con todo e indignarme con cualquier cosa. Y quiero usar esa parte para crecerme cada día, que, oye, estoy bastante bien, nada que envidiarme tiene, si es que existe, la Mujer Justa...

martes, 29 de julio de 2014

Mi Laberinto


Hace ya tiempo que el mundo cambió de color, y se pasó a tu parte. Esa parte que aún no conozco, que ni siquiera sé si me fue negada. Que me es simplemente ajena. A veces siento que llevo la mitad de mi vida pendiente de aprender una misma lección, la misma, una y otra vez. Como si tuviese que empezar de cero, porque siempre se me olvida. Porque soy mi propio laberinto, que cada día exploro, en el que me pierdo, y busco un conejo blanco en el lugar equivocado. Este laberinto que parece la biblioteca de la abadía de Guillermo de Baskerville, tenebrosa, oscura, solitaria, polvorienta, y llena de secretos. De ráfagas de aire, espejos, y fantasmas imaginarios. No quiero pasar la vida buscando la poética, para acabar sabiendo lo que sabía desde un principio: que la llevo dentro. Quiero salir del dédalo que me asfixia, en el que veo tu imagen reflejada, como un espejismo, como una condena. Quitarme este hábito que arrastro, como una losa. Como una pequeña Benerice. Estudiando corazones. Sintiendo mentes. Quiero encontrar una luciérnaga en la palma de mi mano. Un canto que me serene en mi garganta. Un claro sin oscuros, en mi mirada.
Y voy a ensayar otra vez. Para esa obra que no sé si algún día estrenaré. Que cada día procuro enfrentar, sabiendo un poco más. Dándome una nueva oportunidad, para olvidarme de ensayar.

miércoles, 30 de julio de 2014

Luz de mi Vida

"Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta"

 Siempre intento dar sentido a todo lo que me rodea, a todas las situaciones, a todas las personas, incluso para explicar por qué no lo tiene. Será por eso que a veces se me nota un poco demasiado que estudiaba filosofía, no lo sé. Lo cierto es que siempre me ha angustiado la sensación de no poder aferrar al entendimiento nada de lo que pasa en el ámbito humano, que la inteligencia emocional de las personas sea tan caótica, que cada uno ande con su dolor, traumas y taras a cuestas, reafirmándose en ellas, en lugar de mirarse como un cirujano observa a su paciente antes de operarle. Sin defensas, sin juicios, queriendo descubrir, más que defender, buscando desvelar, más que atacar. Y te frustras llegando a casa, en la humedad de una noche de primavera, pensando en lo que te cuesta entender por qué las personas actúan como lo hacen, y te miras a ti, sabiendo que pasado un tiempo entenderás las cosas que necesitas saber. Pero te reprochas no ser más avispada, más perfecta, ahora. te enfadas con Aristóteles por no haberte dado una solución mágica. Hasta que te das cuenta de que tú siempre intentas actuar del mejor modo posible, y que, a pesar de ello, te culpas. Que hasta los peores errores los cometes por haber querido controlar tu parte irracional, porque el sentido común no lo es tanto, y la justicia exacta no existe. Porque siempre vas a decir o hacer algo que luego vas a lamentar. De ahí que me haya sentido en mi vida continuamente en un mar de dudas. Son las ganas y el ansia de hallar el bien y la verdad, una seguridad en las acciones. Aunque esto no significa que la sangre no actúe, que a veces no quieras hacer daño cuando algo te lo hace a ti. No significa que seas inocente. Yo también soy la cauterización de una herida, que puede llegar a ser agresiva para defenderse.
Aunque, en el fondo... 
Kakuro... El corazón se me encoge como un gatito hecho un ovillo. 
Perseguir las estrellas, para no acabar como un pez en la pecera...(Muriel Barbery: La elegancia del erizo)

24 abril 2013

viernes, 29 de agosto de 2014

No hay otros mundos, pero sí hay otros ojos



  He aprendido la magia en otro estadio, en otra   dimensión. He aprendido a compartir sin estar cerca, compartir el amor por las sagradas formas de expresión, por mi propia opinión, por mi pasión compartida.
Otras formas de ser feliz, mucho más importantes, mucho más necesarias. Eso que llevo tanto tiempo teniendo que aprender. Y que me produce la sensación de estar siendo partícipe de algo bello, de algo hermoso.
Esa luz traspasó mis retinas, y primero me dolió, porque sabía que era inmensa, que no podría poseerla, sólo observarla, y me vino el antiguo dolor que tanto he conocido. Pero, después, conseguí asimilarla como propia. Al principio no sin tristeza, no sin la amargura de tener que dejar que se fuera. Pero no quise, no dejé que ese dolor se me agarrase por dentro, ya no.
Esa luz ahora está cosida a mis retinas, se están asimilando, reconociendo, porque siempre la he usado para alumbrar fuera de mí. Nunca para mí.
Y todo apunta a hacerme ver que no podía seguir estando tuerta. Existe vida bajo las cosas. Y una fuerza increíblemente benévola que me hace comprender que no hay razón para tener miedo, jamás.  Decido decir sí a la vida, sí a mi voluntad. Decido ser mi mejor versión en todos los mundos posibles. Ya me he quedado con la esencia, ya he robado el entusiasmo, ya baila en mí un Dios.
(Abril 2013)

 

 

 


 

 

 

 

 

sábado, 7 de febrero de 2015

La Playa


Últimamente me siento ridícula cuando me siento y quiero escribir, y es que el encanto se duerme en mi boca... pero ¿qué digo? Eso no es verdad... no sólo no duerme, sino que está más vivo que nunca  y es el que hace que me salgan las palabras, aunque no expresen eso que no sé decir; y hace que todo parezca estar tocado por el fuego de Prometeo, por la playa, el faro y las gaviotas... y no sé si acabaré condenada como él; yo por si acaso juraré que no lo he robado, seguiré jugando a que es un candil que sólo me ha rozado y ha  decidido quedarse cerca.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Conversaciones...



-  No se va a aburrir de ti, eso no es posible
¿Lo piensas de verdad?
- Claro; si no, no lo diría. 
-  ¿Por qué piensas eso?
- Porque siempre estás en búsqueda, y porque sé mirar el 'alma' de las personas...
- No te imaginas el valor que tiene para mí que tú me digas eso...
- Es lo que experimento. Mira, yo estoy en búsqueda constante y en guerra permanente; me contradigo muchas veces y soy algo cobardón que adora refugiarse en su castillo para observar el mundo; sólo soy un pobre hombre que vive intensamente, nada más
- ¿Qué es eso que 'ves' en mi alma?
- 'Ver' el alma es algo muy sencillo (por eso cuesta tanto a tantos): ver, mejor: experimentar el alma de alguien es conectar con los afectos,perceptos, variaciones, intensidades que te habitan, que nos habitan a todos, en ese plano de inmanencia; tu 'alma' es intensa, apasionada, es muy de intensidades de todo tipo; no voy a emplear el adejtivo 'bella' porque me recuerda al 'alma bella' hegeliana y no es eso; está muy en el nivel de lo atemporal, lo ideal para la creación. Y cuando hablo de 'pasión' no sólo me refiero al término que usan comúnmente los coetáneos; hablo del conatus, del afecto y de las afecciones, del páthos griego y del hindú, de la vida experimentándose a sí misma. De lo que tiembla en el temblor."

domingo, 1 de marzo de 2015

Nebraska


Tiempo hacía, mar, de marinero, que no te oía, que no escuchaba tu murmullo; ya sabes que ando siempre a tientas, que me escondo en cualqueir agujero; que me ilusiono con facilidad, y luego me toca salir corriendo. Y para qué, me pregunto luego, buscar entre los rastrojos, aferrarse a los granos de arena. Teniendo que aprender siempre a caminar a solas, descubriendo lo que habita muy dentro de una. La belleza y la piel que habitas, los interrogantes que, por más familiares que sean, no dejan de angustiarte. No terminas de aprender nunca a convivir con ellos, a entender que forman parte de la magia, de la esencia; El silencio te duele, y el mar te duele.

domingo, 15 de marzo de 2015

Sylvie


"- Esa foto es como un fantasma. Un esbozo de la chica que dibuja el paseante, la que persigue y la que imagina y desea. Todas y ninguna al mismo tiempo. En una de esas historias que suceden en cualquier vida, pero que no se hacen realidad.
Está como difuminada. O mejor, superpuesta. Se ve como una sombra encima a modo de espectro, y detrás ella misma de espaldas. Parecen confundirse la mujer real, la que el paseante cree reconocer y la que dibujó.
La idea es que la mayoría de las historias que pasan en nuestras vidas nunca llegan a ocurrir realmente. Sólo en potencia. Como posibilidades. Como Sylvia. Son vidas posibles, virtuales. Caminos que se bifurcan, y en los que a veces nos perdemos, física o espiritualmente, como le sucede al flaneur mientras persigue a Sylvia. En cada acontecimiento, en cada encuentro que tenemos, por fugaz que sea, está latiendo una historia en potencia, que posiblemente nunca ocurra, pero que podría cambiar por completo nuestra vida. Esas historias posibles merecían también ser vividas. Cada vez que el paseante dobla una esquina, espera encontrar a Sylvia. Como nosotros esperamos encontrar una historia con cada elección que tomamos.
- Y, ¿qué hacemos, si no la encontramos?
- Seguir soñando, seguir caminando, seguir dibujando... porque hay cientos de historias esperándote. Y todas contienen una vida en sí mismas. Los caminos no acaban nunca, si tú no paras de caminar. Tú tienes la suficiente imaginación y sensibilidad para crear historias nuevas. Porque, aunque sean historias potenciales, deben ser completadas por nosotros. Al elegir, nos convertimos en protagonistas y en espectadores a la vez, lo que nos permite poder crear algo nuevo y contemplar nuestra obra."

martes, 17 de marzo de 2015

Fantasmas Invertidos

- Buenos días
- ¿Qué tal has dormido?
- Pues bien... sólo me he despertado una vez
- Yo he soñado algo extraño. Estábamos en una casa que se supone que era la nuestra. Había cosas que yo miraba como si nunca las hubiese visto antes, y tú hacías lo mismo, conmigo. Pero tú no estabas extrañado. En la casa era como si hubiese señales por todas partes, de dónde nos situábamos, señales enigmáticas, que habías puesto tú. Como si estuviesemos en Londres, era una casa para extranjeros londinenses que vivían en la costa de España.
- Curioso, sí. Y, ¿qué más?
- Pues, después vi que había un buró, justo como el que tú tienes... y pensé que tenías dos. Y estaba lleno de fotos antiguas. Entre ellas, una de mi madre, con un poco más de la edad que yo tengo ahora, con una cara de niña inmensa. Como si no fuera ella. Como si no fuese mi madre. Una foto de esas que se hacían en los calendarios, del año 96.
- Debía estar guapa. Tu madre, digo.
- Ya lo creo. Guapa y una completa desconocida. Así la siento siempre que veo una foto de ella, de cuando yo era pequeña. y tú, ¿es que nunca sueñas? Nunca me has contado ningún sueño, que yo recuerde.
- Si sueño, creo que nunca lo recuerdo
- Eso puede ser una suerte. Los sueños, a veces, te traicionan. Cuando sueñas aquello que temes, y se hace real, entonces empiezas a pensar que ese temor forma parte de tu vida. Es el poder que tienen.
- Pero también te ayudan a mirar dentro, en lo que no te gusta, aunque no te guste. Y puedes sacar de ahí algo para ti; algo hermoso.
- Me han dado ganas de retomar el libro del desasosiego de Pessoa... ¿Eso cuenta?
- Todo cuenta. Yo creo que estás descubriendo algo. Estás buscando donde aún no te conoces.
- Así siento que llevo toda la vida.
- Has soñado algo más, ¿verdad?
- Pues sí... ¿cómo lo sabes?
- Porque me falta un fantasma invertido en lo que dices.

jueves, 19 de marzo de 2015

Fuck Up

- Me gustan estos días, nublados, cerrados.
- Eso dice todo el mundo... me parece una pose.
- Sí, tienes razón. Quería decir, que me gusta hoy, este día, esta tarde, porque no tengo que ir a ningún sitio, porque ya he terminado mi ridícula "jornada" laboral, y puedo dar rienda suelta a mi imaginación, hablar contigo, darte el follón
- Pues no te voy a dejar. Me voy a adelantar. Ayer fui a ver una obra de teatro. Trataba sobre cuatro chicas, en una cinta, andando... durante tres mil kilómetros.
- Suena... ¿divertido?
- Me recordó a mis padres, tan absortos, viendo telebasura...
- Tus padres, que son inteligentes... triste eso.
- Mucho. Últimamente siento que estoy despertando, que me consumo y nazco de nuevo. Estar activa me mantiene alerta, mental y físicamente. Estoy retomando lecturas gracias a tener que enseñar historia a mis alumnos. Libros que me llevan acompañando tantos años, y no les presté la atención suficiente. Es como si, después de tantos años de haber terminado mi carrera, me llamara Hannah Arendt, Dostoiesvki, hasta Bakunin.
- Hoy he hablado con mi padre, precisamente, del socialismo, del anarquismo, de la educación. Hemos acabado discutiendo, claro.
- Puede que él, aun con toda su sensiblidad, no entienda que ve el fallo en el lugar equivocado
- Al menos, me escucha. Pero tú me hablabas de tres mil kilómetros. ¿Qué pasó en la obra?
- Pues... que me hizo pensar. Más allá del mensaje en sí, más allá de que somos víctimas y verdugos de una sociedad de consumo (humano, de emociones, también) sin límites. Una de las chicas se libra, consigue salir, leyendo un libro. Se quita el disfraz, y escapa. No creo que sea tan fácil. Pero a mí me sirve. Me he dado cuenta de lo pequeño que a veces siento, imagino, y me creo que es mi universo. Clases, alumnos, batalla diaria, ilusiones, sí; utopismo, también... pero con cierta dosis de autoengaño. Y, emocionalmente, decepción tras decepción. Música en el coche, aprovechar para hablar sola en él, contestar a todas las preguntas que normalmente no me atrevo a responder... y frustración. Y mi vida podría ser mucho más, más de todo, y menos de lo demás. Cada vez me siento más en casa, en cualquier parte. No necesito una mano, una concreta, que me de sentido, que me apoye, en quien confíe.
- ¿Hablar sola en el coche?
- Sí...
- Eres divertida...
- Absurda, más bien.  Llevo tanto tiempo sin escribir, que me oculto bajo hipotéticas conversaciones para expresarme.
- Es rara esta metaconversación
- Cállate
- No quiero
 - ...

