sábado, 8 de octubre de 2016

Invencible como yo

Pues sí, tengo que metérmelo en la cabeza de una puñetera vez, y por eso me siento ante este teclado y hago esto que normalmente haría si de alguna forma no me autobloqueara. Leo y leo y sé que Sócrates tiene razón, y la única manera que tengo de poder poner orden en esta cabecita que tengo es como decía la Maga, ordenarme como un cajón, asentar mis creencias y llevarlas a cabo en mi vida. Empecé el día corriendo, llegué donde debía ir y una vez más oí lo mismo pero esta vez lo escuché de verdad, porque he de creer y ponerme esa disciplina, evitar autoboicotearme y gritar. Después recuperé parte de la fe que había perdido, el desánimo y las pasiones tristes quedaron a un lado en medio del estrés que me producía verme de nuevo como hace ya ocho años, en un ambiente que, pensé, sería inhóspito y desconfiado. Pero voy a apostar por ti. Porque he de apostar por mí, esta vez sí. Más tarde fui a zalacaín, me embriagué en apenas cinco minutos y me vi rodeada de la familiaridad de la amistad antigua, y corriendo fuimos a ver Invencible, esa obra de gente famosa que yo pensé que sería comercial y que no me aportaría probablemente nada. Pero en su lugar encontré una representación que me mantuvo atenta, divertida y conmovida de principio a fin. Me encantó la manera de humanizar a los personajes y sentí que yo era uno de ellos, uno de esos raros inadaptados que tal vez se han equivocado, que se consideran mejores pero en el fondo no lo son. Dos parejas contrapuestas, una representando la cultura, la civilización, gente de izquieras con una moral asentada en la crítica al capitalismo y lo que produce; perfectamente plasmado en Maribel Verdú. Después, la pareja que se diría garrula, cuyo tema de conversación gira en torno al fútbol. Divertida contraposición, nada denso ni difícil de seguir; y cada uno con su tragedia personal, hasta que éstas se ven de frente, contrapuestas, y es entonces cuando llega el dilema. ¿Por qué la pareja primera es moralmente superior? ¿Son peores aquellos por pensar lo que piensan cuando su vida no le ha dado la oportunidad de optar al pensamiento crítico, porque sólo han podido sobrevivir con lo que tenían? Ellos mismos reconocen que no. Y ninguno es realmente feliz. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario