martes, 14 de junio de 2016

Desde el laberinto

"A medida que avanzaba en estas reflexiones, más iba haciéndome a la idea de aceptar su amor así, sin condiciones y más me iba aterrorizando la idea de quedarme sin nada, absolutamente nada. Y de ese terror fue naciendo y creciendo una modestia como sólo pueden tener los seres que no pueden elegir. Finalmente, empezó a poseerme una desbordante alegría, al darme cuenta de que nada se había perdido y que podía empezar, a partir de ese instante de lucidez, una nueva vida."


 "Existe cierto tipo de ficciones mediante las cuales el autor intenta liberarse de una obsesión que no resulta clara ni para él mismo. Para bien y para mal, son las únicas que puedo escribir. Más, todavía, son las incomprensibles historias que me vi forjado a escribir desde que era un adolescente. Por ventura fui parco en su publicación, y recién en 1948 me decidí a publicar una de ellas: El Túnel. En los trece años que transcurrieron luego, seguí explorando ese oscuro laberinto que conduce al secreto central de nuestra vida. Una y otra vez, traté de expresar el resultado de mis búsquedas, hasta que desalentado por los pobres resultados terminaba por destruir los manuscritos. Ahora, algunos amigos que los leyeron me han inducido a su publicación. A todos ellos quiero expresarles aquí mi reconocimiento por esa fe y esa confianza que, por desdicha, yo nunca he tenido."


Mi padre escuchaba Ludovico, sentado a mi lado, en silencio. Sólo hablaba para comentarme que esa canción, Life, era como una pintura, que tenía manchas o brochetazos más fuertes a veces, pero que en general era apacible y tranquila, pero con un halo de tristeza. En cambio con Primavera me dijo que podía ver el mar, que le transportaba directamente allí, sosegado y en calma. Y pensé en la ironía de buscar siempre fuera lo que no hallo dentro. Pensé también en la ironía de ser mi padre una persona sin pretensiones y con las palabras justas y exactas para definir lo que yo sólo sé sentir, y no expresar. Las veces que echo de menos el silencio y él sabe hablar en el momento preciso, sin pedantería. Eso es lo que quiero. Naturalidad, sensibilidad y sencillez.
 Se quedó silencioso, a mi lado, porque sabía que yo no me encontraba bien, que estaba nerviosa, en guerra, y quería conseguir tranquilizarme permaneciendo a mi lado. Aunque es una persona pragmática, tan pragmática que asusta tanto como admira, a su manera siempre consigue paliar el malestar y ayudarme.
Yo nunca seré como él. Soy un mar embravecido que no entiende las vicisitudes y se indigna. Un estallido de pasiones que no encuentra su lugar. En cambio me dicen que mi rabia denota una fuerza inmensa que se ve inhibida o filtrada a través de esa ira, y será que sólo sé sacarla a través de la frustración y la impotencia. Y la paradoja, mi paradoja, es que los ojos que descubren, que ven más allá, son los mismos que soportan esa rabia contra ellos.
Me hallo en un universo donde compito con fantasmas, donde siento que estoy fuera, no pertenezco a ningún lugar, donde siento que no puedo participar porque mi identidad no se define, porque las mismas emociones que debieran hacer fluir y crear belleza son las que de momento me lo impiden, pero quiero creerte, quiero estar por encima de mí, de la propia trampa de mi pensamiento, de la trama del lenguaje cíclico y repetitivo y creer en lo que me dice Ernesto Sábato y lo que me dices tú, claro que no, claro que no necesito ser de otra forma, ni ser otra persona, ni florecer de otro modo ni llegar a tiempo a mi feliz no cumpleaños.
Y me acabo riendo porque mi prisma dista del tuyo y me rindo ante la evidencia de que no pasa nada, no puede pasar nada y el universo sigue girando, aunque yo siento que todo explota, que nunca encontraré lo que ando buscando, y me sereno leyendo el túnel, intentando imaginar si esos sentimientos se asemejan a los tuyos, si de verdad mi trampa es sólo mental, porque eres capaz de verme y quiero terminar la tortura inmerecida, dejar de ser una yonki de la comparación y dejar de habitar el silencio ensordecedor para comenzar por un silencio pulcro sin juicios donde pueda dejarme salir. Conseguir acallar mi dragón, dominar esa pasión, cambiarla por otras, por muchas otras. Porque voy a decirlo todo aceptando el riesgo de tenerme que aceptar.