Absurda, lo que yo decía

domingo, 22 de marzo de 2015

Esplendor en la Hierba

"No entiendes lo que quiero decirte. No sé llevar fuera la marea que tengo en la espalda.
Cuando se nos nubla la vista. Y comienza la búsqueda con las manos, con la boca, y los miedos martillean el cerebro, hasta que me doy cuenta, y vuelvo. Y entonces dejo de resistirme, no puedo respirar bien, y exploro, miro, acaricio, me voy acercando. En un compás de sensualidad, tan familiar, y tan nueva. Todo el tiempo siento que exploto, sin hacerlo. Así el deseo nunca se apaga, y quedan eternas las ganas de seguir    explorando. Y hablar de sueños, entre el sueño y la vigilia. Del esplendor en la hierba"

martes, 24 de marzo de 2015

De Profundis y la Confianza


- La lluvia me vuelve una loba esteparia, no quiero ir a ninguna parte, la lectura me afecta más, me vuelvo subversiva y encuentro mil excusas y razones para pensar que mi trabajo debiera consistir en seguir cultivándome, pasar más tiempo dedicado a eso, y no al paripé de estos días en que no se avanza y haces viajes para nada, para pegarte el madrugón, que ellos te miren con cara de no tener ganas, y tú mirarlos a ellos con cara de tener menos todavía
- ¿...Y?
- Y... nada. Y pobre Oscar Wilde, que con todo lo listo que era, se dejó engañar. Le pasó un poco como a Kafka, guardaba un rencor inmenso, por cosas que él había decidido hacer, por personas a las que él quería, que eran su debilidad. Kafka culpaba de todo a su padre, y Oscar, al hombre del que, aunque no lo diga claramente, se enamoró hasta las trancas; y que se aprovechó de él, le llevó a la quiebra y, por si fuera poco, acabó en la cárcel por su culpa.
- ¿Dónde has leído eso? Aaah, espera; en De Profundis, que lo escribe desde la cárcel, ¿no? aún no lo he leído
- Sí... el pobre, encima, sólo podía crear, escribir, (concentrarse) cuando el otro le dejaba en paz. Casi no termina de escribir Un Marido Ideal por su culpa. Es una mierda decidir cosas que no queremos por gente que no lo valora. Y es una mierda ser tan listo y que luego no sirva de nada...
- Inteligencia emocional Vs inteligencia creadora...
- Tiene que haber un término medio. Como la gente que sólo explota el hemisferio derecho del cerebro, y se olvida del izquierdo. Eso es paroxístico. Igual que lo contrario. No se puede ser sólo emocional, o sólo cerebral. O como yo, que soy dulce hasta que, de repente, reviento. Me lo suele provocar ese tipo de gente. Y el solipsismo, así en general; creo...
- Te lo he dicho muchas veces. La frustración te viene de no decir las cosas a tiempo, con tiempo, y dándote igual lo demás
- Ahora me preocupa otra cosa... La confianza. No soy capaz de preguntar cosas, de reconocer que quiero saber cosas. No sé por qué, supongo que para no parecerme a un tipo de persona que no me gusta. Y porque siento que no tengo derecho a hacerlo. Pero debe haber un término medio. Y a mí se me da fatal delimitarlo...
- Estamos en el mismo punto, aristotélica. Tienes que echarle cojones a las cosas
- Ovarios
- Pues eso
- Y... me vuelvo occamiana, y en lugar de preguntar, observo, induzco, y saco conclusiones...
- La ciencia , además de sacar conclusiones inexactas, tarda más en llegar a verdades en este caso, que preguntando...
- Pero... usar la inducción es más elegante que preguntar...
- ...Y denota más desconfianza, eso que tú reclamas que otros te den
- Maldito Wilde, que no me enseña...
- ...Maldito Occam, que no te sirve.

sábado, 28 de marzo de 2015

Sísifo y Novecento

- ¿Qué te parece el Mito de Sísifo?
- Pues que Camus escribió una obra de arte... tiene páginas que descartaría, pero en general, me encanta. ¿Por?
- Pues porque me encanta la fuerza que tiene, cómo empieza a hablar sin tapujos de la vida y la muerte, de la elección y del suicidio... me encanta porque es como si alguien de repente te diera un codazo y te dijera ¡eh, gilipollas, estás ahí, despierta! Como cuando Alessandro Baricco pone en voz de Novecento: 
"Es como un grito gigantesco, que grita y grita, y lo que grita es '¡Pandilla de cabrones, la vida es algo inmenso!, ¿queréis enteraros o no? Inmenso'y...
- Qué bonito Novecento, el hombre que cuando tocaba el piano bailaba con el océano, viajaba a países donde había muchos tigres y mujeres con el pelo perfumado... Perdón... ¿ Y?
- ...Y  no sé, quiero que lo lean mis alumnos. Creo que necesitan leer algo con esa fuerza... a ver si Camus consigue despertarlos; yo no lo hago, no todo lo que me gustaría.
- ¡Me parece una idea genial!
- "Pero, ¿estás loca? ¿cómo vas a hablarle del suicidio a tus alumnos?" ¿No vas a decirme eso?
- ¿Por qué? Creo que es algo que puede llamar su atención; si no le enseñas la filosofía como disciplina, la filosofía de salón, y en su lugar, le hablas de la vida en estado puro; lo que tiembla en el temblor, les servirá más y te lo agradecerán siempre.
- Lo que tiembla en el temblor...
- Sí, el alma que está al nivel de lo atemporal, lo ideal para la creación, la vida experimentándose a sí misma. Tienen que pensar desde los límites para verse. No es una invitación al suicidio. Es una invitación a la vida. A la vida de verdad, la auténtica vida de la que hablaban él y su amigo Sartre.
- Creo que hay muchas personas que  son como Sísifo... incluída yo. Que llevan su piedra de un lado a otro, siendo su piedra su creación y su losa, las dos cosas a la vez, a un punto. Su mayor tesoro y su mayor condena. Y la dejan caer una y otra vez, esa es la condena. Veo eso muy claro a veces, en algunas personas que brillan para después oscurecerse. Pero no sé verbalizarlo. Como Antígona, lo veo todo desde la tumba, pero no sé ayudarlos; no sé salir.
- No es tu misión. Tienen que sacarse ellos solitos
- Pero... para qué he leído tanta psicología, si luego no sé aplicar inteligencia emocional con la gente que tiene una sensibilidad increíble, pero luego se les cae como una piedra, encima. Yo a veces sostengo la mía, me tiembla el pulso, pero la sostengo... cada vez se me cae menos, o eso intento, y creo. E intento, pero no me sale el grito para que no se les caiga a los demás. No sé evitarlo, ni entender por qué no sé hacerlo.
- A lo mejor es que quieres cargarte con piedras que no te corresponden. Mándale eso a tus alumnos. Ama, y haz lo que quieras, agustina.
- Haz de tu vida  una obra de arte... Nietzsche dixit. Pero me parezco a Scarlett Johanson en Lost in Translation... hago fotos, pero son malas. Y escribo, pero es que, lo hago muy mal.
- Pues te digo lo que le contesta Bill Murray: sigue haciéndolo... y ten paciencia.
- Creo que cuando acabe voy a seguir con Kierkegaard, Camus no para de nombrarle.
- Tu vida es una fiefzta
 - Un jolgorio constante...

miércoles, 1 de abril de 2015

Entretanto, entretiempo

- ¿Sabes? Se lo contaba hoy a mi abuela... Ella tiene 89 años, y es una mujer lúcida, culta, abierta, como pocas. Y no porque la vida le diera esa oportunidad, no porque en su día pudiera estudiar; no. Ella fue una mujer de su casa, con su marido, como lo eran casi todas. Fue al colegio, conoció a mi abuelo a los trece años, y trabajó pintando figuritas de belén, vírgenes y demás, hasta que se casó. Pero su mente, por suerte, siempre ha viajado sin boleto, y le hubiese encantado conocer mundo. Pero como se hacía lo que mi abuelo quería, y el universo de él era mucho más pequeño, se tuvo que contentar con viajar a través de los millones de libros que leía. Y yo me deleito cada vez que la veo, que la oigo, con su humor y su sabiduría. También porque no sé cuánto tiempo me queda de poder disfrutarla...
- ¿Qué tipo de libros leía? y, ¿qué le contabas hoy?
- Leía todo lo que caía en sus manos. Y es que, eso es lo que me sorprende, le cuento a mi abuela lo mismo que le contaría a un amigo de confianza. Exactamente lo mismo, lo asombroso es que puedo hacerlo. Y me enriquece más, y me encanta sentir esa conexión. Pues le he contado que estoy bien, que últimamente no paro de reír, de disfrutar del día a día... le hablo de la gente de la que me rodeo, de la gente que ya no me rodea, y ella entiende, entiende todo. No me dice: "no hagas esto", o "tú lo que tienes que hacer es..." Me dice lo hermosa que estoy, y lo bien que me sienta coger peso, que eso es porque estoy bien. Le enseño fotos de las personitas que me importan, y le gustan todas. Me dice que disfrute, que soy joven, y me habla de lo antiguos que son algunos hombres, "sobretodo los de pueblo, hija, sobretodo los de pueblo..."
-  ¿En serio? Qué graciosa. Tu abuela te habla como una señora de alta alcurnia...
- Pues no lo es. Ha pasado hambre. Pero tiene una elegancia y una fuerza que ya quisiera Katharine Hepburn o Bette Davis. En su forma de ser, en su personalidad. Cuando se trata de nosotros, de su familia, es como una leona con sus cachorros. Y la ves tan pequeña, tan mayor, y tan fuerte todavía... que te da un vuelvo por dentro
- Entonces, ¿qué te pasa? ¿que tienes miedo de perderla?
- No... bueno, sí, pero la veo fuerte todavía. Pero me hace pensar en las cosas que puedo mejorar todavía, sin decirme nada. Y la sensación de que la vida no se acaba, y que es verdad eso de que cada día es una oportunidad nueva... Tengo que ser más...
- ¿Más...?
- ¡¡¡Va-lient-te!!!
- ¿En qué?
- Pues en todo. Pero, sobretodo, quiero arriesgarme más, salir más de mi zona de confort, hacer cosas que me dan miedo, explorar, y seguir disfrutando como lo hago. También quiero preocuparme menos por el trabajo, por el futuro... y dejar de compararme con lo que tienen, son o hacen los demás. Y no exigirme ser tan perfecta...
- ¿Eso es sobre tu amiga polaca? parece que está haciendo su efecto
- ¡Es letona!
- Eso...
- Pues sí, me enseña mucho verla actuar... me encanta rodearme de personas del Norte... ¡del Norte! tan alegres, risueñas, locas y valientes. Me da un contraste del que quiero aprender.
- Norteñas, locas y risueñas...
- Así sabemos ser


"Con solo mirarme, me liberas. Aunque yo me haya cerrado como un puño, siempre abres pétalo a pétalo mi ser, como la primavera abre con un toque diestro y misterioso su primera rosa. Ignoro tu destreza para cerrar y abrir; pero cierto es que algo me dice que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas. Nadie, ni siquiera la lluvia, tiene las manos tan pequeñas" (A. Cummings, citado en Hannah y sus hermanas)

jueves, 2 de abril de 2015

Antígona, dentro y fuera de la tumba

- Nunca me hablas del tránsito de tu vida, de los giros que te han traído hasta aquí
- Esta vez, es distinto. Es de noche y no quiero hurgar en la herida. Me gustaría entender, profundizar, desde la tranquilidad de saberme fuera de una condena.
Hubo un tiempo en que yo dormía. Hubo un tiempo en que el mundo durmió, esperando, a mis pies. Primero fue la huida, la escapada al mar, con tintes de pérdida; luego fue la desidia, el dejarse vivir, con el tiempo pasando sobre mí; y luego fue la esperanza, lenta y silenciosa; la voz que no se escucha a sí misma, que después, una vez pasado el tiempo, puede leerse entre líneas y descubrirse. Y después llegó el sueño, el silencio. Olvidarse mucho de uno debería estar prohibido por ley. Hay cosas que se hacen con naturalidad, conectar con una propia sensación, adueñarse de ella, expresarla, dejar constancia de ella. Escribiendo, actuando, hablando; de cualquier forma.
 Después es fácil de ver; cuando ya has salido de esa tumba en la que no entraste por voluntad propia, pero sí decidiste quedarte, por esa manía de pensar que las cosas pueden ser distintas, que de verdad se puede razonar y hacer mejor a otras personas. Y durante todo ese tiempo, hubo el miedo. Miedo al silencio, que es el peor de todos. A la falta de vida, a la soledad más absoluta. Quedarse dentro porque no sabes lo que habrá fuera, y temes que no haya nada. Odias el lugar que habitas, pero no te atreves a abandonarlo. Y es cuando todo se convierte en una locura. Ahí, y no en otro lugar, comienza la locura.
Y al salir es tan fácil, mirarlo todo con perspectiva se vuelve tan sencillo... no te sientes bien, no estás orgullosa, pero entiendes y te alegras de estar fuera. Vuelves a los libros, a la vida experimentándose a sí misma. Vuelves a un camino que no sabes dónde te lleva; y comprendes que es mejor que el camino que parecía indicarte un lugar seguro. Porque la única seguridad que encontrabas en aquél, era la del sufrimiento. Este, el nuevo, no es el camino seguro de la ciencia, ese nunca te gustó. Siempre te empujó el de la incertidumbre, el de vivir de verdad ahora. Por eso dormir es sólo el tránsito que devuelve a la vida, la anestesia tranquila pero que te va minando por dentro. Y prefieres observar, dormir cinco horas, que cada día sea un nuevo aprendizaje, sensaciones nuevas y vivencias elegidas, verdaderas. Y un día entiendes que no quieres seguir culpando, por lo que dejaste de hacer, de ser, por mucho que sientas que otras personas te empujasen a hacerlo. Aprendes a tomar las riendas, a hacerte responsable, a confiar, de una puñetera vez, que el maldito Occam tenía razón, y tu intuición es el mejor arma que posees. Tienes que confiar en ella. No ser tan dura si te equivocas. Pero escúchate, tu cuerpo, tu mente, son sabios; al menos te dicen por dentro lo que quieren, y lo que no. Y tu única misión es verbalizarlo, poner límites. La fe sólo es buena cuando la canalizas hacia un posible, hacia algo que depende de ti.
- ¿No tienes miedo de volver a esa tumba?
- Lo tengo. Pero estoy tan lejos de ella, que ni la veo. No me considero una gran creadora, no escribo novelas, poemas, ni obras de teatro. No hago muchas cosas que hacen las personas que crean. Pero sí soy capaz de sentir, de tocar lo que otros hacen, de emocionarme y vivirlo como mío. Los cimientos ya no se tambalean, los reconstruyo con todo mi cariño, les pongo tierra fresca, me siento a sus pies, y les cuento un cuento lleno de ventajas. Las que ahora veo, las que ahora tengo. Y me aferro a ellas. Y ahí es donde me quedo. Y en la conexión que por fin encuentro de nuevo, conmigo misma, con los otros, con el mundo. Donde ya no hay pugna constante, donde mi esencia vuelve, y por fin me reconozco, disfruto, me río, me cuestiono, y la soledad ya no me asusta. Estoy en el paso necesario que me lleve a crear de verdad. En el paso previo del reconocimiento absoluto, en la mitad de la estepa florecida que sabe que llegará al bosque.
"Una vez me escribió para preguntarme qué significa esta canción. Está llena de enigmas y simbolismos. Pero en realidad, habla sobre el maltrato, maltrato de cualquier tipo. Y la necesidad de salir de él."

jueves, 9 de abril de 2015

Mi carta de Lord Chandos

A lo mejor soy capaz de decir todo lo que no sé expresar, en esta pantalla blanca y vacía.
A lo mejor puedo explicar con perceptos y afectos, los conceptos que no consigo que florezcan como mariposas mustias en este bosque inhóspito, donde voy huyendo de la lluvia que me empapa con interrogaciones, y con la nostalgia de un cuento colorido donde sí aparezcan rosales  y relojes.
Pero, donde habito, a veces, todo es gris, y yo me esfuerzo por ver salir al sol, por encontrar el musgo y el líquen, pero no me dejas. Y puedo comunicarme con todos, menos contigo, que te me escurres como la ceniza de un incendio cuya última chispa contemplo apagarse, porque no quieres creer que también hay fuego en ti, para ti; y prefieres recordar el ardor que en otro tiempo te impulsó. Y no me voy a quedar a mirar la última fogata. Pero me gustaría tanto verte florecer, ser partícipe de la armonía preestablecida en la que dejaste de creer, que voy a quedarme cerca, arropada por mi propio verano, haciendo crecer mi propia raíz, esa que me ayudas a ir nutriendo, por si algún día decides que prefieres arder la vida, salir de la tumba, y soplarla conmigo.

"Mi caso es, en dos palabras, el siguiente: he perdido completamente la facultad de pensar o hablar con coherencia sobre cualquier cosa. Al principio, se me fue volviendo imposible discutir sobre un tema elevado o general y pronunciar aquellas palabras tan fáciles de usar que cualquier hombre puede servirse de ellas sin esfuerzo. Sentía un malestar inexplicable sólo con pronunciar 'espíritu', 'alma' o 'cuerpo'. Encontraba imposible dar un juicio en mi interior acerca de los asuntos de la corte, los sucesos del parlamento o lo que queráis, porque las palabras abstractas que usa la lengua de modo natural para sacar a la luz cualquier tipo de juicio se me deshacían en la boca como hongos podridos. Esta infección se fue expandiendo paso a paso como una herrumbre que devora todo lo que queda a su alcance. Todo se fraccionaba, y cada parte se dividía a su vez en más partes, y nada se dejaba sujetar ya por un concepto.  Por el contrario, se me presentaban con mayor fuerza cualquier criatura, un perro, una rata, un escarabajo, un manzano atrofiado, unas roderas serpenteando sobre la colina, una piedra cubierta de musgo"

viernes, 1 de mayo de 2015

Aquí está la Rosa... Bailemos con ella

Las campanas siempre resuenan desde el mismo lado, y a veces, las miro con nostalgia. Forman parte de mí. Otras, en cambio, odio que estén ahí, tan calladas y chirriantes. Y entonces me viene el silencio que se volvió costra una vez que Juana Inés tuvo que callar, como ellas.
No quiero un recordatorio constante, una rutina de iglesia y fuentes con agua... quiero que Schopenhauer tenga razón, poder seguir su ejemplo... o que la vida tenga la magia que promete y poder bailar con la rosa de Hegel, y su olor a cuestas. -El recuerdo conmigo, y yo con nadie-.
La esfinge no va a irse nunca, eso lo sé, pero puede que las campanas algún día se conviertan en un arrullo, y me mezan cuando quiera dormir.  Entonces veré el mundo como desde fuera, me observaré a mí, y podré reír aunque no entienda, aunque no encuentre el sentido en cada paso. Aunque no estés. Y no esperar nada, ni tan siquiera a la primavera, ni siquiera a ti. Revolcarme con los libros, hacer el amor con Nietzsche, y decirle que sus palabras me acarician, pero no me sirven.


Tocaba a rebato la campana desatada por la alarma o la alegría o quién sabe qué, y por primera vez nadie la entendió. Un gentío se juntó en el atrio mientras la campana sonaba sin cesar, enloquecida, y el alcalde y el cura subieron a la torre comprobaron, helados de espanto, que allí no había nadie. Ninguna mano  humana la movía. Las autoridades acudieron a la Inquisición. El tribunal de del Santo Oficio declaró nulo y sin valor alguno el repique de la campana, que fué enmudecida por siempre jamás y expulsada al exilio de México. Juana Inés de Asbaje abandona el palacio de su protector, el virrey Mancera, y atraviesa la plaz mayor seguida por dos indios que cargan sus baúles. Al llegar a la esquina, se detiene y vuelve su mirada hacia la torre, como llamada por la campana sin voz. Juana Inés le conoce la historia. Sabe que fué castigada por cantar por su cuenta.

sábado, 27 de junio de 2015

Tu viaje, mi viaje

Y yo quiero también llevar una maleta que no pese, unos recuerdos que no me ahoguen, tener unas necesidades que no me condicionen. Quiero, como tú, mirar la luna y que con eso sea suficiente. Sentirme arropada por las montañas, las luces y las olas, y sentirme acompañada y agradecida. Leo y leo esperando poder empaparme de ese espíritu, saber como tú que el miedo es pasajero, ser consciente de que todo es un suspiro, que no tengo que aferrarme a nada, y menos a ti, ni entrar en la dinámica de esperar, de esperarte, de frustrarme. Que ya me sé todala teoría, que si el ego, que si la libertad, que si aceptar. Todo me lo sé, pero la práctica es distinta. Y me canso de sentir que soy una alfarera sin barro, o que no sé moldear el mío.

sábado, 25 de julio de 2015

Sin Nombre

Es curioso el olor de la calle en verano. La tendencia a estar encerrada, a la sombra. El verano como un período de espera, porque todos los proyectos comenzaban, o comienzan, cuando el verano se termina. Y usar este tiempo para desconectar, para observar, pensar, volver a escribir. Las caras parecen distantes, los disfraces tan veraces, y te preguntas qué hay debajo de toda esa estética tan bien cuidada, si realmente se corresponde la dureza del estilo con la forma de vida, y de sentir. Y claro, tú te sientes una blanda, venga a buscar abrazos y unos ojos que por un instante sean capaces de verte de verdad. Es maravilloso sentir esa conexión, poder decirle a alguien que sientes que no encajas en ninguna parte; y decirlo de verdad. El misterio de tu propia identidad aún por conocer, poder observar tus miedos, tus tendencias, tus prejuicios desde fuera, y frustrarte primero; actuar después.  Darte cuenta de lo importante que es esa convivencia a solas, darse tiempo para salir al mundo, pensar antes de hablar, para dominar esos fantasmas que sabes que no eres tú, pero que te acompañan desde hace tanto que los sientes como propios. Todos los esquemas cambian, una y otra vez, y ya no sabes si eres así de voluble, que es porque no te conoces, o porque de verdad necesitas explorar tantas posibilidades como gotas de agua de mar. Tienes mucho frío porque es tan fácil desabrigarse así, tan fácil sentirte sola, incomprendida; e intentar que te salven los demás. Porque la única certeza que tienes -maldito Descartes- es este sentimiento desbordante que te acompaña, que hace que los demás te llamen dulce, pero que tú si pudieras lo arrancarías y querrías ver la vida a través de los ojos de cualquiera, convencida de que, de seguro, sería más sencilla.
Pasa el tiempo y  los demás cada vez te parecen más enigmáticos, no sabes si debes defenderte de ellos, tomarlos como un apoyo, o alejarte como una opción necesaria. Tu boceto sigue sin estar definido, sigues siendo pura potencia -maldito Aristóteles-, y el acto, son los sentimientos que intentas descifrar, dar sentido, una y otra vez. Buscando el alma en el arte, el significado último... y así, cómo vas a centrarte en el Aion, en verdear. Y ya no sé lo que quiero decir, porque me define lo indefinido, el nudo en la garganta, este desahogo, tras el cual tendré que actuar, y volver al eterno retorno.

Jueves, 30 de julio de 2015

En el nombre de la Ira

Ojalá con esta rabia que siento pudiera derribar muros, construir otros, darte a ti con ellos, y aprender a no necesitar nada más que eso que llevo dentro y que aún no he explotado, esa mina que me alienta y por la que siento tanta ira, por no haberle prestado atención, por no ser más clara, por estar escondida, por no haber encontrado su camino por sí sola. Este orgullo que hace que me resista a aceptar que no importa el tiempo perdido, que aún puedo hacerlo, pero para mí no es suficiente, porque hubiera querido tomarla de la mano, y de qué me sirve, cuando los demás tampoco me gustan, me parecen cobardes, egoístas, ególatras, y eso debiera hacer yo; no tener escrúpulos, pensar sólo en mí, decir la verdad aunque duela, aunque piense que no es justo y me puedo equivocar. Pero qué puedo decir yo, si no me aprovecho, no me reinvento, que voy a morir potencia, pudiendo ser acto.
Pero esto no es una elegía, ni un romance ni una promesa. Porque lo que se promete, se duda.  

Y es que con tanta porquería
la que nos mandan desde arriba
levantamos paraísos 
de inmundicia y alegría.

viernes, 31 de julio de 2015
http://3.bp.blogspot.com/-cfCMQWH4-c4/Vbsfoz70umI/AAAAAAAAAXk/CPbrZcFzkqw/s1600/%25C3%25ADndice.jpg
Hay sueños reparadores y sueños que te despiertan desconcertada y sin entender por qué aparecen personas sin sentido, que te hablan con una familiaridad que ya no existe. Pero ayer decidí que voy a hacer muis deberes, y aunque voy lento y despacio, voy cumpliendo mi palabra. Me sigue costando explicar algunas cosas, como el impacto y todo lo que se me viene leyendo un libro; lo bueno es que ahora sé que eso es por culpa de mi cerebro derecho, o del izquierdo; que lo boicotea. Y sabiendo todo esto de una forma mucho más concisa y clara, cómo funciono y cómo a veces intento procesar datos desde dos sistemas distintos, ya puedo ver sin juicios por qué tantas veces he dicho "estudiando emociones, sintiendo mentes", como Benerice de Allan Poe; intentando hacerlo todo al revés. Por suerte la imaginación me ha importado siempre, y por fin puedo centrarme en desarrollar esa parte, mía y de los adolescentes que pasen por mis manos. Con muchas ganas de desarrollar, extender y modificar mi cerebro "elástico y joven" y que por fin sus derroteros y enfoques cambien y siembren la muerte y el gemido en un lado, y la creación y la belleza de otro.

sábado, 1 de agosto de 2015

Estos dedos que hoy con el viento se deslizan, están creando nuevas formas, tan sólo imaginadas por mí antes, mucho antes, hace tanto que ya ni lo recuerdo; y me voy desempolvando, desenterrando poco a poco, es difícil, emotivo y doloroso; cambiar el lado en que te miro, hacerlo a solas, mirarme a mí, obligarme a hacerlo; me gusta pero no puedo evitar mirar de reojo, buscar al otro lado, dejar volar la imaginación a los lugares que siempre suele ir; el de la caricatura, la buena cara, la exigencia de ser perfecta, la condena autoimpuesta, y poco a poco me voy quitando las cadenas, creando y buceando en mis entrañas; redescubriendo lo que me mueve y permitiéndome hacerlo. Y no sé si estarás ahí para verlo. No sé ni tan siquiera si te importa. Pero me pierdo en la disciplina de este cambio, y no quiero, me obligo a no pensar en ti; estoy a oscuras, porque he venido a por mí.


domingo, 2 de agosto de 2015
http://1.bp.blogspot.com/-XMW3tEi7jTE/Vb47wpajfZI/AAAAAAAAAYk/EYokmFEsZw0/s320/Nietzsche-de-las-3-tres-transformaciones.jpgCon este nudo sigo andando, miro hacia adelante y sonrío porque sé que puedo salir de las grietas, que tú me ayudas y me esperan detrás del muro todas las estrellas, todos los soles, las canciones, la voz que andaba retozando a solas y los momentos compartidos, todos los dibujos que estaban dormidos en mis dedos, volver a entrar en una piel distinta, y escuchar de nuevo y para siempre el canto de la noche, a la hora de los manantiales y de los amantes; la sensibilidad en mil formas de manifestarse; y no, ya no me doy la vuelta, ya no quiero mirar atrás, en el pasado que es la historia que nos contamos a nosotros mismos. Nunca fui camello, nunca fui león; lo que habita siempre en mí es el niño. Inocencia es el niño. La de jugar a guerra en la selva, gritando, aullando en la fría niebla.

martes, 4 de agosto de 2015


http://2.bp.blogspot.com/-hOT7v9iB_xU/VcBsuqPLbdI/AAAAAAAAAY8/cJjBAfpvEMg/s320/cortazar.gifA veces los demás se vuelven un desafío que nunca hubiera esperado. Que me oyen como un arrullo lejano, que me ven pero como a través de una pantalla. Y yo me pregunto cuál es el mecanismo que lleva a ese ensimismamiento, a ese complejo de Jonás y esa piedra-losa de Sísifo. No puedo evitar hermanarme con toda esa ciénaga, pero me protejo. No puedo quedarme cerca porque me destrozaría si estuviera tan pegada que pudiera sentir aún más la incapacidad para ver, para estar ahí de verdad. Yo también necesito seguir mi propia senda, porque en la tuya, o en medio de las dos, me hago daño. Y no voy a seguir pensando en las posibilidades, si podrías ser de otra manera, dejar de hablar del pasado como tu tesoro más preciado, si podrías tratarme como yo quisiera, si antes, con otros, has sido de otra forma, y estabas ahí de verdad. Voy a quedarme sólo con el amanecer, aunque eso suponga dejar  de lado una parte de mí, esa que puedo compartir con todos, menos contigo. Y es que a veces no sé si lidio con un monstruo, con un pobre ser, o con un genio frustrado; o todas esas cosas a la vez.  