"El calor es insoportable pesado. La luna, casi llena, está rodeada de un halo amarillento como de pus. El aire está cargado de electricidad y no se mueve ni una hoja: todo anuncia la tormenta. Alejandra da vueltas y vueltas en la cama, desnuda y sofocada, tensa por el calor, la electricidad y el odio. La luz de la luna es tan intensa que en el cuarto todo es visible. Alejandra se acerca a la ventana y mira la hora en su relojito: las dos y media. Entonces mira hacia afuera: el campo aparece iluminado como en una escenografía nocturna de teatro; el monte inmóvil y silencioso parece encerrar grandes secretos; el aire está impregnado de un perfume casi insoportable de jazmines y magnolias. Los 'perros están inquietos, ladran intermitentemente sus respuestas se alejan y vuelven a acercarse, en flujos y reflujos.  
 Hay algo malsano en aquella luz amarillenta y pesada, algo como radiactivo y perverso. Alejandra tiene dificultad en respirar y siente que el cuarto la agobia. Entonces, en un impulso irresistible, se echa descolgándose por la ventana. Camina por el césped del parque y el Milord la siente y le mueve la cola. Siente en la planta de sus pies el contacto húmedo y áspero-suave del césped. Se aleja hacia el lado del monte, y cuando está lejos de la casa, se echa sobre la hierba, abriendo todo lo que puede sus brazos y sus piernas. La luna le da de pleno sobre su cuerpo desnudo y siente su piel estremecida por la hierba. Así permanece largo tiempo: está como borracha y no tiene ninguna idea precisa en la mente. Siente arder su cuerpo y pasa sus manos a lo largo de sus flancos, sus muslos, su vientre. Al rozarse apenas con las yemas sus pechos siente que toda su piel se eriza y se estremece como la piel de los gatos.
La tormenta que se anunciaba desde el día anterior se ha ido cargando durante la jornada: el aire se ha ido convirtiendo en un fluido pesado y pegajoso, nubes enormes han ido surgiendo durante la mañana hacia la región del oeste y, durante la siesta, como de un gigantesco y silencioso hervidero han ido cubriendo todo el cielo. Tirada a la sombra de unos pinos, sudorosa e inquieta, Alejandra siente cómo la atmósfera se está cargando minuto a minuto con la electricidad que precede a las grandes tempestades.
La poseía una energía atroz y sentía a la vez una mezcla de fuerza cósmica, de odio y de indecible tristeza. Riéndose y llorando, abriendo los brazos, con esa teatralidad que tenemos cuando adolescentes, gritó repetidas veces hacia arriba, desafiando a Dios que la aniquilase con sus rayos, si existía.
Alejandra mira su cuerpo desnudo, huyendo a toda carrera, iluminado fragmentariamente por los relámpagos; grotesco y conmovedor, piensa que nunca más lo volverá a ver. El rugido del mar y de la tempestad parecen pronunciar sobre ellaoscuras y temibles amenazas de la Divinidad.
No, tampoco Martín veía claro, y en verdad nunca pudo explicarse ni la forma ni el desarrollo de aquel progreso, aunque cada vez más se sentía inclinado a suponer que Alejandra nunca salió completamente del caos en que vivía antes de conocerlo, aunque llegara a tener momentos de calma; pero aquellas fuerzas tenebrosas que trabajaban en su interior no la habían abandonado nunca, hasta que estallaron de nuevo y con toda su furiahacia el final. Como si al agotarse su capacidad de lucha y al comprender su fracaso, su desesperación hubiese resurgido con redoblada violencia."