Julio contaba que las emociones de los vivos llegan a los muertos como si fueran cartas, y que él había querido volver a la vida por la mucha pena que le daba la pena que su muerte nos había dado. Además, decía, estar muerto es una cosa que aburre. Julio decía que andaba con ganas de escribir algún cuento sobre eso.

lunes, 17 de agosto de 2015
Y hay tantas sombras de ti que no distingo, tanto colores que no puedo ver, que cuando me asomo desde fuera, alcanzo la penumbra, y es cuando me envuelve el hormigueo por los pies, la mirada que recorre y la garganta se me hincha de luz, de luz pajiza que no sabe a dónde dirigirse. Respiro porque en lugar de pensar siento, intentando comunicar en un estúpido teclado que creo que mi maraña ya no está de mi lado; el camino me pone gigantes que otras veces me parecen molinos, los valores se entrecruzan, se desafían y no quieren que decida; porque dejo el ámbar que me hiere y me aburre para entrar en el sepia de tu memoria y el bermellón de mis ganas, y es entonces cuando el paralelepípedo se desvanece y entro en una orgía de pliegues y relieves, que tú no has visto pero siento tan dentro que podría ser la montaña mágica, esa que es roja y en la que por fin he podido entrar sin miedo a perder mi identidad, y es que ya no importa convertirme en bruma que levita, sin necesitar los bordes picudos que entorpecen mi mirada. Y para qué defenderme de la niebla cuando puedo refrescarme en ella, apartar el azul oscuro casi negro y convertirlo en un manto que ya no me asusta ni me duele.
https://3.bp.blogspot.com/-rL-eoL0Ifck/VdHoZUG3CrI/AAAAAAAAAZY/0BFt0YfuJxo/s320/camus.jpgFue fácil de repente para mí dejar que me asfixiara el cieno ajeno, fácil respirar aire puro en un lugar inexplorado, dejar de repente de sentir que el mundo era pequeño, finito, vacío, frustrante, y que yo formaba parte de  forma impepinable. Ver todas las posibilidades a mis pies, la inocencia que vuelve, que da saltos en el aire, se sienta y se vuelve a poner de pie, llorando de risa y verlo todo como desde fuera, relativizando, haciéndolo todo más sencillo para mí. Entendiendo cuánto tengo que entrenarme aún, para comprender que he de conseguir que en mí se quede este verano invencible, aun cuando fuera a veces todo pugne por darme frío y el invierno atroz amenace, pero disimule y no se haga responsable. Ya no quiero pensar más si es imaginario, justificado, inintencionado; solo quiero seguir mirando hacia ese mar que me acompaña, que me espera, al atardecer que me serena y perdonarme si alguna vez falto a mi promesa y vuelvo a sentirme vulnerable, a sentir que el invierno arrasa todo mi verano, a necesitar una chaqueta ajena para abrigar mi alma. Aprenderme de memoria todas y cada una de las cosas que tengo, que soy, enumerarlas mientras tiemble. Que ya aprendí a ser como el niño de Kim ki duk, a ponerme una piedra para enteder y pagar cómo sienten los otros; a entender, como Old Boy, que hay que seguir sin preguntarse, y, como Stoker, aceptar la propia rareza, la propia esencia. Porque Camus ya lo predijo, y hasta el cine está de mi lado.

Como un cofre enterrado en el mar, el que me pertenece y el que brilla; que no es mío y puedo sentir cerca; suenan los Smiths y yo me pregunto qué dibujan las cuarenta palabras de tu papel. Tus guiones de cine y las historias que se ocultan bajo tus pies. Y tengo tanto por descubrir, por desenterrar, que voy poco a poco, pasando cada día, porque es verdad que la vida puede ser una aventura.

viernes, 1 de enero de 2016
Suena Mark Orton y sonrío, y es que este año que ha terminado me resulta difícil de describir; y no quiero hablar de aprendizajes en el tintero. Quiero hablar de la inocencia detrás de unas gafas, de la ternura y la alegría y todo el amor que me despierta la elegancia de un chaval de dieciocho años con toda la vida por delante. Quiero hablar de que hace tiempo que no escribo y me da miedo, porque siento que ya no tengo esa capacidad; o peor, que realmente nunca la tuve. Pero me río porque este año he aprendido a fumarme un porro con esa voz que dentro de mi cabeza me envía esos mensajes en lugar de lanzarme la vida como un desafío; y tal vez sea en el lienzo blanco, ese que aún no he pintado, donde podré plasmar esa visión que nunca antes he tenido.
 Creo que nunca me había emocionado tanto pensar en las infinitas posibilidades del presente, porque por primera vez sí que las veo. Sí que las hago. Sí que las siento. Y aunque mi mente sigue pensando de modo lineal y no cíclico, creo que no me arrepentiré de esto que vivo, de esto que soy; aunque al final algo vaya mal y deba decirme "si hubiera hecho esto...", "si me hubiese dado cuenta de lo otro...".
Te miro y no te necesito, noto cómo mi conciencia va despertando tras un sueño profundo y tú no eres un bastón, más bien una ráfaga de aire que me susurra, que me dice que no le dé demasiada importancia; ni a ella, ni a nada. Que me dice que lo real no es la amargura, que lo real es el brillo y la ilusión nueva de cada día. Que el rencor no existe y que esta construcción es sagrada. Pero viene la voz y me dice que el aire es voluble y tal vez mañana se vaya. Pero lo que sí sé, es que esto sí merece la pena ser construído, que el viento no podrá llevárselo; todo no.
Y pongo fin a mirar al pasado con rabia, aunque no lo entienda, aunque no me guste; y renuncio a acallar estos miedos que llevo dentro, pero prometo usarlos y hacer de mi vida una obra de arte con ellos. Aunque sea mala. Renuncio a vivir de la apariencia, del ego, de competir con las habilidades, mías y de los demás, y renuncio a no escucharme. Renuncio a no escribir. Renuncio a no expresarme.

lunes, 18 de enero de 2016
https://4.bp.blogspot.com/-lu0O-vS0-cM/Vp1tdC1nYBI/AAAAAAAAAaA/xVcQhjxQ6IA/s320/sara.jpgY de repente descubres a una tal Sara Herranz que hace los dibujos que tú siempre quisiste hacer, y dudas porque no sabes si es sólo cuestión de apariencia, de una especie de moda, una pose que se muestra al exterior y eso es lo que rechazas; pero por otro lado la idea es tan bella y podrías quitarle las barbas y las camisetas a rayas (malditos modernos) y darle tu enfoque propio, el filosófico y teatral; pero entonces te das cuenta de que tienes treinta y dos años y te preocupa descubrir que pensar en dejar de ser profesora te hace más ilusión que serlo; y te preguntas qué ganará: si la duda, si la espera, si la promesa, si el alcance, o la pobreza.

I'm losing time, que, sin ningún tipo de pudor dice la Holzer; y yo también. Porque no paro, y sin parar no me descubro sino que cubro el atisbo que separa mi corazón de la mano que debería acariciarlo pero en su lugar mira a Kant mientras dice que a la razón no hay que ponerle alas sino plomo. Y tal vez me repita porque no tengo ideas que entrecrucen la belleza que habita en una sola frase, un solo mensaje que sea capaz de resumir todo un sentimiento; como esa obra de teatro, que en un momento hace que mi interior estalle y yo, como siempre, llore. Por lo que yo no sé decir, por lo que no sé expresar, por lo que no sé elegir.

lunes, 8 de febrero de 2016
Y poco a poco, mientras te escucho, voy sintiendo cómo mi garganta se va hinchando; y una punzada me recorre, porque la suavidad de ésta, tu voz, me transporta al perdón, a la dulzura que aparenta ser fácil de entregar; tu canción me acaricia, y me vienen los recuerdos, pero ninguno en concreto; nadie en quien pensar con especial pena ni vanagloria. Y entonces pienso en ti, mi presente; y mi niña pequeña querría poder agarrarte sin que nadie la vea; como si fueses un juguete robado, el más preciado; y quisiera que nadie más, nisiquiera tú, viese cuánto querría ser tu amanecer, tu mediodía, y tu anochecer.

Me acurruco entre las sábanas; ya estoy despierta, pero no quiero abrir los ojos, me protejo dando la espalda y mi energía gris hace que no de un vuelco en la cama, a pesar de que el sol brilla desde mi ventana. Una mezcla entre la defensa, el miedo a decidir borrarte, la resignación ante una realidad que no me convence me corroe; pero la existencia auténtica llama a mi puerta; es Sartre diciéndome que debo construir desde dentro, no esperar nada; y entonces vuelve la vorágine de la mansedumbre y la vida inauténtica, la angustia y las dudas. y tal vez es que sea sólo un culo inquieto, o tal vez no sé exigir lo que realmente quiero, no sé gritarle al mundo como un niño lo que necesito sin pensar en las consecuencias. Será por el miedo a que tu figura se borre del todo; será el miedo a perder esto que tengo. Observar la tranquilidad en los ojos ajenos y preguntarme por qué yo no la encuentro; por qué, aunque cambie el retablo, no cambia mi mirada. Y sentir por un lado que mi percepción está distorsionada, y también que debería seguirla, porque es mía, y abandonar mi presente. Atreverme tal vez a no ser, a abandonarme, a estar a solas, y dejar de buscar. Y saber que será para bien. O tal vez atreverme a aceptar lo que tengo, desde el amor infinito que sé que siento, que sé que soy, obligarme a silenciar mis dudas, y perdonarme también por permitir que se empañe del miedo del que no sé prescindir, por esta, al parecer, maldita autoexigencia que impide que me relaje. Y mientras tanto, no perderme el hilo, seguir leyendo sobre aquello que necesito; decírmelo, aunque lo que escriba no me guste, ni por lo que es ni por lo que representa. Será el precio por buscar siempre lo humano que hay detrás.
domingo, 27 de marzo de 2016
El error
no es suyo, es de otros; pero ella siempre dice que la casa es cualquier sitio,
si hay amor...
A veces el miedo la persigue; no duerme.
A veces, las pesadillas son terribles, y no duerme,
se esconde
en la oscuridad.
 Allí no hay nada más
 que un rebaño
de ovejas negras.

He dejado que mi lobo se escape, acostumbrado como está a acampar a sus anchas en mi corazón, devorando cualquier sentimiento puro a su paso.
Ya no podía lidiar con la realidad y el espejo, me he rendido, y le he dejado salir. No quería herir a nadie, pero su aullido me ha dolido hasta  a mí. Siento que esté ahí, siento que exista, siento no poder expresar mis temores sin que él aparezca. Pero estoy intentando domestircarlo, y quisiera que estuvieras ahí para ver que puedo llegar a hacer que desaparezca; o, al menos, acostumbrarme a que esté ahí, no hacerle mucho caso, aprender sus costumbres, sus puntos débiles. Hermanarme con su negatividad y hacer de ella mi bandera. Expresarte así la paradoja de la vida, por qué a veces me asfixio y necesito salir, y cuando me rindo, vienes y acallas esa parte que no acepto, pero tú le tiendes la mano, y mi lobo, avergonzado, se aleja.

jueves, 7 de abril de 2016
Ojalá bastase sólo con esto que siento cuando imagino las mil historias que no me atrevo a vivir;
ojalá la belleza que envuelvo en tu silueta te llegara en forma de poema, de rayo de luz;
ojalá esta emoción que llena mi pecho tuviese la fuerza de detener el tiempo, el tuyo y el mío, y nos hiciera olvidar el lenguaje, y nos obligara a ser honestos sólo desde la mirada.
Ojalá bastase con compartir este entusiasmo, que la realidad no se impusiera,
 y el encanto, de nuevo, no tuviera que volver a dormirse en mi boca.

martes, 12 de abril de 2016
Y hay días que no aguanto el ajetreo, que me gustaría poder quedarme en casa,leyendo los mil libros que me están esperando, o ponerme al sol, para recuperar la calma perdida por este presente del que soy afortunada, pero no me tranquiliza, porque siempre tengo la sensación de no llegar a tiempo, de no estar a la altura, de no tener lo que merezco, y culparme por no haber hecho las mil cosas que ahora querría hacer, y, como Proust, estar cada día en busca del tiempo perdido.
Sentir que no estoy donde debería, y aún así saber que tengo suerte, pero la calma no me invade, no me consuela esto que tengo que algún día se marchitará. Y tú no me ayudas, porque tampoco te ayudas a ti, y te reprocho dejarme sola sin que te des cuenta, no poder contar contigo, sentir que me haces perder el tiempo, ese que para mí es tan valioso.
y ya no puedo esperar ni seguir lamentándome, porque fuera hace demasiado sol. Odio quejarme, odio sentirlo todo, hasta lo más nimio; pero por suerte entonces caigo, caigo y me levanto, me perdono por las cosas que no están en mi mano, me animo por las que sí lo están, e intento tener esa fe tan necesaria, en que no tiene por qué salir mal.

miércoles, 11 de mayo de 2016
"Yo soy su ángel. Sin el amor de Sofía  no existo" (La ardilla roja, Julio Medem)

Seguía igual, acurrucada en la esquina de la sala de estar, contemplando el cielo desde la ventana. Esa mañana no había ido a clase de pintura. A esa sala donde se encontraba con un olor penetrante nada más entrar, y, donde al llegar, a veces la inquietud parecía desdibujarse para entrar en un espejismo de formas aún por hacer, donde el enigma fácilmente se descifra desde los propios dedos; donde las preguntas se responden sin tener que formularlas.
Allí uno se convierte en espectador y partícipe; las vidas ajenas la arrullan, y son tan distintas a la suya, que no puede dejar de sentir curiosidad por experimentar sensaciones ajenas, esas que ella sabe que sólo se podrá imaginar; en su tendencia a querer ser todo el universo a la vez. Para poder entenderlo todo.
Pero, en lugar de eso, se ha quedado en casa, muerta de miedo.
Y se ha puesto a escribir.

- No quería tener que escribirte. Pensé que podría quedarme en este domingo soleado y tempranero, perdida dentro de mí misma; buscando el consuelo en la música lacónica que quisiera protegerme de las calles llenas de ceniza y soledad asfixiante. Claro, ya sabrás lo que estoy escuchando. Pero el impulso que me lleva a dirigirme a ti, es el deseo envolvente de que formes parte de mi historia. Últimamente no hacen más que venirme recuerdos de vidas que no viví. Me viene a la mente un parque en otoño, y una música en escala menor de piano; una chica disfrazada de mimo. Quién sabe. Podría haber sido yo.

Pero, en ese momento, deja de escribir. Y es ahora cuando sabe que él -que cualquiera- pensaría que ésta es una mala historia. Que su estilo es siempre trágico y carente de hilo conductor. Así que, ¿para qué seguir? 
"Voy a salir a la calle", -se dice- y cuando lo hace, busca ese parque.
Con esa música en su cabeza. Pero no encuentra.
Un señor mayor se acerca, la mira, sus ojos están perdidos; ella sabe que nisiquiera la está viendo, y que se acerca porque, aunque no sabe, necesita del contacto ajeno. "Como yo" se dice ella.
Le gusta que el viento azote su cara, pasear sin rumbo su melancolía. Porque, en el fondo, sabe que todo lo que ansía hallar, no está fuera.
Pero no puede dejar de buscar. De mirar sin tocar. De tocar sin poseer. De poseer sin valorar.
"Pero la vida es tan maravillosa, -se dice- que no alcanzo a entender por qué no dejo que me arrastre con ella. Donde me tenga que llevar".
Y querría que fuese suficiente, no sentir la pérdida cuando piensa en la técnica perfecta de Da Vinci; cuando contempla el amanecer, y las aves migratorias que sobrevuelan cuando conduce con miedo hacia un camino, que sabe, no la salvará. Nada la salvará. Ni la risa ni la paz que encuentra en su padre. Porque, al final, va con su olor a cuestas; un poco enmohecido, de tanto regarlo, para luego secarse.
De tantas lágrimas que se han enquistado en su estómago en forma de tensión, de defensa. De voz apagada. Por tener que llevar una máscara cada día ante los ojos que la contemplan. Tener que fingir que está ahí, que necesita lo mismo que los demás. Porque nada ha cambiado. Sigue, igual que en su infancia, esperando poder colarse por una rendija para no tener que ir al colegio, o como ahora, poder huir con esas aves migratorias, irse con ellas a contemplar el amanecer. Ese precioso amanecer que es lo único que devuelve el sentido, que la hace volver al aquí y al ahora; pero, en lugar de eso, observa desde el coche a las personas -pocas personas- que madrugan, toman su cámara de fotos a cuestas, y se quedan a observar. Y a inmortalizar ese  momento del día.
Querría que eso le diera la fuerza, la energía suficiente para enfrentarse con aquello para lo que no ha venido; la vida real que azota desde fuera, la lucha diaria para la que tal vez no está preparada.
Pero la enfrenta. Con el estómago encogido. Y el paso firme. Y la voz le tiembla porque cree que no tiene derecho a estallar. A comunicar eso que lleva al mundo. Pero en realidad desearía ser como Corre Lola, corre, y huir. Y que la siguiera quien quisiera. No tener que obligar a nadie a nada. Vivir de su propia sed. Y no avergonzarse ante los que la conocen de verdad de no ser capaz de estar bien en el ajetreo, en el barullo, y que en el fondo, cree que los demás siempre son más felices, más completos... más sencillos.
Y por eso, cuando vuelve, procura relajarse, y buscar fuera lo que no encuentra dentro, para que eso la ayude a sacarlo, y gritar ahí lo que en otros sitios no puede.
Pero sabe que se enfrenta al mismo fantasma aunque el decorado cambie. No se siente parte de ningún sitio, de ninguna casa, de ninguna cama; todo lo mira con distancia, con angustia.

Se ha acabado el paseo solitario, pero, antes de irse, se vuelve a mirar. Y ríe, porque se acuerda de Lost in translation, y se siente arropada por Charlotte, la estudiante de filosofía, acompañante eterna de un marido con la vida hecha. Humilde y trágica, piensa que no sabe hacer fotos, que escribe mal; nunca se encuentra. Y por suerte, sabe que a ella también la acompaña Bill Murray, en la distancia.

Hubiese querido no tener que volver a casa, encontrarme contigo, que me cogieses del brazo y guiaras mi camino. Porque no sé escribir, no sé decirte lo que quiero porque no encuentro; y a veces prefiero no introyectar, vivir la vida de otros, inventar un cuento lleno de ventajas para mí. La eterna idea del cuento lleno de ventajas que parece que Julio Medem escribió pensando en mí. Y ya me conoces, sigo queriendo descubrir el mundo, bailar con los arrecifes debajo del mar; que la naturaleza y los libros me consuelen. Necesito que vuelvas. Quiero contarte un sueño que tuve. Que encontré para mí. En realidad, era más una pesadilla; porque no podía escribir. Soñé que mi miedo a no tener una historia que contar me paralizaba tanto, que optaba por no intentarlo. Pero entonces aparecías tú, en forma de Fele Martínez, con una cerilla prendida en la mano, pidiéndome que cantara una canción para ti. Con esa fuerza que tienen las historias de Amenabar. Pero tú no lo hacías para calmar mi miedo a la oscuridad. Bueno, en parte sí. Pero también para lanzarme un desafío, una pregunta. Para sacarme de mi zona de confort, retarme a cualquier cosa.  No te he contado que hace poco fui a ver a una psicoanalista, feminista y escritora. Me dio mucha vergüenza cuando me preguntó qué me pasaba. Le dije que nada. Le dije que había ido porque quería conocerla. Y era la verdad. Pero no me atreví a decirle que lo que necesitaba era un aliciente. Que me retase a escribir. No me atreví a decirle que mis inquietudes eran smilares a las suyas, que puedo leer psicología por mi cuenta; que Foucault, Lacan, Deleuze, Sloterdijk y Brahms ya pueden ayudarme. Pero solo vi un robot, igual que los demás. Que no me miraba de verdad, que no sentía mi curiosidad. Que se limitaba a tomar notas y hacer preguntas. No le dije que ya sé lo que me pasa. La visión distorsionada de mi mirada. Mis problemas de burguesa acomodada en sociedad de crisis que no sobreviviría ante una desgracia. Ya sé que la fortaleza se trabaja, que la actitud se trabaja, y lo que yo quisiera es que su  receta fuera: vete a escribir sobre los arrecifes coralinos en groenlandia. Como siempre, un tutor intelectual, alguien que me diga cuáles son los pasos, MIS pasos, a seguir. Que me avise de cuáles de mis elecciones serán acertadas, y me explique por qué. No quiero un ser extenro, ajeno, que al mismo tiempo sepa mi vida entera. Quiero lo que yo sería en su lugar. Un choque frontal en el hipotálamo. Bum. 

Suelta el bolígrafo. Va a la cama. Se pone Ruby Sparks otra vez. Valora cada milímetro, cada detalle. Desteñida, se quedar dormida. Despierta como si todo el peso del mundo le cayera encima; habla de Sartre ante adolescentes. Sentirse privilegiada por un día. Y volver a casa para volver a ser estudiante. Y hacer lo que no se atreve a hacer en clase. Mirarse al espejo fijamente, pintarse los labios y restregar la pintura por su cara. Despeinarse. Mirar con los ojos desorbitados, salir de sí, permitirse estallar. Desde la mentira. Y vuelve contenta a casa; porque ahora no necesita un sentido. 

- He estado pensando en todo lo que podría hacer y no hago. Quiero hacer un gran viaje. y aunque no quiero, creo que debería irme sola. Ha sido hoy, mientras pintaba el arrecife de coral. Tendría que ser más simple, poder comunicarme sin palabras; que no me importase tanto lo que otros puedan pensar si dejo salir lo que soy; me asusta demasiado el rechazo, estropear el momento presente. Y eso que me tienen dicho que no debería responsabilizarme tanto de los hechos, míos y de los demás; que el ser humano no se guía por su ética, sino por su instinto. Yo debería saberlo. Pero cuando miro no me atrevo, y la máscara toma forma en mi cara de nuevo. La exigencia de ser perfecta, de no contentarme nunca con lo que soy porque aún puedo mejorar, buscar siempre más y más, desde la insatisfacción permanente. Y de repente lo veo desde fuera, me doy cuenta de lo ridículo que es, y comienzo a estar mejor. El psicótico dice: soy napoleón. El neurótico dice: debería ser Napoleón. Y el sano dice: soy el que soy. Es hora de despedirme de media Verónica, la que lamenta que el tiempo se consume, y lo demás no cuenta.

Se ha ido a dormir,  el cuerpo le pesa demasiado, aunque es pronto. Había estado por ahí con sus compañeros de los de fuera, pero de los buenos. Con ellos siempre lo pasa bien. Pero la noche la ha pasado regular; se despertó de madrugada con sudores y ya no se podía dormir. Además, entre sudores, ha leído una promesa, una carta llena de pavor, honestidad y cariño. Y no ha sabido responder. Cuando ha sonado el despertador estaba dentro de un sueño tan profundo, tan pesado, que auque quería no podía moverse. Y ha preferido seguir soñando, hoy que no trabaja, un rato más. Aunque no debería. Aunque como alumna, iban a ponerle falta. Pero llega. Tarde, pero llega. Y se alegra de estar donde está. De poder añadir a su vocabulario Diapasón, Arpegiado, Anacrusa. El día pasa rápido, pero pesado, porque ha sido largo. También ha discutido sobre política en inglés... y para qué. Ya está en la cama, no puede más; pero ha cumplido sus deberes. Y no puede irse a dormir sin antes escribir lo que no puede decir.

- Esa sonrisa me va a matar. A veces me siento tan estúpida. Es como si el tiempo no pasara, la ingenuidad no termina, sigo siendo capaz de emocionarme en unos ojos aún por abrirse del todo, que solo tienen fe, una fe hermosa, en las personas; en el amor. Y exteriorizan en sí esa belleza. Y yo me siento partícipe. Todavía. Pero soy una cobarde, porque no me atrevo más que a mirar, sonreír, abrazar. Un abismo separa el pecho que se me abre de par en par cuando miro esos ojos tan familiares, sublimes, cercanos, y a la vez tan lejanos. Porque si se hiciese real, se estropearía. Y los contadores de historias, prefieren pensarlas, sentirlas, escribirlas, antes que vivirlas. Y yo sólo quisiera tener el valor de  sobrepasar un día esa barrera, o hacerle jurarme que su vida estará a la altura de lo que promete. 

Y sonríe mientras un sueño profundo la invade, hoy está satisfecha con quién es.
Pero no siempre es tan fácil. Ella intenta crear belleza de donde sólo hay mugre, pero en  realidad no desaparece la lucha diaria. Después están los madrugones, los despertares en que no ve nada claro; y sigue por inercia. Intenta comunicarse con el mundo, y cuando se frustra, cuando  intenta comunicar su frustración, la mandan a leer a Jünger. Le dicen que piense menos. Que monte una comuna. Que nada, ninguna formación política, salvará su situación.

Han pasado tantos días que el abismo bostezante ha dormido catorce veces; se acumulan las lecciones que aprender, pero el calor va llegando, los días son largos y soleados;  el amor acompaña los días de fiesta, entre abrazos de penumbra. La ilusión por viajar juntos. Leer medio Rojo y Negro de Stendhal en un suspiro de dos días. Los dibujos se acaban y cada vez le gustan más. Y no se puede quejar. Las palabras se repiten en su mente: aprovecha esto que tienes, haz algo con ello. Y no busques la justicia en el mundo. Y deja de pensar en lo que no tienes, parte de tu ahora. No seas tan dura y perdónate. Y es una mezcla de tantas cosas... sonrisas de los alumnos,  complicidad en las bromas, gustos comunes compartidos: "¿Has visto el último de juego de tronos?". Amigas tan preciosas, especiales y humildes, y aquí está, con un presente prometedor y vivo entre las manos; tanto que se le escurre. Aunque el porvenir no se vislumbre, y sea como nubes extrañas desde el horizonte.

martes, 14 de junio de 2016
"A medida que avanzaba en estas reflexiones, más iba haciéndome a la idea de aceptar su amor así, sin condiciones y más me iba aterrorizando la idea de quedarme sin nada, absolutamente nada. Y de ese terror fue naciendo y creciendo una modestia como sólo pueden tener los seres que no pueden elegir. Finalmente, empezó a poseerme una desbordante alegría, al darme cuenta de que nada se había perdido y que podía empezar, a partir de ese instante de lucidez, una nueva vida."


 "Existe cierto tipo de ficciones mediante las cuales el autor intenta liberarse de una obsesión que no resulta clara ni para él mismo. Para bien y para mal, son las únicas que puedo escribir. Más, todavía, son las incomprensibles historias que me vi forjado a escribir desde que era un adolescente. Por ventura fui parco en su publicación, y recién en 1948 me decidí a publicar una de ellas: El Túnel. En los trece años que transcurrieron luego, seguí explorando ese oscuro laberinto que conduce al secreto central de nuestra vida. Una y otra vez, traté de expresar el resultado de mis búsquedas, hasta que desalentado por los pobres resultados terminaba por destruir los manuscritos. Ahora, algunos amigos que los leyeron me han inducido a su publicación. A todos ellos quiero expresarles aquí mi reconocimiento por esa fe y esa confianza que, por desdicha, yo nunca he tenido."

Mi padre escuchaba Ludovico, sentado a mi lado, en silencio. Sólo hablaba para comentarme que esa canción, Life, era como una pintura, que tenía manchas o brochetazos más fuertes a veces, pero que en general era apacible y tranquila, pero con un halo de tristeza. En cambio con Primavera me dijo que podía ver el mar, que le transportaba directamente allí, sosegado y en calma. Y pensé en la ironía de buscar siempre fuera lo que no hallo dentro. Pensé también en la ironía de ser mi padre una persona sin pretensiones y con las palabras justas y exactas para definir lo que yo sólo sé sentir, y no expresar. Las veces que echo de menos el silencio y él sabe hablar en el momento preciso, sin pedantería. Eso es lo que quiero. Naturalidad, sensibilidad y sencillez.
 Se quedó silencioso, a mi lado, porque sabía que yo no me encontraba bien, que estaba nerviosa, en guerra, y quería conseguir tranquilizarme permaneciendo a mi lado. Aunque es una persona pragmática, tan pragmática que asusta tanto como admira, a su manera siempre consigue paliar el malestar y ayudarme.
Yo nunca seré como él. Soy un mar embravecido que no entiende las vicisitudes y se indigna. Un estallido de pasiones que no encuentra su lugar. En cambio me dicen que mi rabia denota una fuerza inmensa que se ve inhibida o filtrada a través de esa ira, y será que sólo sé sacarla a través de la frustración y la impotencia. Y la paradoja, mi paradoja, es que los ojos que descubren, que ven más allá, son los mismos que soportan esa rabia contra ellos.
Me hallo en un universo donde compito con fantasmas, donde siento que estoy fuera, no pertenezco a ningún lugar, donde siento que no puedo participar porque mi identidad no se define, porque las mismas emociones que debieran hacer fluir y crear belleza son las que de momento me lo impiden, pero quiero creerte, quiero estar por encima de mí, de la propia trampa de mi pensamiento, de la trama del lenguaje cíclico y repetitivo y creer en lo que me dice Ernesto Sábato y lo que me dices tú, claro que no, claro que no necesito ser de otra forma, ni ser otra persona, ni florecer de otro modo ni llegar a tiempo a mi feliz no cumpleaños.
Y me acabo riendo porque mi prisma dista del tuyo y me rindo ante la evidencia de que no pasa nada, no puede pasar nada y el universo sigue girando, aunque yo siento que todo explota, que nunca encontraré lo que ando buscando, y me sereno leyendo el túnel, intentando imaginar si esos sentimientos se asemejan a los tuyos, si de verdad mi trampa es sólo mental, porque eres capaz de verme y quiero terminar la tortura inmerecida, dejar de ser una yonki de la comparación y dejar de habitar el silencio ensordecedor para comenzar por un silencio pulcro sin juicios donde pueda dejarme salir. Conseguir acallar mi dragón, dominar esa pasión, cambiarla por otras, por muchas otras. Porque voy a decirlo todo aceptando el riesgo de tenerme que aceptar.

"El calor es insoportable pesado. La luna, casi llena, está rodeada de un halo amarillento como de pus. El aire está cargado de electricidad y no se mueve ni una hoja: todo anuncia la tormenta. Alejandra da vueltas y vueltas en la cama, desnuda y sofocada, tensa por el calor, la electricidad y el odio. La luz de la luna es tan intensa que en el cuarto todo es visible. Alejandra se acerca a la ventana y mira la hora en su relojito: las dos y media. Entonces mira hacia afuera: el campo aparece iluminado como en una escenografía nocturna de teatro; el monte inmóvil y silencioso parece encerrar grandes secretos; el aire está impregnado de un perfume casi insoportable de jazmines y magnolias. Los 'perros están inquietos, ladran intermitentemente sus respuestas se alejan y vuelven a acercarse, en flujos y reflujos.  
 Hay algo malsano en aquella luz amarillenta y pesada, algo como radiactivo y perverso. Alejandra tiene dificultad en respirar y siente que el cuarto la agobia. Entonces, en un impulso irresistible, se echa descolgándose por la ventana. Camina por el césped del parque y el Milord la siente y le mueve la cola. Siente en la planta de sus pies el contacto húmedo y áspero-suave del césped. Se aleja hacia el lado del monte, y cuando está lejos de la casa, se echa sobre la hierba, abriendo todo lo que puede sus brazos y sus piernas. La luna le da de pleno sobre su cuerpo desnudo y siente su piel estremecida por la hierba. Así permanece largo tiempo: está como borracha y no tiene ninguna idea precisa en la mente. Siente arder su cuerpo y pasa sus manos a lo largo de sus flancos, sus muslos, su vientre. Al rozarse apenas con las yemas sus pechos siente que toda su piel se eriza y se estremece como la piel de los gatos.
La tormenta que se anunciaba desde el día anterior se ha ido cargando durante la jornada: el aire se ha ido convirtiendo en un fluido pesado y pegajoso, nubes enormes han ido surgiendo durante la mañana hacia la región del oeste y, durante la siesta, como de un gigantesco y silencioso hervidero han ido cubriendo todo el cielo. Tirada a la sombra de unos pinos, sudorosa e inquieta, Alejandra siente cómo la atmósfera se está cargando minuto a minuto con la electricidad que precede a las grandes tempestades.
La poseía una energía atroz y sentía a la vez una mezcla de fuerza cósmica, de odio y de indecible tristeza. Riéndose y llorando, abriendo los brazos, con esa teatralidad que tenemos cuando adolescentes, gritó repetidas veces hacia arriba, desafiando a Dios que la aniquilase con sus rayos, si existía. 
Alejandra mira su cuerpo desnudo, huyendo a toda carrera, iluminado fragmentariamente por los relámpagos; grotesco y conmovedor, piensa que nunca más lo volverá a ver. El rugido del mar y de la tempestad parecen pronunciar sobre ellaoscuras y temibles amenazas de la Divinidad.
No, tampoco Martín veía claro, y en verdad nunca pudo explicarse ni la forma ni el desarrollo de aquel progreso, aunque cada vez más se sentía inclinado a suponer que Alejandra nunca salió completamente del caos en que vivía antes de conocerlo, aunque llegara a tener momentos de calma; pero aquellas fuerzas tenebrosas que trabajaban en su interior no la habían abandonado nunca, hasta que estallaron de nuevo y con toda su furiahacia el final. Como si al agotarse su capacidad de lucha y al comprender su fracaso, su desesperación hubiese resurgido con redoblada violencia."

jueves, 16 de junio de 2016
En esta huida interior, en esta pérdida, en este furor, procuro serte fiel, pero sólo cuando duermo, cuando me acerco, y siento esa paz que me transmiten mis raíces, la frescura que respiro y la suavidad en la emoción. Mi propia semilla me alimenta, palpitando cerca, y dentro de mi laberinto estallo y me tranquilizo. Te escucho, por una vez te escucho, quiero permanecer de tu lado, hacer cada dia más fuerte este lazo, que esas voces dejen de ser agujas que se me clavan y cambiarlas por este nudo que se forma en mi garganta cuando sé que ha llegado el momento de decir basta.
Y leo y leo buscando, buscando, esa parte de mí que añoro y de la que me alejo a la vez, porque miro hacia otro lado.

jueves, 7 de julio de 2016
Puede que un día logre entender que, como decía la Maga en Rayuela, era necesario que yo fuera como soy. Ahora que miro atrás, que me encuentro en plena calma, miro con serenidad mi porvenir y sólo siento algo de nostalgia. Y un poco de tristeza. Porque no quise fracasar. Intento perdonarme y perdonar; entender el miedo que a veces me invade y la esencia que late detrás de cada gesto que no has visto, de cada espontaneidad que te ha faltado; no me he movido como pez en el agua, nunca he sentido que ese fuese mi lugar; era como estar ahí de prestado. Como si tuviese que dar las gracias por participar. y siempre tuviese que llevar cuidado, agarrarme sólo de vez en cuando. Mis expectativas se inventan las tuyas, les ponen forma y color y me las creo de verdad; me convenzo de que no las cumplo, que nunca podré estar en el podium reservado para las personas que son como tú. Pero sé que no. Sé que las imposiciones me las coloco yo y sólo debería dejarme arrastrar.
Pero es tan difícil dejarse llevar en tu hogar. Y sería tan sencillo si pudiera hacer una vida contigo. Sentir la pertenencia, la identificación; la aceptación y que me puedo relajar y no tener que hacer un examen continuo y constante. Que todo fluyese. Pero no lo hace. No desato en ti ese ardor, no desatas en mí obligarte a sacarlo. No estoy dispuesta a tener que hacerlo. Que no te baste con lo que soy. Tener que estar encerrada entre cuatro paredes viendo cómo cualquier cosa es más interesante que yo. Y creo que esta vez, por fin, voy a elegirme a mí. Siento como una anestesia que inhibe mis emociones hacia ti; ni tan siquiera echo de menos tu cuerpo ya. Quiero comulgar conmigo. Serme fiel desde un principio. No acallar las cosas que no me convencen para que algo funcione. Dejar el romanticismo a un lado y aplicarlo sólo al teclado y al arte. Hasta que llegue algo, o alguien, que merezca que lo saque. Que no tenga que esforzarme.
Y no quiero ser cobarde. Ni quiero que me olvides. Me encantaría saber que de verdad me quieres y no quieres perderme. Pero no confío y de todas formas ya no me sirve. Es tarde. Y me elijo a mí.
Abro dentro de dos horas
y tú has llegado tardísimo
así no hay quien te espere

martes, 12 de julio de 2016
Ella llegó empañando con su presencia toda la estancia. No sabía qué querría de mí. Me mantuve al margen durante tanto tiempo que cuando quise reaccionar, era tarde. O eso creía yo.
¿Por qué las esencias pueden dormir durante tanto tiempo? Eso me gustaría saber a mí.
Porque ahora tenía que lidiar con ella, aceptarla sin conocerla. Despertarla. Esperar a que me perdonara. Esforzarme en hablar con ella. Acercarme sigilosa, tímida; ella olía mi desconfianza. Por eso no quería que me acercara.
Me dijo que había estado aguardando en cada rincón, en cada película, en cada emoción que no dejé manifestarse. Mirándome y viendo cómo yo no me daba cuenta; queriendo participar y jugar, sin poder hacerlo. Y ahora tenía que luchar porque quisiera quedarse conmigo. Y prometer no volver a mirar más hacia fuera. Quedarnos dentro y obligarme a abrir esa puerta tanto tiempo cerrada.

lunes, 5 de septiembre de 2016
Los días ahora son más largos pero más auténticos, y la vida que palpita desde dentro hace que me angustie. Me gustaría poder decir que no añoro nada, que no hacía falta encontrar este abismo que llevo dentro y poder compartirlo; que no hacía falta haber ido cada noche al bukowski club, mirarte desde la penumbra, desde el humo que vamos inhalando, y poder contarte en persona que estudio y leo y leo y estudio y de repente me doy cuenta de que para mí es poco y me gustaría que el día tuviese cincuenta horas, para poder terminarme el castillo de K y las mil mesetas y poder confesarte que no tengo lenguaje para describirlo; que a veces me siento tonta mientras leo, pero también mientras te miro, pero jamás me atreví a decírtelo.
Tú y yo en El perro azul, ¿por qué no? sentir que estamos formando la historia, nuestra historia, y no en cambio que el tiempo se nos escurre y cada uno mira hacia otro lado; yo con mi nudo en la garganta y tú con tu garganta interminable que me enmudece. Me hubiese gustado no tener nunca la sensación de que has sido feliz en otro momento y que nunca has estado realmente aquí. Y me hubiese gustado más no cuestionarme a mí, ser firme en la certeza de que no hay nada que no puedas encontrar en mí.
Intento hermanarme con ésta, mi vida; lucho por despertarme y dar cada día un poco más de lo que soy capaz, de no rendirme ante la angustia que siento porque me dan miedo las noches, y me asustan las mañanas. Procuro prendarme cada día del Destino que inventaron los griegos y quiero creer que del universo a mi casa hay una línea recta y que puedo tocarlo a través de los libros que leo, en mi voluntad de no rendirme. Llega la noche y sonrío, sonrío y sé que me miran, incluso me cogen del brazo para que no me vaya, pero yo me suelto, y sigo sonriendo. Y me envuelve la fuerza de lo que jamás pude darte a ti, se ha quedado conmigo y se convierte en un aura que me protege, que me embellece, porque Chronos ya no me da miedo, pero no sé cuánto durará este nudo en la garganta y tengo miedo de esperar sin darme cuenta que un día vengas para quedarte.

viernes, 23 de septiembre de 2016
Su perfil me llega de lejos, es como un faro luminoso que de alguna forma me acompaña, como una arborescencia que me roza,, y puede que con ella además se encuentren las pequeñas luces, los devenires que me envuelven sin pedir nada a cambio. Puede que Aristóteles tenga razón, que Epicuro tenga razón, y todo lo que necesito está ya a mi alcance. Me gusta tener sueños en los que puedo ver la vida de mi abuela de cerca, como cuando quisiera acercarme a la parte alta de la catedral y verlo todo con más nitidez. Me gusta inventarme una vida que ella no tuvo, pero de repente me siento en comunión entre lo que podría haber sido, y por qué mi mente me enseña fotos antiguas de personas que no existen y que, me dice, formaron parte de su vida.

sábado, 24 de septiembre de 2016
A veces pisas el suelo y el corazón se te encoge; no ves ni respiras con serenidad, el mundo se vuelve una amenaza y lo desarmónico se vuelve tu compañía eterna. Estás rodeado de tanta gente que no te dice nada, y crees que tal vez eres tú quien está de más; quien no sabe mirar porque te falta ese toque que no sabes cuál es, y sin conocerlo, lo añoras. Y de repente te das cuenta de cuán absurdo es seguir en el mínimo espacio asfixiante que has dado por real, por destino único, por inevitabilidad. Y al final explotas,estallas en mil pedazos, te desnudas con una de esas personas que parecían ser una amenaza y por poco te pones a llorar de moco tendido de la emoción, entre toda esa gente y esa música ensordecedora.

sábado, 8 de octubre de 2016
Pues sí, tengo que metérmelo en la cabeza de una puñetera vez, y por eso me siento ante este teclado y hago esto que normalmente haría si de alguna forma no me autobloqueara. Leo y leo y sé que Sócrates tiene razón, y la única manera que tengo de poder poner orden en esta cabecita que tengo es como decía la Maga, ordenarme como un cajón, asentar mis creencias y llevarlas a cabo en mi vida. Empecé el día corriendo, llegué donde debía ir y una vez más oí lo mismo pero esta vez lo escuché de verdad, porque he de creer y ponerme esa disciplina, evitar autoboicotearme y gritar. Después recuperé parte de la fe que había perdido, el desánimo y las pasiones tristes quedaron a un lado en medio del estrés que me producía verme de nuevo como hace ya ocho años, en un ambiente que, pensé, sería inhóspito y desconfiado. Pero voy a apostar por ti. Porque he de apostar por mí, esta vez sí. Más tarde fui a zalacaín, me embriagué en apenas cinco minutos y me vi rodeada de la familiaridad de la amistad antigua, y corriendo fuimos a ver Invencible, esa obra de gente famosa que yo pensé que sería comercial y que no me aportaría probablemente nada. Pero en su lugar encontré una representación que me mantuvo atenta, divertida y conmovida de principio a fin. Me encantó la manera de humanizar a los personajes y sentí que yo era uno de ellos, uno de esos raros inadaptados que tal vez se han equivocado, que se consideran mejores pero en el fondo no lo son. Dos parejas contrapuestas, una representando la cultura, la civilización, gente de izquieras con una moral asentada en la crítica al capitalismo y lo que produce; perfectamente plasmado en Maribel Verdú. Después, la pareja que se diría garrula, cuyo tema de conversación gira en torno al fútbol. Divertida contraposición, nada denso ni difícil de seguir; y cada uno con su tragedia personal, hasta que éstas se ven de frente, contrapuestas, y es entonces cuando llega el dilema. ¿Por qué la pareja primera es moralmente superior? ¿Son peores aquellos por pensar lo que piensan cuando su vida no le ha dado la oportunidad de optar al pensamiento crítico, porque sólo han podido sobrevivir con lo que tenían? Ellos mismos reconocen que no. Y ninguno es realmente feliz. 

Pienso que soy una persona que necesita plantearse continuamente el mundo, no hice filosofía con la finalidad de ser profesora, lo hice para buscarme a mí misma, como un cuidado de mí, la epimeleia. Nada me despertó realmente hasta que llegué al instituto  y vi cómo eran mis profesoras de ética y filosofía. Ellas despertaron con más fuerza en mí la curiosidad y el compromiso con la vida y la política. Es lo que yo quisiera despertar en los alumnos, para que ellos sientan entusiasmo y dejar una huella en su educación. Porque estamos comprometidos con el mundo, y no podemos ser meros autómatas ante las cosas que ocurren, y dejarnos llevar por la corriente, que es lo que normalmente observo y me frustra. Me gusta plantear interrogantes en clase, ponerles dilemas morales. La filosofía para mí no es un ejercicio intelectual fuera del mundo, es una forma de vida, y cuando yo la descubrí, a pesar de todas las dudas que he tenido por el camino, ya nunca me ha abandonado. He tenido dudas en cuanto a las salidas laborales que me ha proporcionado, me he sentido sin una utilidad real social, he sentido que el ejercicio filosófico en sí escapaba a mi capacidad discursiva real, hasta he dudado de si debí haberme dedicado a otras cosas, porque también hay otras disciplinas que me han llamado, como el arte, el teatro, la poesía, la psicología, etc, y durante un tiempo pensé que la filosofía no respondería a mis verdaderas y que, incluso, lo que hacía era complicar mi camino entre tanta duda, pues de por sí soy una persona que duda bastante y al final mi camino se dispersa y he pensado si no sería mejor ser más simple. Incluso creí que mi mente cada vez se alejaba más de mis emociones porque las rechazaba. Los prejuicios de la filosofía con la psicología también me molestaban porque era mi otra opción de estudio en su día. Como decía, al disfrutar también de otras disciplinas, y también por necesitar una reciprocidad en mis clases (no creo en las clases magistrales, aunque puede que en parte sea también porque no me veo aún con la sabiduría suficiente para poder hacer eso) lo que hacía era integrar en ellas el teatro, leíamos obras de teatro en clase (las moscas de sartre, historia del zoo de albee) para poder plantear temas éticos, así como capítulos de controvertidas series como black mirror, y películas como Her, que muestran un futuro completamente tecnificado. Me encanta ser una profesora dinámica y sentir que ellos disfrutan en mis clases, que ese día yo he aportado algo en sus vidas que les servirá (o no) en el futuro. No soy de contar chistes pero sí de bromear y de intentar que todo sea divertido. A veces he sentido que no consigo empatizar del todo con algunos alumnos, los que de alguna forma me han desafiado, claro; de alguna forma es posible que me sintiera amenazada y automáticamente en ocasiones me he puesto a la defensiva, porque no soporto la mala educación gratuita y la negatividad sistemática ante cualquier tema o actividad que propongo. supongo que por el hecho de que yo procuro ir siempre con la mejor intención y me ha dolido que no se valore, así que he de aprender a gestionar eso, tanto como el hecho de ponerme dura cuando he de hacerlo. A veces huyo del conflicto y he consentido actitudes o le he restado importancia cuando en realidad me hacía sentir mal. Por lo que he de trabajar la firmeza. A veces me he preguntado si realmente merece la pena ser profesora, cuando he visto que incluso en el ámbito del profesorado la filosofía no se valora, pues en más de una ocasión (yo sólo he trabajado en centros concertados) el pensamiento empresarial de esos centros ha optado por dejarme fuera y poner a otro profesor cuya especialidad era otra a dar mis asignaturas para ahorrar el irrisorio sueldo que ganaba yo, por mis escasas horas de filosofía. He sentido que esa no era la vida auténtica de la que tanto hablaron Sartre y Kierkegaard. Dada la fama de la filosofía entre los jóvenes (y algunos de los no tan jóvenes) y su predisposición a ella, me he esforzado constantemente por hacer de ella una asignatura bella divertida e interesante, usando para ello a menudo el recurso del diálogo y, como ya dije antes, el cine, el teatro y las series. Sin ir más lejos, si no me hubiese quedado en paro, me hubiese encantado ponerles a mis alumnos (o mandárselo como "deberes") ver la serie Merlí, de un profesor de filosofía, donde se mezcla ésta con la vida y visión de los adolescentes, y su profesor. En definitiva, me considero una persona bastante sensible, inquieta y curiosa. Con mucho que explorar y aprender todavía.

lunes, 10 de octubre de 2016

lunes, 10 de octubre de 2016  
Y sólo tengo que atreverme,
conmoverme contigo me lleva, me envuelve
y pienso que nunca he estado tan cerca,
en ese espejo
que tantas veces he roto
pero llegas tú
y leo y leo tus poemas
y se me abre una puerta
descolgada, en ruinas. 
Hoy es un día de esos
en los que la conciencia grita y grita
en medio de mi lectura compulsiva
de mi búsqueda impermeable
y me siento cobarde
porque no quiero indagar
sigo y sigo la corriente del tiempo
tengo tanto que decir
y prefiero mirarte en silencio
dejarme arrastrar por esto que no me convence
Y los pocos momentos en que te hablo en susurros
y por una vez te digo la verdad
entonces eres tan tierno, estás tan ahí
que dejo que me arrastre
esta corriente de silencio 
A veces miro atrás
y sigo tan en guardia, tan en lucha
entre fantasmas
que prefiero no expresarlo
prefiero no manchar
el nombre de un poema
en medio de la desazón
pero entonces recuerdo
y me esfuerzo por recordar
que la única manera de aplacar
es al estilo lacaniano
atravesar el fantasma,
abrazarlo y hacerlo mío
para poder decirle
adiós
y
me quedo conmigo

Hoy no me he hecho justicia
diké como decía Anaximandro
me quedé con la adikía, lo contrario
Hoy me he sido infiel
al no seguir mis propias plegarias
de mañana lo hago, mañana lo haré
pero en medio de este letargo
estoy más cerca que nunca,
me he reconciliado
con ese temor y temblor
tan kierkegaardiano
y sí, es posible
en el fondo me pesa la culpa cristiana
por más que busque
el lado neutro
donde las voces no son tan oscuras
donde, por fin, dejo salir a borbotones
sin tanto titubeo,
sin tanto bloqueo
porque Joseda y Henry Miller tienen razón
escribir
es una forma de vida
y yo
con tanto silencio
me estaba consumiendo a mí misma

martes, 11 de octubre de 2016
Y es que a veces
tengo que salir corriendo
que no me alcance
el miedo
miedo a andar por el sitio equivocado
miedo a sentirme vulnerable
donde no debería
por quien no debería
miedo a no pertenecer
a ninguna parte
y si destapase este miedo
si me dejase arrastrar por la ira
ni yo me reconocería
y por eso prefiero
irme corriendo
con mi miedo
que al menos él
ya me conoce
ya me consuela
y no me juzga
cuando salgo corriendo

Me entristece tanto
esta impotencia
de no saber cómo
de no saber qué
de no entender ni yo
por qué te sigo
por qué me sigues
no me miras
y no te miro
porque ninguno se atreve
a decir adiós
ni a cambiar el rumbo
a enfrentar la vida
y entonces yo sigo
sola mi camino
y a veces
contigo
sin esperanza
sin sentido

parto en dos mi rumbo
a veces sola
y a veces
contigo

No me gustan
las corbatas
las camisas
cuando son caras
no me gustan
los cuerpos
encerrados en la institución
que me ofrecen
seguridad
que trepe
hasta los hombros
no me gusta
esa sensación
y a veces pienso
que ojalá, y, de verdad
ojalá me gustasen
los cocodrilos bordados
tanto como me gustan
las conversaciones sobre orión
en medio de los bares
porque al final
vuelvo sola a casa
y pienso en que
tu belleza insólita
tu pedantería extrema
me han convertido en la presa
que se lanza sobre la fiera
miércoles, 12 de octubre de 2016

Salgo a la calle contigo
que eres mi padre
y nunca me crees cuando te digo
que de verdad, de verdad
mi corazón se encoge
cuando hablas de ti
como un globo
que explotaría
si no tuviera
familia a la que cuidar
y después
en la mesa
te pones a recitar
las coplas a la muerte de su padre
de jorge manrique
y no, no hablas de ellas
como hacemos los demás
tú las recitas de memoria
y no puedes seguir
porque te emocionas
y entonces te miro
y sé que eres
mi persona favorita
y, cuando pasen los años
tal vez tú no estarás
me sentiré tan vacía
sin ti
que no tendré más remedio
que consolarme
con las coplas
a la muerte de su padre

y lloro ya
que todavía te tengo
porque ya sé
la suerte que tengo
y lo poco preparada que estaré
cuando llegue
ese momento
jueves, 13 de octubre de 2016
Los días de lluvia
sin ninguna obligación
preferiría pasarlos
sin recordar
esta mente
que me atormenta
con tu pasado
perfecto
y tu presente
y mi presente
de mierda
y no sé
por qué
te odio a través de
tus recuerdos
e intento entender
de dónde viene
y hacia qué me conduce
para sacarlo de mí
y creo que es
por saber
que mis preguntas
jamás serán
respondidas
y mis anhelos
cada día están más solos
en medio de la crónica
de una muerte
que se anuncia desde el comienzo

y lo que quisiera
cada vez
está más lejos 

Con tu sudadera
y bajo la lluvia
busco razones, motivos
que me llevaron
y que me llevan
de forma
ajada, melancólica
a estar a tu lado
y cada vez
estoy más lejos
de ti
y algo más cerca
de mi centro
como mantener
con un meñique
nuestro lienzo
que un día intenté pintar
a tu gusto
pero que ahora
abandono
entre la pena, la ira
y el recuerdo
domingo, 16 de octubre de 2016

Se acerca el frío
y noto cómo se acerca
el tiempo de recogida
de incertidumbre
sin nada que leer
y mucho que estudiar
en este vaiven
entre tu cama y la mía
los fines de semana
entrelazados
el sí pero no
pero luego recuerdo
tu sonrisa
y olvido las razones
y mientras espero
que mi vida se aclare
no hago más que escribir,
acurrucarme
y pensar
lo diferente que podría ser todo
y cuánto debería de hacer

lunes, 17 de octubre de 2016

Como un marinero
que un día se perdió
en medio del mar
ando buscando mi brújula
podría decirse que soy
una pirada
y que la vida puede ser
una aventura
pero ando con cuidado
atravesando tempestades
temblando por si no sé llevar el mando
justo antes de la ventisca
oyendo voces a lo lejos
sumergiéndome
en el fondo
del mar
y de mis miedos
les doy forma
los coloreo
levanto la vista
de Parménides de Elea
y veo una cara antigua, conocida,
familiar
y me devuelve al mundo
de los arrecifes de coral
el que un día fue niño
y pasaba las tardes conmigo
ahora es un hombre
que me pregunta
qué fue de su identidad
y la brújula vuelve
y mi nudo en la garganta
se va
lunes, 17 de octubre de 2016
Se me desgasta
la voz
el aliento
el corazón
la angustia acude
rauda y veloz
entre los pequeños paseos
de mi casa a la biblioteca
de la biblioteca a mi casa
y mi vida contigo,
la más desgarrada
porque no aprendí
a dejarte ir
y sin ningún aliciente
demasiado silencio
yo
intentando rasgar
y encontrar las razones
para la alegría
más allá
de la juventud
que, temblando, prevalece
de la familia que
a lo lejos se divisa
esforzándome por apreciar
los pequeños placeres
procurando ser estoica
y sentir que
mi fuero interno es
el jardín de Epicuro
y darme tregua
de una vez
Entre sabios antiguos
y música instrumental
procuro encontrar
las cuatro fuentes de la crisálida
hacer mío el sueño de Escipión
el cuidado de sí
que Sócrates susurra
y entro en calor
desde la bruma
de la ventana
el humo del cigarro
que fuma Gardel
tu mirada perdida
y el poso del café 


domingo, 23 de octubre de 2016
En trance
con la diosa
del oráculo de Delfos
en medio de los vapores
me gustaría llegar al epicentro
de mi ser
acercarme
sin que duela
acurrucarme entre los vapores
y no volver a conocer
la frustración
la interrogación
ni decir
con Johnny Cash
I hurt myself today

miércoles, 26 de octubre de 2016
Últimamente
me cuesta demasiado
abrir los ojos
poner un pie en el suelo
y tú
me das los buenos días
cada mañana
y te imagino
antes del amanecer
subiendo la colina
de la alhambra
meditando
delante de tu panteón
poniendo flores
y dejando salir
la angustia
que te da fuerza
para seguir adelante
y yo
partícipe
de tu intimidad
siento que en ti
alberga
la vida 

Hoy
explotaría
en cada esquina
a cada paso
me importaría todo
más bien poco
si tuviera valor
te diría exactamente
lo que quiero
tal como lo imagino
con cada detalle
para jugar
y no te podrías negar
y en su lugar
me siento a escribir
cuánto me gustaría
haber tenido
ese valor
maldito Lacan
maldito subtexto
maldita realidad

jueves, 30 de marzo de 2017
Y me odio. Me odio porque soy un mar que permanece en calma durante demasiado tiempo: tanto que cuando llega la bravura, lo arrasa todo consigo. Pero mi córtex impide que estalle, y sólo lo sé yo, en cada calada de un cigarrillo, en cada exhalación de oxígeno perfumado de primavera. Porque no, algo me impide dar ese salto, porque sé que es mortal. Que el orgullo me impide sincerarme. Porque no acepto el rechazo.  Deseo que adivines que estoy llena de tempestades por dentro. Esas que tampoco a ti te comunico, siempre en calma, con millones de ideas y pensamientos haciendo zig zag en mi mente; sin que lleguen a salir a la superficie, porque ninguno de ellos tiene potestad para hacerlo. Ninguno es firme. Son miles de murmullos, de arrullos que te vienen, mientras los demás simplemente hablan, tú callas, callas y piensas. Y por eso los demás creen que tal vez no tengo nada que decir, que tal vez no soy interesante o no tengo conocimientos respecto a lo que se habla. Porque al ser un mar dormido, guardo todo aquello que aprendo, y hasta lo olvido. Hace tiempo que nada me devuelve la ambrosía, hasta que ha llegado la primavera, en forma de deseo, cuando querría sublimar y hacer Mi Obra. Pienso en sus ojos y me duele. Pienso en su forma de escribir, de arrullarme con cada palabra, y me duele. El deseo es proporcional a la rabia de la lejanía y la indiferencia. Esa suculenta combinación de timidez, orgullo y deseo inoportuno hace que mi vida se base en una sucesión de fracasos continuos. Por no hablar de las relaciones. Es ahí donde llego a dormirme. Es donde comienza el sueño infinito. Porque tardo un abismo en ser consciente de que lo que me está matando es esa falta de dopamina; y antes de contemplar esa posibilidad, contemplo tantas miles absurdas que sólo me hacen daño. Comparaciones ridículas, inseguridades vanas. Y no, no soy yo. Simplemente no es lo que busco. Y necesito dos malditos años para darme cuenta. Y es que ni siquiera se trata de culpas. Se trata de que sé que seguramente, en otro escenario, con otro personaje, me sentiría igual. Y tal vez por eso fantaseo continuamente con ser otra persona. Otro mar. Porque me empeño en creer que la vida de los demás es como una melodía más acompasada; como una historia con un final predestinado, que uno busca porque ya conoce. Mientras yo siento que no dejo de ensayar en una vida que se me escapa. Y se sigue escapando mientras no encuentro el Camino. Por eso hoy me iría corriendo, si pudiera. A buscar un cuento lleno de ventajas. Si me dejara. Si me diese tiempo.

Tras una tormenta de luz, abrumada por una ceguera blanca como al de saramago, no podía caminar. La selva amazónica de las miradas ajenas perpetraba en mí la sensación de que fuera había un mundo hostil del que era mejor refugiarse desde dentro. Siempre preferí la mano amiga, la cara conocida, pero la tormenta continuaba y yo debía obligarme a salir. Recordé su voz al otro lado del teléfono, esa voz sosegada; aquella que no conoce más que el lado bello de la vida y todo lo que produce es de ese lado.Yo sólo deseaba poder entrar en esa mirada y ser partícipe, huyendo así de todo quello que no me gustaba. Él me instaba desde su ingenuidad a abrir esa puerta, que tanto me atraía pero de la que me resistía porque no sabía lo que iba a encontrar dentro.
No puedo decir con exactitud lo que obtuve al abrirla. Pero fui cauta. Me vestí con mis mejores galas, dispuesta a asumir el lado bueno de las cloacas. Y no es casualidad que diga esto, es que el lugar al que llegué era oscuro, maloliente, invadido por risas estridentes y de alcohol barato. Me dolía el pecho, pero me obligué a seguir por ese laberinto. Y sí, era cierto. En él también encontré una mano amiga, mil manos amigas, de esas que vienen aunque no sea para quedarse. Me embebí de una risa contagiosa, de un interés mutuo por compartir mundos para-lelos. Vi a un ser atrayente, vestido de blanco, a lo ibicenco. Y él mismo me dijo que más de una vez le habían llamado Jesucristo. Y claro, ahí se desató mi recuerdo. Ortega y Gasset explicando que las Salomés buscan a un hombre de ideas, un "homo religius". Me convertí en Salomé por una noche, sin quererlo; sin buscarlo. Le expliqué que ella es la presa que se lanza sobre la fiera. E, igual que ella, no pude poseerlo, aunque yo no me quedé con su cabeza. Pero entendí que, en medio de esa tormenta de luces, de sombras y de ideas, ese homo religius no era el fin, ni el final de la historia.  Más bien me dije que fuera hay mil historias que esperan a que yo les de forma; que el ansia que me invade puede abrazar al mundo, a ese mundo inesperado y en ocasiones cruel que hay fuera. Las lágrimas afloran en mis ojos de forma constante; son estos cambios y el puro devenir al que me resisto en forma de erizo. Pero ya no quiero ser un erizo


sábado, 10 de junio de 2017
Hace tiempo
que me puse en manos
del azar
y el tiempo infinito
me busco entre las miradas
antiguas y sabias
los libros que me dan sosiego
las experiencias
que me dan esperanza
y poco a poco
en medio de ese paseo
encuentro esta angustia
como un juego
escucho y me oigo
cambiar el mapa
la óptica que determina
mi antesala
y los días me llevan,
arrastrados por el viento
más serena, más tranquila
avanzo con mi angustia
con una fe que nunca tuve
en el amor fati
Con cansancio y desgana
me esfuerzo por encontrar las palabras
en medio de este vacío tan ensordecedor
de tu ausencia
de mi ausencia
de esta congoja silenciosa
y solitaria
y la paradoja
de sentirme afortunada
No quiero quedarme a solas
porque entonces viene de golpe
todo tu ingrávido peso
y el murmullo
de las erinias
Un nudo se me encoge
en la garganta
quiero huir hacia adelante
que todo sea más sencillo
observar
mi personalidad
convertida en llamas
y acabar de madrugada
en medio de mis propias brasas.
No puedo pedir nada,
no puedo pedirte nada
sólo puedo sentir esta tristeza
de un amor dulce
que nunca llegó a ser del todo
que nunca murió del todo
que ha vivido a la espera
de un mañana mejor
que nunca llegaría
Y quisiera tener la fuerza
que entre los dos nunca tuvimos
ya no sé si para seguir sola mi camino
o para haber podido, contigo y conmigo
La sabia lechuza pulula
a altas horas de la noche
ella quiere que florezca
entre las acacias y las moras
que beba del dulce néctar
de la uva y la juventud
mientras siento
que habito un cuerpo
 que no es mío
y un alma
que no me reconoce
Entre libros y vinos me paseo
entre andares y risas me contemplo
y tu sombra
siempre está conmigo
no quiero que este poema se acabe
porque todavía no concibo
que nos hayamos despedido.

lunes, 10 de julio de 2017
Era una poderosa noche de verano. El aire fresco entraba desde la ventana, haciendo que el pelo mojado tras una ducha refrescante rozara con suavidad su piel. Se sentía bien. El día comenzó tranquilo, meditativo y solitario; pero después la calma se vio vencia por la batalla diaria, sin querer llorar en la consulta pero sin poder evitarlo. Y hete aquí, la vida puede ser una aventura. Con lazos antiguos y música lejana. La voz que escucha, que entiende, que libera. Donde puedes sentirte de nuevo como en casa. Mi casa. Esa casa que poco a poco voy construyendo sin darme cuenta. Con esfuerzo y sudor. Con esta gratitud inmensa que invade el corazón. Volveremos a soñar.

domingo, 16 de julio de 2017
El sueño profundo, reparador; me hacía pasear por vidas extrañas que nada tenían que ver conmigo. Me veía a mí, buceando de noche en el mar, queriendo acercarme cada vez más a alguien que era capaz de ver en la oscuridad del agua. Mi precio a pagar por acercarme demasiado era perder mis propias gafas. Pero conseguía aquella luz que se proyectaba dentro del agua y me permitía ver la espuma que quedaba a ras de la arena, moviéndose en perfecto compás.

martes, 26 de septiembre de 2017
Desoído el arrullo del mar que, cercano, quería avisarle de la pronta tempestad que iría a acecharle.
Era un mar salvaje, del atlántico norte, entre Tarifa y el otro lado del estrecho. Allí el olor era distinto. Los atardeceres, de intensos colores; y no sabía bien lo que andaba buscando allí, perdido como estaba en medio de su propia vorágine.
Desde Francia todo se veía distinto; de allí venía y no quería volver. Marruecos le había hechizado sin atinar a entender por qué; sentía que era allí donde debía estar, embebido del néctar del té ardiendo, rodeado de abejas hambrientas, de las caras desconocidas pero amables, de la belleza extrema del crepúsculo y las mujeres que le miraban con timidez.
Y allí, escribiendo, pensando, tan cercano a la orilla, no se percató de aquella ola que de repente le trajo de vuelta a la vida.


Ejercicio para Fulgencio Moreno Lax, escritura en 5 minutos. 26 de septiembre de 2017.

miércoles, 27 de septiembre de 2017
Sin entender bien lo que hay detrás de tu mirada, camino en medio de una sensación llena de luz, de sosiego, donde puedo hablar sin temor y me veo reflejada en tus ojos. Con tanto miedo a estar actuando, a que todo me lleve al mismo camino de tantos años atrás, y sin embargo quiero seguir caminando, me siento en paz y un poco más pura de este lado; y ni tan siquiera sé si me gustaría que fueras algo más cercano, dar el salto mortal al abismo, que me da demasiado vértigo.  Huyendo del paroxismo y refugiándome en esos ojos que se ocultan tras unas lentes que no hacen diké.
Preferiría que todo me fuese más fácil; no sentir este miedo y que pudiera ser verdad la naturalidad de la que oigo hablar.

jueves, 28 de septiembre de 2017
https://1.bp.blogspot.com/-3zuy0aAz-q8/Wc1MeFJQmnI/AAAAAAAAAuo/442v559e2eQNYM0xeZOfqD7kW7WC2WsaACLcBGAs/s320/dibujo%2BNono.jpg
Veo a Van Gogh, los colores que usaba pintando su habitación, y sus noches estrelladas. Aunque, aquí, curiosamente, hay mariposas, pero no estrellas. Y no sabría decir si es de noche o de día. Veo a Joan Miró, intentando ser críptico; que nadie entienda sus pinturas. y veo a Dalí, en ese surrealismo y lo conceptual que se intuye en la parte sur del dibujo. Pero los colores son cálidos. Como si quien lo ha hecho quisiera, a la vez, mantenerse distante pero cercano.
Literariamente, veo las Noches Blancas de Dostoievsky. Uno podría sentarse en un banco, de noche, por ese paisaje. Quizás es un Destino. Y también la Melancólica muerte de Chico Ostra, en esas creaciones que Tim Burton hacía. Un niño solitario, extraño; lleno de sueños y de anhelos.
Es una imagen amable, pero desconcertante. Se podría dividir en dos partes (o en muchas). En la primera  está el cielo, y no se sabe bien si es de noche o de día. Porque, para más inri, se intuyen dos soles, y una luna. La luna se llama Lucía, el sol se llama Lorenzo (y ésto lo he robado de Lucía y el sexo...)
¿Qué pueden representar dos soles y una luna en un mismo cielo? Probablemente, caben dos soles en una misma vida. Y una sola luna. Podrían ser las tres manifestaciones externas de una misma pasión, que se expresa de distintas maneras.
 Las flores, ¿estarán flotando libremente al viento? ¿son flores rotas, que salen de noche, que pugnan por vivir? Ahora que me fijo más, parece que pertenecían al árbol, y ahora se han convertido en un recuerdo brillante, junto al cielo. La parte de las ideas. Lo que forma parte de lo que somos aunque no podamos tocarlo. Todas las posibilidades a nuestro alcance. La muerte que quiere resarcirse de la vida. El abismo que da vértigo.
Las mariposas revolotean junto a las flores, y unas pocas hojas. Están vivas, pero muy lejos de la tierra. Otra reminiscencia, algo que ya no está, tampoco, cerca.
 Y nos vamos acercando al epicentro. Hay un puente, una barrera. Detrás, el mundo. Los edificios, muy, muy lejanos. La realidad impuesta. Con sus propias nubes y su propio sol. Tal vez es donde nos gustaría llegar. O tal vez es el lugar del que huímos. Es un puente (insisto, una barrera) transparente. Probablemente, por lo frágil.
Y hay una senda, un camino que se entrecruza con esa barrera. La delgada línea entre el subconsciente, el camino elegido, y lo que no queremos que los otros vean.
Hay un pez. Un pez con paraguas. Un pez-lámpara: un Chico-Ostra. Un caparazón. Con una rueda. La parte más volátil, más versátil. La parte que nos mueve... y el árbol que observa ese movimiento. Tiene ojos que juzgan lo que hace el pez con paraguas (perdón, el pez-lámpara) el árbol también se puede mover, porque sus raíces no están bajo tierra. Son más bien patas. Muy sólidas, pero patas. El árbol está desnudo. Sin hojas. Es un árbol de hoja caduca. Preso del devenir del tiempo. De sus raíces salen hojas. De sus raíces sale vida. Es un árbol que no quiere ser árbol. El pez tampoco quiere ser pez. Es un híbrido de muchas cosas.
Y, tras este esfuerzo absurdo, tras este intento torpe, la intuición sólo me dice una cosa: este dibujo es un sueño. Este dibujo es la historia de un sueño que tuviste. Y que crees que, de alguna forma, te define. Y veo una esperanza. Por eso, lo he titulado como una frase de Macbeth: No hay noche tan larga que no termine en día.

lunes, 9 de octubre de 2017
"Nadie se aguanta aquí mucho tiempo; ni siquiera tú y yo; tú que escuchas corderitos en el campo..."

No sé si recuerdas que era así como comenzaba la carta de la Maga a Rocamadour en Rayuela. En ella Cortázar se ponía en la piel de una madre que quería a su hijo, pero ala vez intentaba explicarle lo duro que era el mundo; que incluso ella sería capaz de abandonarle. Abandonarle en nombre de su amor a un hombre, a Horacio.
El amor suele ser sucio, suele estar manchado de mentiras y caretas. Todos intentamos mostrar nuestra mejor cara cuando acabamos de conocer a alguien, ocultando lo que no nos gusta de nosotros o no estamos dispuestos a mostrar, de forma que seguimos con nuestro dolor a cuestas, con historias sin superar, con lecciones que aprender, sin darnos tiempo a poder sanar.
Por eso paramí eras una especie en peligro de extinción. Cuando te conocí enseguida vi la transparencia de tu mirada, la forma tan sutil en que no te atrevías a posar tus ojos en mí; cómo evitabas los míos cuando se cruzaban. Yo no me percaté mucho, acostumbrada como estaba a los que mian de frente, aunque no sepa bien qué se oculta tras esa seguridad.
Es como si todos tuviésemos prisa por llegar a un destino sin plantearnos la forma en que queremos llegar.
Mis defensas se vinieron abajo cuando por fin pude conocerte y supe que estabas ahí, que te costaba tanto hablarme de ti porque lo que me contabas salía directo de tus entrañas, con tal sinceridad que me daba pánico mirarte, tan incómodo como estabas hablándome de tu vida pasada.
Miles de horas juntos, sin que pasara nada. Miles de silencios incómodos, de risas compartidas, de momentos mágicos, de compartir nuestras pasiones, sin llegar a adivinar si realmente estabas ahí, si sentías lo mismo que yo, o seguías tan dolido con el pasado que no te atrevías a estar presente.
Me encantó poder decírtelo. Me encantó romper tus esquemas con una copa de vino en la mano, a las tres de la mañana, sin tener que mirarte a ka cara. Me encantó que, en medio de tu timidez, yo pudiera decirte que estaba tan contenta de haber conocido a alguien como tú; que normalmente los demás van hacia adelante sin mirarse por dentro, pero tú, tú primero querías sanar. A pesar de pasar horas conmigo, en esa contradicción que nos define a nosotros, los humanos.
Entonces, por fin me miraste de verdad. Y ahora no sé qué capítulo vendrá, amparados como estamos en la idea de que esto es auténtico, de que somos los guardianes de la Aletheia.
Me da miedo decepcionarme. Me da miedo volver a equivocarme. Me da miedo que me decepciones. No quiero sembrar en ti la muerte y el gemido. No quiero volverme dependiente de ti para que luego me abandones. Que me abandones como Horacio a la Maga, como la Maga a Rocamadour, como Pizarnik a Cortázar.
Me gustaría tanto empezar de cero, que voy a quedarme sentada, con una copa de vino, esperando que salga el sol de madrugada; sin pensar mucho en lo que pasará mañana.